domingo, 22 de agosto de 2010

Vacaciones

VACACIONES 2010


Binibequer, Menorca
Cambiar el paisaje exterior ayuda un poco a cambiar el paisaje interior. Sobre todo si ese paisaje nos transforma la rutina diaria. No más encender el ordenador, revisar tareas por hacer, ver los mismos programas, descansar en el mismo sofá, o la misma cama, a las mismas horas... que cambiamos por: qué vamos a hacer hoy, qué autobús hay que coger, llevo la crema protectora, la cámara, dónde cenamos... En gran medida somos lo que pensamos, pero qué duda cabe que las impresiones del exterior se introducen en nuestra mente y ayudan a reconducir nuestros pensamientos y, en gran medida, nuestras acciones. Y buscando nuevas impresiones cambiamos nuestras acciones, obligándonos a pensar en otras cosas.

 Pero, dejando al margen el cambio de rutinas, revisando las fotos me ha dado por meditar sobre otros aspectos: cómo afectan esos paisajes a las emociones. Lo primero que me viene a la mente es la LUZ. Prescindiendo de la actividad, la compañía o las apetencias de cada momento, en un mero instante contemplativo, el estar inmerso en una luz u otra filtra, matiza y tornasola nuestro estado de ánimo. La intensa luz mediterránea traspasando unas aguas turquesas, explotando contra una sucesión ininterrumpida de paredes blancas, genera una sensación de efervescencia vital y apabulla el ánimo de forma muy distinta a la de un atardecer atlántico, donde la luz se repliega para que hable un mar poderoso, un horizonte más profundo y lejano que involuntariamente hace aflorar un horizonte interior más íntimo.



Romanticismos y reflexiones aparte, qué duda cabe que también se disfruta en gran medida esa ampliación del paisaje humano, reencontrando viejos amigos o también haciendo otros...


Esto es una pequeña broma, pero quién me iba a decir que me encontraría así de grandes a esos geniales compañeros de mi infancia.

Luces y paisajes, paisajes naturales y humanos, incrementando el contraste y la variedad de ese álbum interior de recuerdos que más tarde afloran a capricho, pero que aun ocultos en los rincones más recónditos de nuestro cerebro, han dejado una huella de impresiones o de ideas, en el sentido más griego de la palabra.

Y hablando de impresiones, aún hice otras asociaciones relacionadas con la luz:

Big Ben y Torre de Hércules


El sol creando luz y creando sombra en una torre. ¿No son bonitas?



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