jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Qué decimos cuando decimos "Dios"?


RECORRIDO FILOSÓFICO SOBRE LA IDEA DE DIOS

¿Qué significa “Dios”? ¿En qué piensan los autores que han hablado sobre Él -o “ellos”-?

Cada cultura y cada fe pueden ofrecer una imagen muy distinta de aquello que se considere como fuerzas que dominan a los hombres y sobre el modo en que éstas puedan afectar a su vida. Pero lo cierto es que no hay cultura que no haya desarrollado alguna creencia en torno a lo sobrenatural o divino.

La sed de justicia moral, el ansia de inmortalidad, el miedo a lo desconocido y al destino, son factores emocionales que están a la raíz de la formación de las distintas creencias religiosas. La sed de poder, la necesidad de cohesión social y la identificación grupal son factores sociológicos que inciden en la cristalización y manipulación de creencias y dogmas.

Hasta ahora todos los intentos racionales de responder a estas inquietudes universales del ser humano han fracasado, tanto para demostrar a Dios como para eliminarlo del espíritu humano.

 

 

Edad Antigua

 

El concepto religioso o mitológico es heredero de la idea de las fuerzas que gobiernan el mundo. Esas fuerzas no necesariamente lo crean, pero sí son inmortales y superiores a los hombres.

 

Los filósofos especulan libremente sobre las fuerzas de la naturaleza y las pasiones humanas; en este marco los dioses se citan a modo de símbolos más que otra cosa.

Los dioses se entienden como seres superiores. El pensamiento racional enfoca la idea de “dios” como ser perfecto, y esto dependerá de lo que se entienda por perfección. Platón usa el mito como vehículo de expresión y de forma alegórica; en él ya se percibe el tratamiento conceptual de los dioses, que culmina en toda su pureza con Aristóteles. Para Aristóteles, un ser perfecto es un ser perfectamente realizado. Para Epicuro los dioses, si existieran, serían hedonistas racionales.

- El “dios” de Aristóteles es un concepto puramente físico y metafísico: sirve como causa última del movimiento (cambio, transformación) de todos los seres. Carece de connotaciones religiosas.

‒ En Platón lo único parecido a “dios” es el Demiurgo, que se concibe sólo como inteligencia creadora (ni providente ni nada más). Pero no es creador propiamente hablando, al modo cristiano, sino “ordenador”: ordena la materia imprimiéndole las ideas.

 

Edad Media

 

La expansión del Cristianismo impone el monoteísmo judaico y una determinada concepción de Dios como ser absoluto, trascendente, creador, providente, juez de los hombres…

El monoteísmo impone una concepción absolutista y monolítica de la verdad. Cualquier desviación de esta verdad (ortodoxia, opinión correcta) es, pues, herejía, a la que hay que combatir. Cristianos y musulmanes tienen como mandato la evangelización o expansión de la fe (los judíos no; se consideran el pueblo elegido).

 

El problema del ser pasa a identificarse en gran medida, o al menos a depender de, el problema de Dios, creador de todo y por tanto explicación última de todo ser. Con el Cristianismo primero (y el Islam como herencia) se impone la idea de un Dios único: ha de ser omnipotente, bondad infinita, creador de todo (y creador desde la nada), providente… La idea de providencia (atención y amor de Dios a los hombres) es la novedad (junto con la creatio ex nihilo) de mayor influencia respecto al pensamiento anterior.

El pensamiento racional se ve sometido a la verdad revelada. Podemos adoptar dos posturas, según el punto de vista del que partamos:

(+) Dios concede al hombre la verdad, pese a las limitaciones del conocimiento de éste (S. Agustín).

(-)  El pensamiento racional se ve condicionado, y por tanto se pervierte.

(Pueden buscarse otros puntos de vista intermedios: el contraste con nuevas creencias da nuevos alicientes a la razón para encontrar explicaciones lógicas a supuestos paradójicos).

 

Edad Moderna

 

Herencia de la imagen cristiana de Dios. Conflictos en el seno de la Iglesia, preponderancia creciente de lo racional y científico… Comienzan las críticas a la fe institucionalizada. Tras el protestantismo aparece también, paralela a la Ilustración (exaltación de la razón, el humanismo y la libertad), la tendencia a la idea de “religión natural”.

 

El pensamiento racional, al referirse a Dios (y partiendo de la herencia cristiana de la Patrística y la Escolástica), lo asimila al concepto de ser infinito, especialmente con Descartes. Rousseau, precursor del Romanticismo, lo ubica en el ámbito de los sentimientos y apela a la comunicación íntima con él, contra la institucionalización y reflexión racional sobre Él. Descartes centra su planteamiento filosófico en el concepto matemático, puramente racional, de infinito. Hume es el primero que cuestiona su sitio en el pensamiento racional, negando tal posibilidad al carecer de impresión de Él. Kant lo identifica más con la idea de juez supremo, pero lo saca del ámbito del conocimiento, dejándolo como postulado, y no axioma ni objeto demostrable, de la razón.

- Se puede comentar la herencia inevitable de la imagen cristiana de Dios, pero aunque el concepto es obviamente cristiano el nuevo enfoque se centra en su ubicación dentro del problema del conocimiento.

 

Edad Contemporánea

 

Cambios vertiginosos, positivismo, vitalismos, historicismos, primeros planteamientos públicos de ateísmo…

En el s. XX se desarrolla la Filosofía de las Religiones. G. Dumezil y M. Eliade, discípulo de aquél, son los autores más destacables. Dentro de la filosofía no se trata simplemente su ubicación en el terreno del conocimiento racional, sino en las creencias vitales del hombre. Surgen así las críticas al papel negativo que ejerce en la humanidad a través de dos focos principales, centrados en la idea monolítica de “verdad”: el papel de las ideologías en Marx y la crítica a la “verdad” única de Nietzsche.

 

Feuerbach considera el concepto fruto de un error, desviación y proyección del poder creador del hombre. Marx ve en el concepto de Dios, dominado por la Iglesia, una invención usada como forma de dominar al pueblo. Nietzsche lo identifica con la Verdad única e invierte la relación hombre-Dios, siendo el primero el creador del segundo.

‒ El problema de Dios se enfoca desde sus efectos sobre la vida del hombre, sobre todo en cuanto influye en la ordenación social.

- Se puede juzgar un avance la separación de la ética y la religión. Como herencia de Kant, el hombre está capacitado para adquirir autonomía moral sin necesidad de supeditarse a creencias religiosas.

- Se puede hablar de una crisis de valores que conduce a un relativismo moral, en el cual seguimos inmersos. Como dijo Dostoievski: “si Dios no existe, todo está permitido”. El hombre, considerado autoridad suprema, puede imponer sus intereses sobre todo valor.