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martes, 20 de octubre de 2020

EL PROBLEMA DE DIOS EN ARISTÓTELES

 

EL PROBLEMA DE DIOS EN ARISTÓTELES

 

Aristóteles va a ser el autor que se plantee de forma sistemática el problema de Dios. Su aportación principal en este tema es su definición de Dios como motor inmóvil y acto puro.

Al igual que el resto de materias que trata, su descripción de Dios es fruto de una investigación desapasionada. Platón aún utiliza el mito como recurso narrativo y alegórico; Aristóteles analiza el concepto de Dios de forma más sistemática.

Parte de concebir a Dios como el concepto que describe la perfección. Para Aristóteles, un ser perfecto es un ser perfectamente realizado. Su filosofía primera, que es ontología en cuanto trata del ser en cuanto ser, se convierte necesariamente en teología, ya que tiene que explicar no solo qué es y cómo se produce el movimiento que caracteriza la naturaleza (lo que trata en física) sino también el porqué último de ese movimiento y su relación con el ser en sí, para lo que desarrolla el concepto de actocomo perfección, que identifica con Dios.

Explicar el ser en cuanto ser implica por tanto explicar la tendencia de todo ser a su fin último. El mundo entero se mueve de la potencia al acto, y este movimiento implica esa tendencia al ser pleno, en acto. Dado que el concepto de “dios” se identifica con la perfección, Aristóteles concebirá a Dios como acto puro, donde “puro” significa carente de toda potencia, plenamente realizado. Todos los demás seres tienen parte de su ser en potencia, lo cual explica su movimiento. El movimiento en la tierra implica el nacimiento, desarrollo y desaparición de los seres vivos en ciclos constantes, así como la tendencia de cada elemento a su ubicación natural, donde encuentra su quietud o reposo. Este movimiento resulta más variado, y por ello más imperfecto, que el movimiento en los astros, que es circular e imita ya más claramente la perfección del ser pleno, del acto puro.

Este es el modo en que Dios mueve al mundo: por imitación. Por eso Dios es concebido como motor inmóvil, porque mueve sin ser movido: dado que es perfecto él mismo no cambia, pero mueve el mundo por “atracción erótica”, entendiendo por “erótico” el deseo de cualquier cosa, puesto que su perfección es deseada por todos los seres de la naturaleza, que tienden a ser en acto, desarrollando todas sus potencias. No se trata, pues, de aspirar a llegar a ninguna vida ni ningún ser, sino a desarrollar plenamente cada ente su propio ser, a desarrollarse en acto. Esta tendencia de todo ser convierte su filosofía primera también en teleología. En este punto hay que aclarar que tanto Dios como el mundo existen desde siempre; Dios no crea el mundo ni guarda relación alguna con él, salvo la de ser el fin o meta al que los entes aspiran.

En cuanto acto puro, no se preocupa del mundo ni piensa en él en ningún sentido. El pensamiento es un tipo de actividad; si tuviera alguna actividad se alejaría de la perfección. En caso de concebir algún tipo de pensamiento divino, Dios no podría tener ningún contenido de pensamiento más que sí mismo, en su perfección y simplicidad. Por eso no se trata de un dios providente ni que intervenga de ningún modo en la vida humana. Dios no ama el mundo ni puede amarlo, porque el mero hecho de concebirlo lo alejaría de la perfección.

Los atributos de Dios como motor inmóvil y acto puro influirán enormemente en la configuración del cristianismo desde la época escolástica, especialmente a través de Tomás de Aquino, quien se enfrentará, no obstante, a tener que salvar todos los puntos contradictorios entre el dios aristotélico y el cristiano: la creación del mundo, la providencia y la salvación.

domingo, 14 de febrero de 2010

Cortiblog 20. Carta de amor filosófica

Aquí os dejo una declaración de amor filosófica que escribí hace ya muchos años. Nunca se sabe con qué extravagancias se puede ligar.


Filósofo mío:
--------Se ha levantado una forma; del caos dionisíaco de mis instintos brotó un atardecer una nueva verdad que dio sentido a mi existencia. Pero la vida vale más que la verdad y aunque creí descubrir la eternidad de mis sentimientos platónicos en un ideal trascendente a la naturaleza sensual y engañosa, sentí la náusea de mi ser por hacer, de mi conciencia que es lo que no es, y ya no sé lo que siento, ni quién eres, ni si te puedo conocer. ¿Tengo impresión de ti, de tu alma, o me he enamorado de una nueva falacia?
-------Quiero desarrollar mi ser a través del erotismo que me mueve hacia ti, como un dios inmóvil en tu eterna perfección. Sé que mi razón práctica es incapaz de dominar mis pasiones; mi obligación de elegir libremente lo que me dicta mi conciencia se doblega al asomarme al abismo que sustenta el ser de mi vida que flota en esta nada infinita.
-------¿Qué es el amor? Sólo sé que no sé nada.

Esther C. García Tejedor

P.D.: Premio a quien identifique los filósofos aludidos en esta declaración/duda.

lunes, 16 de noviembre de 2009

El amor ciego



El amor ciego



..............¿Por qué se dice que "el amor es ciego"? Tendemos a pensar que perdonamos cualquier defecto del amado, cerrando los ojos ante ello, o que sublimamos sus cualidades no viendo la realidad.
..............Pero el origen del significado de esta expresión es algo distinto, y se remonta a ciertas concepciones sobre el conocimiento sensible y el conocimiento inteligible, relacionadas a su vez con concepciones sobre distintas esferas de la realidad. Los mitos retratan de un modo excepcional estas concepciones.
.............Recordemos a Tiresias, el adivino. La versión más extendida de su ceguera cuenta que, paseando por el monte, vio a dos serpientes en cópula. Separándolos o hiriendo a uno de ellos -según alguna versión mató a la hembra-, el resultado de su acción fue que quedó convertido en mujer. Siete años más tarde y repitiéndose la escena, de su nueva intervención recuperó su primitivo sexo. Siendo conocida esta aventura, ocurrió que un día discutían Zeus y Hera sobre cuál de los dos sexos disfrutaban más del acto amoroso, y decidieron consultar a Tiresias, pues era el único conocedor de ambas experiencias. Su respuesta fue que, si hubiera que dividir el placer en diez partes, la mujer se quedaría con nueve y el hombre sólo con una. Hera se encolerizó al ver revelado el gran secreto del sexo femenino, por lo que, en castigo, le dejó ciego. Para compensar esta cruel venganza, Zeus le concedió el don de la profecía, privilegio que conservó aun después de su muerte, como aparece en la Odisea.


........La interpretación del mito nos revela que el conocimiento del "más allá" o de la cara oculta y primigenia de la realidad requiere la ausencia o disolución de los sentidos, de entre los cuales la vista es el más privilegiado en el mundo griego (recordemos que el verbo que designa el conocimiento, εἰδέναι (eidenai), deriva de εἴδω (eidō, ver o mirar), se refiere a la visión interior, y de ahí deriva nuestra palabra "idea").




..........Esto se refleja también en el mito de Edipo. Recordemos que, tras conocer su verdadero linaje y el cumplimiento fatal de su destino, habiendo ya matado a su padre y tomado a su madre por esposa, se sacó los ojos (más concretamente, se clavó el alfiler del vestido de su madre cuando esta se ahorcó). ¿Por qué esta brutal reacción contra sí mismo? La verdad oculta se le ha manifestado y ya esta vida, en la que nos mostramos y la que se nos muestra a la percepción humana, le resulta odiosa. Sacarse los ojos es renunciar al conocimiento de este mundo y sus placeres, reinos, posición y poder. Esa renuncia es la que marca su personalidad tal y como se muestra en la obra posterior a Edipo Rey, Edipo en Colono.


............¿Y qué tiene esto que ver con el amor? Creemos que el amor ciego describe la pasión que nubla la realidad y nos lleva a sublimar al otro, pero hay otro sentido más primigenio de esta visión. el amor verdadero no contempla al amado con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. La mera atracción erótica es carnal, el atractivo del cuerpo no es verdadero amor. Estar realmente enamorado (no en el sentido de Stendhal) no es desconocer al otro ni sublimarle, sino ver más allá de lo que los demás ven. Es ese amor que inspira la Afrodita Urania de Platón, llegar a esas cualidades espirituales que trascienden el aquí y el ahora. En este sentido, amar es alcanzar lo eterno.

jueves, 30 de julio de 2009

Del amor, II. El Banquete de Platón. Discurso de Sócrates





FINALMENTE, EROS NO ES UN DIOS




............Y llega por fin el discurso de Sócrates. Pero no será esta vez su propia opinión la que ofrezca, sino la referida por la supuesta sacerdotisa Diótima. Y como colofón a lo que empezó como discursos-homenaje en honor al dios, se convertirá en una especie de degradación de su naturaleza, o al menos “humanización”, pues no es su naturaleza la de un dios, sino la de un mero daimon[i].
Veamos la intención de su discurso:

“Llevado por mi ingenuidad, creía, pues, que se debía decir la verdad sobre cada aspecto del objeto encomiado y que esto debía constituir la base, pero que luego deberíamos seleccionar de estos mismos aspectos las cosas más hermosas y presentarlas de la manera más atractiva posible. Ciertamente me hacía grandes ilusiones de que iba a hablar bien, como si supiera la verdad de cómo hacer cualquier elogio, pero según parece no era éste el método correcto de elogiar cualquier cosa sino que, más bien, consiste en atribuir al objeto elogiado el mayor número posible de cualidades y las más bellas, sean o no así realmente; y si eran falsas, no importaba nada. (198d-e).
..........Con la ironía socrática hemos topado. ¿Cuál es la intención última de un discurso? ¿El elogio, la interpretación conveniente a un interés, la verdad...? Qué pocas veces es esta última. Pero, fiel a su fama y a su habitual hacer, Sócrates se propone esto último, y así declara a continuación: “Mira pues, Fedro, si hay necesidad todavía de un discurso de esta clase y queréis oír expresamente la verdad sobre Eros, pero con las palabras y los giros que se me puedan ocurrir sobre la marcha".


Sobre la naturaleza de Eros

.........Comienza así planteando la naturaleza de Eros con la siguiente pregunta: “¿es acaso Eros de tal naturaleza que debe ser amor de algo o de nada?” (199d). Igual que el significado de ser padre o madre implica la presencia de un hijo, o de ser hermano otro hermano, el significado del deseo implica algo deseado. Pero Eros desea y ama algo cuando no lo posee, pues se desea aquello de lo que se está falto. Si alguien es ya alto o fuerte no deseará ya estas cualidades, sino sólo si las carece. Uno no dice "deseo ser rico" siendo rico, o estar sano estándolo, salvo significando que se desea seguir poseyendo estas cualidades en el futuro; y en este sentido, el futuro aún no se posee.

..........El deseo sería, pues, algo así como la conciencia de una carencia. Una conciencia que se despierta a veces ante la súbita presencia de ese algo deseable, que nos hace sentir que no estamos completos, que nos hace movemos indigentes hacia algo.
..........Efectivamente, al hablar de Eros como de un dios de alguna manera se le estaba sustancializando, buscando los rasgos que definen su esencia. Pero el deseo no es una sustancia, sino una fuerza. Es motor, movimiento, tendencia, y esa tendencia tiene una meta. No nos movemos hacia lo que tenemos, sería como decir que nos movemos hacia donde estamos. El deseo es un poner los ojos en algo que se quiere alcanzar, porque nunca se ha tenido, porque se ha perdido o porque se ha agotado. Pero el deseo es, entonces, también reconocimiento de una carencia, y por tanto implica un cierto conocimiento de uno mismo, o a lo mejor, si erramos el tiro de nuestro deseo, un desconocimiento...

..........Continúa Sócrates su análisis recordando lo que había dicho Agatón: que no hay amor hacia lo feo, sino hacia lo bello. Del mismo modo -y aquí se ve que entra Platón- no habrá amor hacia lo malo, sino hacia lo bueno. ¿Significa, pues, que Eros es feo y malo?

..........Aquí comienza el algumento de la naturaleza intermedia. Algo que aprendió, según él, de Diótima, cuando él mismo aún argumentaba como Agatón. El nuevo argumento es el siguiente: del mismo modo que la recta opinión es algo intermedio entre el conocimiento y la ignorancia, hay entre cualquier par de opuestos –bello-feo, bueno-malo, sabio-ignorante− una naturaleza intermedia. En eso consiste el deseo: no en una mera carencia o vacío, sino en la conciencia de una necesidad, en la percepción de una oquedad. Quien ignora ser ignorante no aspirará a la sabiduría, sólo el que siente en su seno esa carencia.

..........Y he aquí por qué Eros no puede ser un dios. Los dioses, por naturaleza (quizá debiéramos decir por definición, si existen), son sabios y felices; Eros no es bello ni feliz, pues ama esas cosas; luego Eros no es un dios.
.........¿Significa esto que Eros es mortal? De nuevo, más bien algo intermedio entre lo inmortal y lo mortal: algo que si muere, renace; algo que se renueva constantemente. Y en este punto es cuando Sócrates-Diótima lo define como "un gran daimon".
..........Pero va más allá de un ser intermedio: es un ser intermediario. Él “interpreta y comunica a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las de los dioses, súplicas y sacrificios de los unos y de los otros órdenes y recompensas por los sacrificios” (202e).

-----Es el espíritu de la conexión, de la comunidad; sin esencia propia, es una fuerza invisible que mantiene todo unido.

“Al estar en medio de unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda unido consigo mismo como un continuo. A través de él funciona toda la adivinación y el arte de los sacerdotes relativa tanto a los sacrificios como a los ritos, ensalmos, toda clase de mántica y la magia". (2002e).



.............En términos lógicos, ¡hemos encontrado la superación del principio del tercer excluido! El conflicto entre la razón y los sentidos, la unidad del ser y el devenir, se resuelven con este principio cósmico. Pero bueno, esto no resulta muy erótico... Pasemos a algo más bello.


El mito sobre el origen de Eros

.............La parte más hermosa de su discurso se encuentra en la mitificación de su nacimiento, que relata del siguiente modo:

.............Cuando nació Afrodita, en el banquete de celebración estaba también Poros (abundancia de recursos), el hijo de Metis (personificación de la astucia). Al final del banquete fue a mendigar Penía (personificación de la Pobreza o la Indigencia). Estando Poros durmiendo por la embriaguez de la ambrosía, Penía maquinó concebir un hijo de él, y nació Eros. De este modo es siempre pobre, “descalzo y sin hogar (oikía; podría también traducirse “sin polis”, sin casa, estancia o patria propia)”, pero también, como herencia de su padre,
“está al acecho de las cosas buenas y bellas; es valiente, audaz y diligente, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue simpre se le escapa, de suerte Eros nunda está ni falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia". (203d).


.........He aquí el verdadero mal del necio: la falta de deseo. ¿Qué mayor delito puede cometer un hombre que no desear conocer? Y qué común, sin embargo...


Sobre sus obras

........Al hablar de sus funciones para con el hombre Platón da un salto a su teoría ética y metafísica. parte de que lo deseable es lo bueno, el bien en última instancia, y quien alcanza el bien es feliz. Aquí se obvia el discurso de Pausanias, quien nos hacía ver que no todo lo amado es digno de serlo ni todo amante sabe amar lo que es amable. Sócrates parte de que el amor hace desear las cosas bellas y buenas, y parece olvidarse de ese otro Eros turbulento, desequilibrante, que hace tender hacia cosas que no son dignas.
...........Su planteamiento sobre las cosas amables, buenas y bellas, es: ¿qué es lo que se desea? Hacerlas suyas. Quien hace suyas las cosas buenas será feliz. “Y no hay necesidad de añadir la pregunta de para qué quiere ser feliz el que quiere serlo, sino que la respuesta parece que tiene su fin” (205a).
..........Muy cercano a la ética aristotélica, como podemos ver.
..........¿Parece ingenuo hablar del amor a las cosas buenas con esa generalización, como si todos amaran lo mismo o del mismo modo? Pues no nos dejemos llevar a engaño, porque también Platón –o Sócrates, o Diótima…− se da cuenta de ello. Pues continúa: “hemos separado una especie particular de amor y, dándole el nombre del todo, la denominamos amor, mientras que para las otras especies usamos otros nombres” (205b).
...........Efectivamente, el amor es un sentimiento demasiado amplio y con demasiados matices. Parece haber, pues, una especie de problema de metonimia. Hay algún tipo de amor que privilegiamos sobre otros. No se dice, por ejemplo, de los que aman su trabajo, su obra, o la sabiduría, que estén enamorados o que sean amantes.
..........¿Recordáis el discurso de los hombres bola? Pues bien, aquí Diótima, como si hubiera estado presente, hace una mención crítica a ello. Respecto a que los enamorados busquen la mitad de sí mismos, dice ella que no es cierto, pues del mismo modo “los hombres están dispuestos a amputarse los pies y las manos si les parece que no son buenas” (205e). Es cuestionable esta versión, pues tal afán sólo se produce si esas partes impiden el desarrollo del todo, como en el caso de jugarse la vida por gangrena si no son amputados. Pero aquí se elige un mal menor frente a otro mayor, no un verdadero rechazo de una parte integrante.
..........No obstante, sí es verdad que rechazamos partes de nosotros mismos. ¿Será que no forman parte de nuestra esencia? ¿Qué somos entonces? Puede no gustarnos nuestra nariz, nuestra estatura, nuestro grosor, y desear otro aspecto físico. Pero incluso puede no gustarnos nuestro carácter excesivamente tímido o iracundo, ingenuo o apasionado. ¿Será que ni nuestro cuerpo ni nuestro carácter somos nosotros mismos?
...........Pongamos otro caso: Edipo, quien decide sacarse los ojos. ¿Odiaba sus ojos? En realidad lo que se le tornó odioso fue el conocimiento que ellos ofrecen, el conocimiento de las cosas sensibles, de la vida en cuanto tal, con su azaroso y fatal devenir. En ese execrar de sus ojos estaba rechazando la visión de los avatares de la vida.
..........La teoría de Diótima es que los hombres lo que realmente aman es el bien. Qué decir aquí, salvo que está en juego toda la teoría platónica del bien, con sus implicaciones éticas, psicológicas, metafísicas y antropológicas. Y quizá sea verdad: quizá lo que creemos buscar no es lo que realmente estamos buscando, y a veces nos damos cuenta demasiado tarde.

...........Eros no es, pues, ni una bestia ni un dios. Participa de la misma naturaleza espiritual del hombre. El hombre, pues, ama por naturaleza. ¿Qué es la vida sino deseo y necesidad de algo exterior? Necesidad del aire, del alimento, de la compañía... Eros, el deseo, es la dinámica de la vida, que se mantiene de la energía del entorno, en todas sus facetas. Es quizá también deseo de trascendencia de la propia naturaleza, o quizá de desenvolvimiento de la misma (en sentido aristotélico). Quizá esa sea la naturaleza última de Eros: la fuerza misma de la vida.


[i] La palabra daimon –en latín demon, de donde deriva la palabra "demonio"− designa una entidad espiritual, bien se entienda como divinidad o semidiós, bien como espíritu, incluyendo los de los difuntos. Es famosa la alusión de Sócrates a su propio daimon interior, quien le decía lo que debía hacer, una alusión personificada de su conciencia.

domingo, 12 de julio de 2009

Del amor, II. El banquete de Platón. Discurso de Agatón

EL DIOS DE LA ETERNA JUVENTUD

.........Volviendo al tema del amor, sigamos con el Banquetede Platón, que tanto da de sí. El siguiente discurso corre a cargo de Agatón, quien establecerá la contrapartida al argumento de Fedro. En efecto, Agatón defiende que Eros es el más joven de los dioses, precisamente por ser el más bello.
“Y una gran prueba a favor de lo que digo nos la ofrece él mismo cuando
huye apresuradamente de la vejez (…). Antes bien, siempre está en compañía de los jóvenes y es joven, pues mucha razón tiene aquel antiguo dicho de que lo
semejante se acerca siempre a lo semejante” (195b).
.
..........¿Qué decir de este argumento? En efecto, el amor como deseo, como fuente y signo de vida, tiene su máximo dinamismo en la juventud. Y es en la juventud donde se da la culminación de la belleza. Pero, ¿no es también cierto que la propia vejez mira hacia la juventud, con deseo o añoranza? Si lo semejante se acerca a lo semejante, la vejez debería quizá amar la propia vejez. Por otro lado, ¿es cierto que amamos siempre lo semejante? ¿no amamos a veces más a aquello que representa lo que a nosotros nos falta? Cada uno sabrá qué busca en el otro, o que le suele atraer; quizá sea una combinación de ambas cosas: aquello que nos identifica mezclado con algo que nos complementa. ¿Amor a lo semejante o amor complementario? Que cada cual elija.

..........Si Fedro utiliza un argumento cronológico –sin el amor no habría nacido nada−, Agatón se basa en la naturaleza de lo amado y de lo amante. Podría, simplemente, completar el argumento de Fedro, pero intenta contra-argumentar, como si hubiera que elegir un punto de vista para establecer qué genealogía mitológica sería la más adecuada. Y así, sostiene que todo lo que nació antes de Eros es fruto de la Necesidad,
“pues no hubieran existido mutilaciones ni mutuos encadenamientos ni otras muchas violencias si Eros hubiera estado entre ellos, sino amistad (philía) y paz (eirene), como ahora, desde que
Eros es el soberano de los dioses” (195c)


.........Curiosa la insistencia en tal soberanía de un dios que apenas tenía cultos propios significativos. Pero todo el diálogo está hecho en su honor, y es por ello lógico que se destaquen sus cualidades, máxime cuando, efectivamente, del poder de Eros no se libra ni el propio Zeus –promiscuo donde los haya−.

........Sorprende la perspectiva de Agatón de que ahora reinen la amistad y la paz. Es obvio que no reinan solas – para él mismo tenía también que serlo−. Lo que quizá quiere decir es que el mundo no se generó como cuentan Homero o Parménides –en los que se apoyaba Fedro−, sino que en esos primeros momentos los componentes y fuerzas del mundo se formaron por partición y enfrentamiento. Sólo en el último momento, con la aparición de Eros, surge la generación, que implica atracción o amistad, y sólo con él aparece la comunicación, la concordia y la armonía, pilares de las relaciones humanas.
..............Pero no es ésta la única cualidad de Eros que retrata Agatón. Es, pues −continúa−, joven, pero también delicado:
“anda y habita entre las cosas más blandas que existen, ya que ha establecido su morada en los caracteres y almas de los dioses y de los hombres. Y, por otra parte, no lo hace en todas las almas indiscriminadamente, sino que si se tropieza con una que tiene un temperamento duro, se marcha, mientras que si lo tiene suave, se queda”. (195e)



........¿Es esto cierto? ¿No causa estragos Eros aun en los corazones más duros? ¿Y no es tanto más virulento precisamente cuando se arraiga en ese tipo de temperamentos? ¿O quizá esa dureza de temperamento se refiere a la falta de capacidad de amar? Al margen de lo polémico, hay algo hermoso en este vaivén, quizá no meramente metafórico, entre lo físico y lo anímico. Lo delicado, lo tenue, es lo que se eleva por encima de lo material, de lo sólido, como el suelo o los cráneos (ejemplos suyos). Tenue es el éter de Aristóteles, o los átomos del alma de Epicuro. Tenue es la materia de que están hechos los cuerpos celestes y el alma de los hombres. Lo tenue, lo “delicado”, tiende a subir, a elevar, tiende a lo alto, y en lo alto el mundo, con la regularidad de sus movimientos circulares, se acerca a la eternidad.

Siendo joven y delicado, añade Agatón que es también flexible –como corresponde a lo tenue−,

"pues envuelve por todos los lados y no pasa inadvertido en su primera entrada y salida de cada alma” (196a).

........De ello es prueba su elegancia, siendo por antonomasia el dios que se asienta en la belleza.
.........La escisión radical que hace Agatón entre Eros y la violencia es quizá uno de los perfiles de su discurso que lo hace más cuestionable. De esta escisión parte para hablarnos de la virtud de Eros. Así dice que

“Eros ni comete injusticia contra dios u hombre alguno, ni es objeto de injusticia por parte de ningún dios ni de ningún hombre. Pues ni padece de violencia, si padece de algo, ya que la violencia no toca a Eros, ni cuando hace algo, lo hace con violencia, puesto que todo el mundo sirve de buena gana a Eros en todo, y lo que uno acuerde con otro de buen grado dicen «las leyes reinas de la ciudad» que es justo” (196b-c).


............¿Está aquí enlazando con el argumento que daba Fedro acerca de su virtud para establecer la ciudad justa? El concepto de amor que aquí se maneja parece desviarse del deseo erótico y encumbrarse hacia el deseo de vivir en comunidad, pues se identifica este sentimiento con el “acordar algo de buen grado”. Eros se retrata aquí como deseo de unión y armonía; se olvida el violento arrebato de un flechazo, los retratos de sus juegos peligrosos, el furor de la pasió que llevó a Apolo a sacrificar a Dafne, a Hades a raptar a Perséfone; se olvida la desmesura apetitiva de los sátiros, representantes de la fertilidad de la naturaleza... El rostro de Eros aquí es el de la amable sonrisa de la amistad y la unión, la arminía y la convivencia.
..........Siguiendo con sus infinitas bondades, le atribuye la templanza, en cuanto domina todos los deseos, y la valentía, pues a Eros ni siquiera Ares puede resistir” (196c). Le suma también la sabiduría, dado que
..........“es el dios poeta tan hábil que incluso hace poeta a otro” (196d).
..........Respecto a todas las artes, cierto es que a quien toca Eros lo hace maestro –pensemos en las personas que saben amar lo que hacen−. El amor como apertura hacia otra cosa y fusión con ello se convierte así en la fuente de todas las virtudes.
.........Tantas son las virtudes que Agatón atribuye a esa fuerza que hace que se tienda hacia lo otro y que se desee estar unido a ello. Pero destaco la frase que, de todo su discurso, me parece más hermosa para resumir la excelencia de este dios:
“Él es quien nos vacía del extrañamiento y nos llena de familiaridad (oikía)” (197c).

.........En efecto, el amor amplía las fronteras de nuestro alma, hasta el punto de insertar dentro de sus límites ese objeto, persona o cualidad externo a nosotros. El amor nos funde con el mundo y lo engarza como parte de nuestros corazones.

domingo, 5 de julio de 2009

Del amor, II. El Banquete de Platón: discurso de Aristófanes

EL MITO DE LOS HOMBRES BOLA







..........Curioso título para hablar del amor, ¿no es así? Pero es que el discurso que Aristófanes nos ofrece es precisamente eso: un mito que intenta explicar el amor de pareja, la búsqueda de la media naranja, la necesidad de unirse al otro que nos complementa. Junto a ello, este delicioso relato de Aristófanes sobre los “hombres bola” intenta ilustrar también las tendencias amorosas hacia cualquier sexo -algo que ahora da lugar a tanta polémica, y que entonces era enfocado con toda la naturalidad; para que luego nos creamos tan avanzados-.

........Todavía recuerdo la finura, el detallismo, la sabiduría y la amenidad con que ese maravilloso profesor, filósofo y persona que es Emilio Lledó, nos explicaba las delicias de este discurso, extrayendo de cada palabra, como de infinitas cajas de sorpresa, un nuevo regalo significativo. No tengo talla -ni espacio- para transmitir aquella maravillosa experiencia. Tan sólo puedo divulgar y esbozar algunas sugerencias que provoca tan curioso mito, ideado, según Platón, por el más famoso autor de comedias de la antigüedad.

........Cuenta Aristófanes que, en un principio, los sexos de los hombres no eran dos, como hasta ahora, sino tres: masculino, femenino y andrógino. Estos hombres tenían una forma circular, con dos caras opuestas, cuatro brazos y cuatro piernas. Descendían los masculinos del Sol, los femeninos de la Tierra y los andróginos de la Luna, siendo redondos como sus progenitores. Todo lo tenían en número doble al actual, incluyendo dos sexos.
Pero estos hombres planearon conspirar contra Zeus, por lo que éste decidió castigarles y partirles por la mitad. Ordenó a Apolo que girara sus rostros en dirección al corte, para que recordaran su castigo y no volvieran a pecar de desmesura (hybris), y hacía un agujero en medio del vientre que ahora llamamos ombligo.
Los seres humanos, así partidos, intentaban abrazarse a su mitad para unirse de nuevo, y ante su fracaso, y no queriendo vivir separados, morían de hambre e inanición. Para evitar esta desgracia, Zeus decidió que se les giraran los órganos sexuales, de modo que, al encontrarse, si eran hombre y mujer, la reproducción se produjera entre dos sexos -antes fecundaban en la tierra-, y si eran del mismo sexo, al menos disfrutaran de su contacto, descansaran y volvieran a sus tareas. Así, deseosos de ser plenos, los hombres ahora partidos se abrazaban a su otra mitad uniéndose a ella, y desde entonces, descendientes como somos de aquéllos, se busca al otro complementario para sentir plena la propia naturaleza.
........De este modo, el amor resulta ser algo innato y sanador de nuestra naturaleza partida, que intenta restaurarse en la unión con el otro. El modo en que expresa esta naturaleza está cargado de belleza: "Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre". La palabra symbolon tiene su origen en una antigua práctica consistente en partir un pedazo de un objeto del cual portaban sendas mitades las dos personas que querían establecer un vínculo. Algo ya implícito en la teoría genética de Empédocles, que recoge Aristóteles (De gen. anim., 722b): cada sexo tiene una "parte", algo del otro, como el símbolo del ying y el yang, y eso es lo que permite la búsqueda, el deseo y la unión de ambos.
........Así, resulta que cada uno de nosotros es no un ser humano completo, sino tan sólo un símbolo (parte representativa, mitad) de hombre. Explica también de este modo la presencia de todas las inclinaciones sexuales: entre hombres y mujeres, y mujeres u hombres entre sus iguales. Pero sobre todo explica la naturaleza del amor como una búsqueda de plenitud: “Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esa integridad” (192d).

........El discurso de Aristófanes, como vemos, prescinde de la presencia del amor en el resto de la naturaleza y se ciñe al amor erótico, al exclusivo aspecto del deseo de unión con otro. Si en Fedro era el origen de todo, por lo que debía existir desde siempre, y en Erixímaco es una fuerza física presente en todos los elementos de la naturaleza, en Aristófanes desaparece tal omnipresencia e independencia de esta energía y se reduce al deseo de unión física de unos humanos con otros. Su elogio casi parece irreverente, y tanto el tono cómico que a veces emplea como lo chocante del mito en sí hacen pensar de primeras en un enfoque satírico propio del autor de comedias. Pero hay en él más profundidad, observación y belleza de lo que parece. Porque, ciertamente, no amamos a cualquiera, sino a alguien que, al menos en algún momento, nos parece especial y sobresale del resto. Es cierto también que el hombre es un ser indigente, y que aun teniéndolo todo no se tiene nada si no se puede amar (algo que se ilustra muy bien en Ciudadano Kane). Y es cierto que necesitamos el contacto físico con el otro: incluso al amigo lo abrazamos, necesitamos tocarlo. Recuerdo que mi madre, cuando perdió a mi padre, expresó su estado diciendo "me siento coja". Es así como nos sentimos sin el otro: como un cuerpo que ha perdido una mitad, un apoyo; como un ser incompleto.

.........La necesidad de amar, de abrazarse y de fundirse, aparecen aquí ajenos a toda visión lasciva, meramente impulsiva o animal, y se carga en sí misma de trascendencia. Querer ser pleno, saberse medio, reconocerse como símbolo de otro, es una de las perspectivas más hermosas que pueden darse del amor, tanto del físico como del espiritual.





Curiosidades y sugerencias


1. La procedencia de los primeros hombres de los astros citados tiene un sentido más perceptible en la antigüedad que ahora. La asociación de la Luna con lo andrógino se asocia con su participación de la luz solar y su influencia sobre las mareas de la Tierra, entre otras cosas. Así mismo, la forma circular como forma perfecta es un ideal humano desde los tiempos más remotos, y se relaciona con la perfección e imitación de la eternidad de esta figura geométrica.




2. Hay una clara interpretación de las tendencias sexuales como innatas -"Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza" (191c), algo muy coherente con la teoría del alma platónica.




3. La interpretación del amor como búsqueda de la completitud de la propia naturaleza, aunque parezca expuesta en clave de humor, es una de las más hermosas sublimaciones de esta pasión tan poderosa que es el erotismo.


4. Al percibir el contraste entre la naturalidad con que se presenta aquí la homoxesualidad -y la presentación de la masculina como la más elevada, en cuanto lo masculino se consideraba superior- y nuestra actual perspectiva del tema, se tome el bando que se tome, nos da idea de hasta qué punto el propio amor y la propia sexualidad tienen una canalización cultural mucho mayor de lo que pensamos. Como muestra, de los que aman a los hombres dice Aristófanes que "son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza" (191e).



5. La idea del ser humano, en cuanto sexuado, como mero símbolo de hombre (ánthropos) está implícita en la interpretación mística del primer hombre, Adán, como andrógino. También es una constante en las religiones y mitologías la idea de un castigo primordial, debido a la soberbia humana, que se retrata siempre como un intento de acceder al reino de los dioses (recuérdese el árbol de la ciencia, la torre de Babel...).



6. La reproducción sexual aparece, aunque sólo sea en el hombre y de forma mítica, como posterior a otro estado primigenio de la vida. En la realidad, la mitosis es la primera forma de reproducción; con la meiosis se acabará desarrollando la reproducción sexual, y con ella también aparece la muerte. Cabe aquí pensar en esa relación ancestral entre Eros y Thánatos...

viernes, 3 de julio de 2009

Del amor, II. El Banquete de Platón. Discurso de Erixímaco

EL AMOR COMO ARMONÍA


.......Teníamos, pues, hasta ahora, un encomio del amor (del Eros) como fuerza motora divina y primordial, y unas matizaciones sobre sus bondades, referentes a lo que es y no es digno de ser amado, lo que por tanto ensalza o envilece al amante. El siguiente discurso corre a cargo del médico Erixímaco, quien continúa aportando nuevos ámbitos donde se manifiesta el amor y nuevas apreciaciones sobre su naturaleza y bondad. Pero lo curioso de su discurso es que nos plantea esta naturaleza de la fuerza más poderosa y primigenia enfocándola en aspectos no anímicos ni humanos, sino propios de la naturaleza. Algo así habíamos visto ya en Empédocles, que parte de ese punto de vista del eros como fuerza o impulso en su aspecto más físico. Aquí Erixímaco va a ser más puntual y concreto, centrándose en el arte de las profesiones, pero recoge esa perspectiva naturalista, si no olvidada sí superada por el interés hacia lo propiamente humano.
.......De este modo comienza diciendo: "Que Eros es doble, me parece, en efecto, que lo ha distinguido muy bien. Pero que no sólo existe en las almas de los hombres como impulso hacia los bellos, sino también en los demás objetos como inclinación hacia otras muchas cosas, tanto en los cuerpos de todos los seres vivos como en lo que nace sobre la tierra, y, por decirlo así, en todo lo que tiene existencia, me parece que lo tengo bien visto por la medicina, nuestro arte, en el sentido de que es un dios grande y admirable y a todo extiende su influencia, tanto en las cosas humanas como en las divinas. Y comenzaré a hablar partiendo de la medicina, pra honrar así mi arte" (186a-b).

..........El eros, pues, se encuentra en el corazón de los hombres en la misma medida en que se encuentra en todo cuanto existe, y en la medida en que el hombre mismo proviene de la naturaleza. El eros es deseo de algo ajeno al propio ser, es deseo de otro o de "lo otro". En los seres vivos es obvio que hay una apertura al medio, del cual la vida se sustenta. Pero esa fuerza motriz es aquí reflejada como fuente de conexión del mundo entero. La huella de Empédocles está muy presente. Pero ahora no se trata sólo de explicar el origen del mundo y su funcionamiento, sino de aplicar ese conocimiento a la transformación y corrección del mismo. Es por ello por lo que Erixímaco habla de esta naturaleza del amor como conocimiento para aplicarlo a las artes u oficios.

.......Erixímaco, haciendo honor a su profesión, se centra en el enfoque médico, y comienza explicando la naturaleza de los cuerpos concretos para después dar una definición de la medicina. De este modo dice que "la naturaleza de los cuerpos posee, en efecto, este doble Eros. Pues el estado sano del cuerpo y el estado enfermo son cada uno, según opinión unánime, diferente y desigual, y lo que es desigual desea y ama cosas desiguales. En consecuencia, uno es el amor que reside en lo que está sano y otro el que reside en lo que está enfermo" (186b). Decía Pausanias que el amor debe dirigirse hacia lo que es hermoso, y es ese amor el que merece encomio, mientras que el que se dirige a objetos u acciones indignas no es merecedor de alabanza. Erixímaco va a utilizar el mismo argumento para explicar el arte de la medicina: se trata de favorecer el eros que parte de lo sano y se dirige hacia lo saludable, y de no favorecer el contrario. De este modo, define la medicina como “el conocimiento de las operaciones amorosas que hay en el cuerpo en cuanto a repleción y vacuidad (…). [El buen médico] Debe, pues, ser capaz de hacer amigos entre sí a los elementos más enemigos existentes en el cuerpo y de que se amen unos a otros” (186c). Extendiendo su argumento a otras artes, hace del amor el arte de establecer armonía y concordia entre opuestos. Esta es la función del Eros ordenado, el bueno, mientras que el desordenado produce caos y destrucción, al ser desmesurado.

.......Vamos a destacar algunos aspectos:
  1. Hemos comenzado destacando la huella de Empédocles, pero aquí se ha avanzado pluralizando el amor en dos Eros contrastados: el bueno y el malo.
  2. La alabanza del amor se dirige ahora no a esta fuerza motriz misma como principio más sublime, sino a su meta, que se entiende como armonía.

1. En efecto, ya no hay sólo dos fuerzas: amor y odio, atracción y repulsión. El Eros puede ser fuente de caos y de desarmonía. Y hay verdad en ello. Quién no habrá visto o incluso vivido los estragos de la pasión desmesurada, el exceso de celo o la ceguera por algo o alguien que lleva a la destrucción de otra cosa o persona.

2. Es muy griega esta visión de la belleza, de la perfección, como armonía. Lo desmesurado es aquí planteado, sin necesidad de justificación, como algo negativo. ¿Lagunas? Bien, hay posturas filosóficas y artísticas que han abogado por la desmesura, pero no hace falta irnos siempre al terreno de la intelectualidad. ¿No hay algo hermoso, magnético, hipnotizante, en una pasión desmesurada? ¿Por qué nos subyugan retratos de pasiones como en Cumbres Borrascosas, Gilda, Lo que el viento se llevó o tantas otras...? ¿Por qué nos fascinan, para bien o para mal, los caracteres apasionados, desmesurados, con exceso de dinamismo? ¿Qué nos cuenta esa pasión atormentada por lo desconocido, esa ruptura de esquemas y de sosiego que refleja el destructivo amor hacia un efebo en Muerte en Venecia? Bueno, quizá sea sólo porque, incluso en la contemplación del amor ajeno y a modo de catarsis, en nosotros habita también ese otro eros malo...







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..Dios Jano, bifronte, y Eros

miércoles, 1 de julio de 2009

Del amor, II. El Banquete: discurso de Pausanias

SABER AMAR LO QUE ES AMABLE



Fedro nos abrió las puertas a un aspecto crucial del amor: su carácter motriz, siendo además el más poderoso motor de la conducta humana. Pero, como ya dijimos, quedan en el aire ciertos interrogantes respecto a las matizaciones que se pueden hacer de este tema.

El siguiente interlocutor, Pausanias, intenta matizar el elogioso discurso de Fedro afirmando que Eros no es uno, y por tanto hay que precisar a qué Eros hay que elogiar. El hilo conductor de su discurso será la relación obvia entre Eros y Afrodita. Valiéndose de las dos genealogías que se hacen de la diosa -la primera como fruto de la castración de Urano, descrita por Hesíodo; la segunda como hija de Zeus y Dione, según la versión de Homero, a la cual se denomina Pandemo-, Pausanias se va a centrar en la dignidad del eros según el objeto a que se refiera. Hay que elogiar, pues, a lo que hace amar lo hermoso y digno, y ese papel es el que se asigna al Eros de Afrodita Urania, mientras que el de Afrodita Pandemo es “el amor con que aman los hombres ordinarios” (181b). Así, estos hombres tienden a lo débil, lo fácil, lo menos inteligente; aman más por el cuerpo y los sentidos que por el alma y las virtudes nobles.

Nos recuerda este discurso a ese famoso proverbio griego: jalepá ta kalá (lo bello es difícil [de alcanzar]). El deseo tiene muchos objetos, todos ellos dependientes del momento, de la influencia de la imagen social, del estado físico y anímico... Es digno de veneración el amor hacia lo hermoso, e indigno el amor hacia lo perverso o mezquino. Ahora la pelota está en el tejado del objeto: ¿qué hace que algo sea hermoso o que sea despreciable? Como objetos o motivaciones innobles menciona el dinero, el poder o el cuerpo. Lo hermoso parece ser lo que no es efímero o corruptible, las virtudes del alma... Amor y verdad, en el sentido platónico, se unen ahora, se complementan y matizan. Podríamos comentar aquí que amar a alguien por su dinero o su poder, incluso por su mero aspecto físico, no es verdadero amor, no es deseo del otro. Pero Pausanias va más lejos, y se plantea qué acciones son dignas por amor y cuáles no: no se trata sólo de amar al otro, sino de saber que no cualquier acción por él es válida, sino sólo aquéllas conducentes a elevar la virtud del amado, y no sus posibles deseos mezquinos.

Inevitablemente nos recuerda el sentido del viaje de Ulises. El placer y la innegable tentación que representa Circe, o la seguridad y confort que le ofrece Calipso, no bastan al héroe para apagar su más digno Eros: la vuelta a su autenticidad, en su hogar, a ese su propio ser representado por Penélope.

En este punto, analiza el modo en que son juzgadas habitualmente las acciones emprendidas por amor. Lo que observa es que tendemos a valorarlas de otro modo, mucho menos severo, que las que persiguen otro tipo de fines o tienen otro motor. Sabido es que Platón considera más hermoso lo estable, la eternidad y patronazgo del mundo racional de las ideas, así como del alma sobre el cuerpo corruptible. Así, cuando uno es conquistado por fines volubles, como el poder, el miedo o la riqueza, no merece ser encomiado. Quien verdaderamente ama regala al amante sólo favores que puedan ensalzar su virtud y perfección. Defiende que es hermoso complacer a los hombres buenos, y vergonzoso complacer a los inmorales. En efecto, como dice un proverbio oriental, "el que es bueno con los malos, es malo con los buenos".

¿Es, pues, cierto, que en el amor y en la guerra todo vale? De este discurso desprendemos obviamente que no. La propia historia nos ha revelado amargamente que no todo debería valer en la guerra; pero tampoco toda acción por amor, por atracción, es encomiable. Ocultar los delitos del amado perjudicando a otros, satisfacer sus caprichos, ayudarle a alcanzar fines mezquinos, es un motor de conducta que no merece aprobación. Si Fedro ensalzó a Eros como el mejor fundamento de la convivencia política, Pausanias aclara el sentido de lo que debería ser ese Eros: no es sólo el sentimiento, sino también el objeto que lo provoca, lo que hacen del amor un buen solar sobre el que edificar nuestra vida.

domingo, 28 de junio de 2009

Del amor, II. El Banquete: discurso de Fedro




EL AMOR, LA GRAN FUERZA PRIMIGENIA



..........Fedro inaugura el conjunto de discursos con un apasionado elogio del dios Eros, a quien ensalza su poder para unir a los hombres, incluso hasta el punto de hacerlo el máximo garante de la buena convivencia política. Pero lo que más destaca de su discurso, como eje central, es situarlo como el dios más antiguo. Afirma así que “Eros es, de entre los dioses, el más antiguo, el más venerable y el más eficaz para asistir a los hombres, vivos y muertos, en la adquisición de excelencia y felicidad” (Banquete, 180c; traducción de M. Martínez Hernández, ed. Gredos). Enlaza así su discurso con el origen mítico del dios transmitido por Hesíodo, y compartida, como él mismo dice, por Acusilao y Parménides.
¿Cuál es el sentido de hacer de este dios el más antiguo? ¿Qué importancia puede tener de quién descienda, y por qué se le ocurre a nadie siquiera plantearse su antigüedad, aunque sea en forma de mito? Aunque puedan parecernos cuentos antiguos, hay en los mitos una forma de pensamiento sobre la realidad misma, sus partes componentes y su sentido. Pues bien, estos autores y el mismo Fedro están haciendo ver que el Eros es la fuerza generatriz por excelencia, y sin el deseo no se produce la generación, y por tanto no habría nacido el mundo.
.......El surgimiento de Gea a partir del Caos, tal y como se describe en la Teogonía, más que surgimiento es una especie de partición, de distinción entre dos partes componentes de ese Caos infinito, informe, inconcebible: por un lado Gea, la materia prima, la chorá, se distingue en cuanto materia del vacío, el Tártaro. De esa materia prima se distinguirá el elemento sólido (las montañas) del líquido, receptor, el Ponto (así como otros pasos como el éter y el día −humedad sustancial y espacio luminoso−); más tarde el espacio separará la bóveda celeste que representa Urano de la tierra misma.

.......Hasta aquí se retratan principios sustanciales. Pero Eros no se presenta como sustancia, sino como fuerza (dínamis). El mundo se genera constantemente, sí, y a partir de esta constatación surge la inevitable tentación intelectual de imaginar el origen primigenio. Y ese origen se imagina -se pone en imágenes- a partir de los mismos elementos que se nos presentan en la actualidad. Eros, la atracción, la mirada hacia el otro, el deseo de algo ajeno a uno mismo, es la fuerza patente que explicaría el origen de todo lo demás: de unos pocos elementos han de surgir otros nuevos, y esto sólo es posible a través de la generación.
.......Pero no queda todo en el origen del mundo en cuanto escenario en el que vivimos. Hemos señalado como algo muy destacable de esta exposición (y que veremos en otras ocasiones) cómo Platón, a través de Fedro, hace del amor el fundamento de la vida recta, tanto en ética como en política. Leámoslo de él mismo: “Y de la misma manera que es el dios más antiguo es causa para nosotros de los mayores bienes. Pues yo, al menos, no sabría decir qué bien para uno recién llegado a la juventud hay mayor que un buen amante y para un amante que un buen amado. Lo que, en efecto, debe guiar durante toda su vida a los hombres que tengan la intención de vivir noblemente, esto, ni el parentesco, ni los honores, ni la riqueza, ni ninguna otra cosa son capaces de infundirlo tan bien como el amor. (…) Es más, afirmo que un hombre que está enamorado, si fuera descubierto haciendo algo feo o soportándolo de otro sin defenderse por cobardía, visto por su padre, por sus compañeros o por cualquier otro, no se dolería tanto como si fuera visto por su amado. (Banquete, 178, c-e; traducción de M. Martínez Hernández; Gredos). “Por otra parte, a morir por otro están decididos únicamente los amantes” (179 b).

.......¿Qué hay de verdad en ello? ¿Es cierto que el amor, por sí mismo, podría ser una base suficiente para fundar una moral? Es sin duda muy hermoso lo que aquí se dice, pero se ha avanzado mucho en la historia del pensamiento y no podemos obviar algo tan importante como el antes y el después que supuso Kant en ética –y en otras ramas, por supuesto−. Kant prescinde de todo sentimiento y se basa en el sentido puro del deber, que según este autor se muestra evidente a la razón práctica. La piedra angular de la ética se encuentra, pues, en algo ajeno a toda pasión y todo sentimiento; en algo, pues, completamente ajeno al amor. Dos visiones completamente antitéticas, pero en cada una de las cuales se encierra alguna razón para defenderla.
.......Dos cosas podríamos decir sobre el planteamiento de Fedro:
.......1) que el amante no querrá hacer cosas vergonzosas, pero no dice cómo se delimita lo que es vergonzoso o no.
.......2) Que el amor de que nos habla aquí, no lo olvidemos, es el Eros. No el ágape o la philía, sino el Eros. ¿Quizá raíz de los otros? ¿Podríamos decir que los abarca, o más bien hay que distinguir estos tipos de sentimientos de atracción o simpatía por otros? Creo que Fedro se refiere muy claramente al amor erótico, porque habla de la vergüenza que se siente ante el amante o el amado, no ante el conjunto de los conciudadanos ni mucho menos de la humanidad en su conjunto. Pero sin duda el poder que le otorga es casi incuestionable, pues es cierto que el amor nos mueve a obrar de forma grata ante los ojos del otro. Cuando menos, el carácter del amor como el más poderoso motor de la conducta humana queda aquí sabiamente puesto en evidencia.
.......Muchas cosas pueden matizarse sobre esta exposición, pero para ello Platón nos ofrecerá otros interlocutores, que dejaremos de momento para la siguiente entrega.

lunes, 22 de junio de 2009

Del amor, II. El Banquete de Platón

Los discursos sobre Eros, la energía de la vida


.....El amor, tratado por Empédocles como una de las principales fuerzas dinámicas del universo, arrastra esa herencia filosófica de la época arcaica: la inquietud por la naturaleza, por la búsqueda del arché. Y así aparece como principio radical del mundo mismo. Pero en la época clásica, cuando la democracia y el ideal de ciudadano cobran todo el protagonismo y se convierten en el principal punto de mira del pensamiento, se va a buscar la naturaleza de esa fuerza radical en el corazón mismo del hombre.
.....Así es como lo examina Platón. El viejo dios, la primitiva fuerza, no sólo amalgama los elementos y construye el mundo en que vivimos. Se manifiesta en nuestros impulsos, nuestras inquietudes, nuestros movimientos.
…..El amor como apertura, el amor como conocimiento, el amor como fuente de vida y conexión de todas las cosas es algo que supera los límites de nuestro discurso racional, de oposición irreductible de contrarios. Lejos de poder explicar el amor con la razón, es aquél quien explica a ésta, pues sin él el discurso y la acción no tendrían dirección ni contenido. Por ello el estudio de Platón sobre el amor usa sabiamente en todas sus exposiciones ese otro discurso más primigenio y natural: el mito, un discurso flexible, ambiguo y sugerente, brotado de la más primigenia apercepción de la naturaleza y sus infinitas relaciones y contradicciones, su movimiento incesante, su plasticidad. El amor no se puede encerrar en la lógica sino que nos comunica y se manifiesta a través del impulso, la insinuación, conectando el conocimiento teórico con la praxis más vital. Inaccesible a la mera contemplación, el amor ha de ser sentido para poder ser analizado.
.....Una fuerza anterior a la misma razón, al propio discurso, no puede encerrarse en éste ni reducirse a aquélla. En esta reflexión filosófica, emplea Platón dos necesarios recursos discursivos: la pluralidad de perspectivas y el mito como discurso sugerente, latente, engarzado en el sentir y la insinuación.
.....Con Platón nos sumergiremos en la naturaleza de ese dios llamado deseo, que otorga los mayores placeres y sirve de impulso a la vida. Ese dios que, una vez, y siguiendo otro mito , hizo que nuestra alma se enamorara de la materia y viniese a nacer.

lunes, 8 de junio de 2009

Del amor, I. El amor en Empédocles

DEL AMOR, I.

EL AMOR EN EMPÉDOCLES



Pues todos estos elementos: Sol, tierra,
cielo y mar, están adaptados en sus diferentes partes para todo lo que anda por
el mundo mortal. Y si todo lo que se muestra más propio de la mezcla se atrae
recíprocamente, por la acción de la semejanza y del Amor, por el contrario lo
que es enemigo de ella se mantiene a gran distancia; naturaleza, composición,
formas que revisten, todo contribuye absolutamente a oponerse a la reunión, bajo
el imperio del Odio que le ha dado nacimiento.


Sobre la naturaleza, fr. 22.

Empédocles postula que el universo está formado a partir de los cuatro elementos por entonces concebidos: tierra, fuego, aire y agua. Cuatro elementos y dos principios: el amor y el odio.


El amor, entendido desde el sentido de la filía (el amor como amistad, como sentimiento de atracción o simpatía) es, junto con el odio, una de las fuerzas cósmicas que generan el movimiento, los cambios y las apariencias.

El mismo amor (y el mismo odio) que une y separa a los hombres, se hermana con los principios que mueven el mundo material, se convierte en (que no se reduce a) una fuerza física. Ambos sentimientos complementarios se hacen así de algún modo eternos, primarios, radicales.




Ya que el amor y el odio han sido fuertes desde siempre, lo serán para
siempre; y no creo que el fin de los tiempos esté libre de estos gemelos
.
Fr. 16

Fijémonos ahora: el amor une, el odio separa. Hablamos de fuerzas cósmicas. ¿Es posible que se dé el uno sin el otro? Sin la fuerza de la separación no seríamos dos, no seríamos múltiples. ¿Qué habría, pues, que desear? ¿No sería, así, el amor, una búsqueda de esa unidad primigenia, una necesidad de ampliar nuestro ser disolviéndolo en la amalgama con otro?





Mientras en el Uno todo se unifica a través del amor; así ,
también lo mismo es llevado a través del odio al enfrentamiento. Y en la medida
en que el Uno continua queriendo ser multiple, y lo Múltiple, de nuevo, brota de
la primaveral dispersión del Uno, del mismo modo tienen un momento de nacimiento
y de muerte; y del mismo modo que este intercambio no acaba, así los dioses lo
establecieron por siempre rodeando el círculo del mundo que mueven.
Fr.
17

domingo, 31 de mayo de 2009

Sobre el amor: introducción

Podemos decir casi sin ambajes que el amor es el tema por antonomasia de la poesía, la literatura, las canciones... Muchos son los temas tratados por los artistas, pero es raro que en grandes obras literarias, por ejemplo, no aparezca retratado, en cualquier episodio, el amor. ¿Pero qué se puede decir de lo que se ha reflexionado sobre este sentimiento, que tantas cosas abarca? Podemos pensar que, aunque sea tan universal en el arte, ya que es un sentimiento, no resulta sin embargo relevante como tema filosófico. Aquí quiero ir presentando algunos apuntillos sobre su presencia en el pensamiento humano. Hoy comienzo dando una perspectiva general de este tema desde diversos puntos de vista.
REFLEXIONES FILOSÓFICAS
  • Empédocles
En este filósofo, el amor (filía) aparece reflejado como la fuerza que mantiene unidos los cuatro elementos, y que junto a su opuesto, el odio (neikos), constituyen las fuerzas cósmicas que explican el ser y el devenir.
  • Platón
Aquí encontramos este tema tratado, por primera vez en sí mismo y de forma filosófica, en El Banquete o Los enamorados. Los cuatro discursos que se plantean contraponen perspectivas sobre la naturaleza del dios Eros... o el no dios. Nos presenta una distinción entre el amor erótico, el amor espiritual, personificados en Afrodita Urania (amor espiritual) y Afrodita Pandemo (amor carnal), y un hermosísimo mito sobre la teoría de la media naranja. La influencia de su pensamiento en el Neoplatonismo y el impacto de éste en el Renacimiento nos dejan huellas tan hermosas como el significado de la alegoría de La Primavera o El jardín de Venus, de Boticelli.
  • Aristóteles
En Aristóteles el amor adquiere un protagonismo metafísico de enorme genialidad, al explicar el curso del mundo a partir del erotismo del Primer Motor Inmóvil. No carece también de reflexiones sobre las diferencias entre el amor entre iguales, entre desiguales...
  • Freud
En el creador del psicoanális aparece también un interesante y relevante papel del concepto de amor. Freud lo enmarca dentro de su concepción dinámica de la psiqué: los dos impulsos primarios son Eros y Thanatos.
  • Ortega y Gasset
En su ensayo El amor en El amor en Stendhal, este autor nos ofrece una interesante aunque desapasionada perspectiva del tema. Desmitifica lo que parece más hermoso de él, racionalizando con habilidad, al definir el enamoramiento como "estado de imbecilidad taransitoria".
ALQUIMIA
Curiosa disciplina para tener alguna relación con el amor, ¿verdad? Sin embargo, veremos que existe alguna relación entre este concepto y la piedra filosofal.
EL AMOR A TRAVÉS DE LA HISTORIA
Es interesante también hacer una reflexión sobre las distintas formas en que se expresa y destaca en las distintas etapas de la historia. Desde su papel en el mito de Eros y Psique, el amor a Dios y el amor cortés en la Edad Media y Renacimiento, la exaltación de la pasión en el Romanticismo, la influencia de la aparición del cine... Hay, como vemos, muchas posibilidades de reflexionar acerca del amor; hay gran pluralidad de formas y matices... que otros días iremos desgranando. Por hoy, baste esta introducción.