lunes, 20 de mayo de 2013

Corrección textos examen final Filosofía



COMENTARIOS DE TOMÁS DE AQUINO Y ORTEGA Y GASSET


Recuerda siempre que hay muchas cosas que se pueden extraer de un texto. Esto es sólo un ejemplo de cómo explicarlo, que sigue la estructura que habéis estudiado.  Debes siempre centrarte en extraer al máximo lo que tú entiendes, lo que sabes, sacar partido a tus recursos (no destacar tus carencias). De lo que leas aquí, piensa qué si podrías haber utilizado y qué no. Sobre lo segundo puedes preguntar, pero no te agobies, porque si sacas buen partido de lo primero habrás hecho un buen comentario.

Objeciones: por las que parece que Dios no es demostrable.

1. La existencia de Dios es artículo de fe. Pero los contenidos de fe no son demostrables, puesto que la demostración convierte algo en evidente, en cambio la fe trata lo no evidente, como dice el Apóstol en Heb 2,1. Por tanto, la existencia de Dios no es demostrable.

2. Más aún. La base de la demostración está en lo que es. Pero de Dios no podemos saber qué es, sino sólo qué no es, como dice el Damasceno. Por lo tanto, no podemos demostrar la existencia de Dios.



Tomás de Aquino, Summa de Teología, cuestión 2, artículo 2.


Tomás de Aquino se plantea el tema de si la existencia de Dios es demostrable o no. Para ello comienza situando las objeciones que se plantean a afirmar que sí es demostrable (como más tarde afirmará él, desarrollando para ello las famosas cinco vías). Su estructura argumentativa sigue siempre ese esquema: parte de las objeciones que existen, desde argumentos de autoridad; contrapone otros argumentos de autoridad que apoyen su planteamiento y finalmente desarrolla su argumentación racional.
 Las objeciones que plantea son dos:
¡. La existencia de Dios es artículo de fe. Eso significa que no es demostrable, pues la fe trata lo no evidente. Si fuera alcanzable por la razón, no necesitaríamos la fe. Plantea esta objeción porque viene dada por la propia Biblia, según él mismo la cita. Pero las citas, como todo, son interpretables, y lo que realmente intentará rebatir aquí es el modo en que esa afirmación bíblica puede ser interpretada para refutar la posibilidad de demostrar la existencia de Dios.
2. Para demostrar algo tenemos que partir de lo que es ese algo (de la definición de su esencia) pero de Dios no podemos saber lo que es, tan solo que es (es decir, que existe, algo que afirmamos por fe). De aquí también se desprendería que la existencia de Dios no es demostrable. Así lo explica Juan Damasceno, citando ahora una autoridad intelectual (el primer autor en hacer un compedio o summa teológica de la doctrina cristiana).
Frente a estas objeciones, Tomás de Aquino seguirá su planteamiento argumentativo habitual: pondrá otras contra argumentaciones basadas también en autoridades y, a partir de ahí, aportará su propia argumentación filosófica. Encuentra un artículo de fe en que apoyarse para justificar lo que va a argumentar no es contrario a la fe.(observa que esto lo puedes aplicar a cualquier fragmento de Tomás, teniendo en cuenta si está en objeciones, contraargumento o su propia argumentación filosófica). Desde ahí se planteará entonces, ya que parece que puede ser de alguna manera demostrable (a partir de sus obras), cómo llevar a cabo esa demostración, y formulará sus famosas cinco vías, las cuales parten todas (por influencia aristotélica) de algún fenómeno conocido, perceptible por los sentidos, a la deducción de una primera causa incausada.





El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto? La respuesta del racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y a mañana –por tanto, ultravital y extrahistórico-. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.



Ortega y Gasset: El tema de nuestro tiempo


Ortega se está planteando aquí cómo es posible que conozcamos alguna verdad, para lo que contrapone su propia teoría a la idea tradicional que se tenía de “verdad”, haciendo una crítica de la respuesta racionalista, cuya concepción de la razón como pura y unitaria intenta superar.
Comienza definiendo el conocimiento como “adquisición de verdades”; pero ¿qué ha de entenderse por “verdad”? La verdad sería una correspondencia entre lo que pienso del mundo y lo que el mundo es, por eso dice que en ellas se nos manifiesta “el universo trascendente”, al que califica de “transubjetivo”. Con ello hace referencia a su cualidad de no ser relativo a un solo sujeto, sino algo que trasciende al sujeto, algo en lo que todos los sujetos deberían estar de acuerdo porque es exterior al sujeto mismo.
Cuando define las verdades como “eternas, únicas e invariables” está haciendo referencia a esa visión tradicional, sostenida especialmente por el racionalismo, de que la verdad es única, que se identifica con lo eterno e inamovible de las cosas. Para entender que la verdad conserve esas cualidades (única e inamovible, idéntica por tanto para todos) hay que entender el sujeto desde una perspectiva abstracta como idéntico a cualquier otro. Lo racional, identificado con lo eterno e invariable (lo que es, lo que permanece) es igual para todos. Si partimos de esta concepción de la razón, y entendemos, como el Racionalismo de la Modernidad, que el sujeto es racional (Descartes hablaba de la “luz natural de la razón” y Kant establece una crítica de la “razón pura”) entonces todos los sujetos son necesariamente iguales. Esa es la respuesta “taxativa” de los racionalistas, que no contemplan la racionalidad como algo vital, como una función de la vida, sino como una facultad única (pura) de captar verdades eternas. Por eso dice que el sujeto para los racionalistas tiene que ser “transparente, sin peculiaridad ni color alguno”, es decir, para concebir esa “insaculación” de “La verdad” en el sujeto, hay que negar su individualidad, su peculiaridad. “Ayer igual a hoy y mañana”, es decir, a-histórico. Ortega y Gasset opondrá a esto una visión vital de la razón, intentando superar la dicotomía que se plantea entre la concepción dogmática de los racionalistas sobre el conocimiento o la escéptica de los relativistas,  así como la de los vitalismos, que reducen al hombre a impulso. Para Ortega, lo real es lo individual (como corresponde a la filosofía contemporánea en general, como corresponde al “tema de nuestro tiempo”). Nuestra (su) generación tiene que asumir el nuevo descubrimiento, el nuevo tema que nos ocupa: que la realidad es no sólo vital sino también histórica.  Esa es la realidad radical: el sujeto individual en relación a su circunstancia: su vida y el momento histórico que le toca vivir. La razón no se opone a la vida: se explica a partir de ella (y no a la inversa). Por ello, su filosofía se definirá como raciovitalismo y raciohistoricismo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Comentarios de texto de Marx


 

 
De donde se desprende que todas las luchas que se libran dentro del Estado, la lucha entre la democracia, la aristocracia y la monarquía, la lucha por el derecho de sufragio, etc., no son sino las formas ilusorias bajo las que se ventilan las luchas reales entre las diversas clases (de lo que los historiadores alemanes no tienen ni la más remota idea, a pesar de habérseles facilitado las orientaciones necesarias acerca de ellos en los Anales Franco-Alemanes y en la Sagrada Familia). Y se desprende, asimismo, que toda clase que aspire a implantar su dominación, aunque ésta, como ocurre en el caso del proletariado, condicione en absoluto la abolición de toda forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general, tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general, cosa a que en el primer momento se ve obligada.


 

Marx: La ideología alemana, 264-279.

 

El texto explica cuáles son las condiciones de la lucha de clases y cómo ésta es el condicionante de la historia, a lo largo de todas las épocas, y frente a otras concepciones de la historia que se imponen en su época.

Comienza exponiendo que los diversos cambios políticos (democracia, monarquía, etc.) no son sino fruto de la lucha de clases. El origen de los cambios históricos, pues, no es ideal (meramente ideológico), sino material (las condiciones de vida e intereses de las distintas clases sociales). Cada clase social tiene sus propios intereses, que dependen de las condiciones sociales en que se encuentran. Son esos intereses los que provocan la confrontación y fomentan la lucha. La confrontación de las distintas organizaciones políticas, en cuanto ideologías, son, por tanto, ilusorias. Lo que se mueve detrás no es la creencia en uno u otro orden, sino la defensa de los propios intereses. Por ello concluye que “toda clase que aspire a implantar su dominación… tiene que empezar conquistando el poder político”, para “presentar su interés como el general”. El interés hace referencia aquí a las condiciones de vida, dependientes de las condiciones de producción. Éstas son la infraestructura; el poder político es la estructura que se desprende de esas condiciones, y lo poseen aquellos que dominan los medios de producción y pueden manejar la opinión pública, generando ideologías.

La finalidad de las ideologías, para Marx, es preservar el poder o hacerse con él. Por eso van a constituir la supraestructura, porque las considera derivadas del poder político y por ende de las relaciones económicas.

Esta realidad histórica, concebida de tal modo por Marx, que se define como materialismo-dialéctico-histórico, no ha sido comprendida, nos dice, por los historiadores alemanes. Aquí está haciendo una crítica al idealismo hegeliano. Aunque Hegel introduce la historia, el devenir o la evolución en la filosofía (en la explicación de la realidad última) cree que esa historia se desenvuelve a través de la idea, de la confrontación dialéctica de las distintas ideas. Marx asume esa evolución dialéctica, consistente en la confrontación y la lucha de dos polos opuestos, pero parte de una realidad material, no ideal, y esa realidad material se expresa en la historia en las distintas clases sociales, a las que opone como tesis y antítesis en dos grupos: los que poseen los medios de producción y los que trabajan. Por eso en el texto no habla directamente de épocas o regímenes, con sus ideologías, sino directamente de clases, y en su época concreta hace una alusión directa al proletariado, la clase explotada. Ésta, señala, para acabar con su explotación, tiene que hacerse primero con el poder político. Entonces podrá defender sus intereses, porque la historia evoluciona por la lucha de cada clase social por sus propios intereses. En su explicación del devenir histórico, Marx está adelantando aquí lo que plantea como el nuevo estadio de superación del estado capitalista: la dictadura del proletariado.

 
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Ideas:

- Presentación de ideologías o supraestructuras, dependiendes de distintos órdenes políticos -> explicación de su origen (infraestructura) en la lucha de clases.

 (conceptos a manejar):
· Estructura (poder político), ideologías (regímenes políticos), intereses.
· Lucha de clases.
· Proletariado.

- Crítica a la concepción de la historia hegeliana.
 · Historiadores alemanes -> idealismo hegeliano: concepción dialéctica de la realidad pero a partir de la idea (relación con ideologías).



La producción de la vida, tanto de la propia en el trabajo como de la ajena en la procreación, se manifiesta inmediatamente como una doble relación: de una parte, como social, en el sentido de que por ella se entiende la cooperación de diversos individuos, cualesquiera que sean sus condiciones, de cualquier modo y para cualquier fin. De donde se desprende que un determinado modo de producción o una determinada fase industrial lleva siempre aparejado un determinado modo de cooperación o una determinada fase social, modo de cooperación que es, a su vez, una “fuerza productiva”; que la suma de las fuerzas productivas accesibles al hombre condiciona el estado social y que, por tanto, la 2historia de la humanidad” debe estudiarse y elaborarse siempre en conexión con la historia de la industria y el intercambio.


Karl Marx: La ideología alemana. Introducción, apartado A.



 
El tema del texto es el fundamento del materialismo dialéctico histórico.

Parte de explicar la naturaleza de la vida humana; la propia de su ser animal (la producción de la vida) y la específica del hombre (su naturaleza productiva, su trabajo).

Para entender el desenvolvimiento de la historia hay que partir de esta naturaleza material y social del hombre. Por ello parte de esa “producción de la vida”. Un hecho histórico fundamental es que el ser humano tiene que cubrir sus necesidades, alimentarse, algo que va desarrollando de formas cada vez más complejas según se complejizan los medios de producción. El ser humano necesita cooperar; cada “modo de producción” configura un determinado orden social, compuesto de determinadas “fuerzas productivas”. Su materialismo se manifiesta en esa concepción de la historia de la humanidad como inseparable de la historia de la industria y el intercambio; es decir: el fundamento de naturaleza y el ser del hombre es la economía, a la que denomina “infraestructura”. Esta concepción supone un rechazo a la concepción idealista hegeliana de la historia, a la que critica.

Ese desarrollo histórico, que hay que entender desde el desarrollo de la producción y su reparto (la industria y el intercambio), sigue las leyes de la dialéctica. Cada “fuerza productiva” es un polo que se opone a la propiedad de los medios de producción. Marx recibe la influencia de la izquierda hegeliana: frente al idealismo dialéctico de Hegel, esa rama propugna que la base de la realidad no es la idea sino la materia. De ahí que Marx asuma ese desenvolvimiento dialéctico de la historia no como una dialéctica de ideas, sino de fuerzas de producción. La base de la dialéctica estaría en la realidad misma: la naturaleza, la vida entera se desenvuelven a partir de la oposición generativa de dos polos opuestos, que dan lugar a un tercer elemento que a su vez encierra su propia contradicción. En cuanto ser natural, el hombre se relaciona también de forma dialéctica con la naturaleza (transformándola), y en cuanto ser social los humanos se relacionan de forma dialéctica entre sí, relación que se manifiesta en la lucha de clases.


jueves, 28 de marzo de 2013

Cortiblog 40


It is, in fact, asking for trouble if you are more altruist than the society that surrounds you.

Mark Tietjens: "If you live among dogs they'll think you've the motives of a dog. What other motives can they give you?"

Ford Madox Ford: Parade's end

domingo, 20 de enero de 2013

Cortiblog 39

El uso del lenguaje dice mucho del carácter de los pueblos.

A menudo confundimos la inteligencia con la falta de escrúpulos.

Esther C. García Tejedor

sábado, 29 de diciembre de 2012

Una nueva sociedad, una nueva ideología: La Tercera Revolución Industrial

UNA NUEVA SOCIEDAD, UNA NUEVA IDEOLOGÍA
DEL PODER VERTICAL AL PODER LATERAL

     ¿Qué relación pueden tener las energías renovables e Internet? ¿Qué relación tiene la crisis con el agotamiento del petróleo? ¿Cómo se relacionan la Primavera árabe con las revueltas en todo el mundo contra los poderes fácticos y la crisis de la Política en el mundo occidental? Éstas y otras preguntas tienen respuesta en este libro, que estudia las transformaciones económicas en función de dos parámetros coordinados: las fuentes de energía y las de comunicación.
     En el título hablo de una nueva ideología. ¿Qué nos puede aportar la lectura de este libro sobre cómo avanzar hacia la implantación de energías renovables, entre otras cosas, para enfrentarnos al abuso de poder que estamos sufriendo entre la indignación y la impotencia? Claves para cimentar, desde el estudio de la realidad presente, una nueva ideología desde la que derribar las lacras de las ideologías pasadas, que nos mantienen en un estado de irrealidad, desesperanza y penuria. Claves para iniciar la recuperación de la perspectiva de la realidad y, desde ella, generar la construcción del futuro. Claves para acabar con el poder vertical.
 
      La política actual está en crisis por diversas razones:
1. Los políticos presentan desde hace tiempo una imagen al pueblo en general como casta aparte, como dueños de un poder alejado de los intereses del pueblo -en contra a menudo, como muestra la generalizada corrupción-, más que como sus representantes. La política, como la economía, necesita sustentarse de confianza, y la ha perdido.
2. La falta de confianza no se dirige solo hacia las personas que ejercen la política, sino hacia las ideologías mismas. Las ideología actual sigue los viejos patrones de contraste derecha-izquierda, acordes con la realidad del siglo XIX más que con la nuestra. Es un patrón que ya sólo emana actitudes pasionales, no genera ningún diálogo racional.
3. Esto causa que las nuevas generaciones se sientan cada vez más desligadas de la política. El idealismo y la rebeldía propias de la juventud están dormidas bajo la manta del hedonismo de un ocio vacío y sin futuro. Pero la causa no puede encontrarse en un mero defecto de las nuevas generaciones -el discurso contra la juventud es un tópico de cada generación cuando envejece y ve en peligro su poder-. La causa está en una falta de ideologías que respondan a su verdadera realidad  social y vital.
   ¿Queremos un futuro, una esperanza, una juventud motivada a la responsabilidad, a la lucha por una sociedad mejor? Hay que reflexionar sobre la creación de una nueva ideología, que pasa por revisar los patrones ya caducos de las que ahora nos rigen. Necesitamos, como dice este autor, un nuevo relato.

     Pero, ¿cómo se generan las ideologías? Marx veía en las ideologías, en su definición negativa, formas de ocultar al pueblo la realidad. Podríamos decir que las ideologías tienen como fundamento, cuando se anclan, preservar un orden determinado de cosas. Ahora, bien, en su nacimiento, las ideologías son un producto cultural que surge en un contexto histórico determinado como intento de dar respuesta a los problemas de la época. Cuando pierden su contacto con la realidad se anquilosan, y se convierten en esa imagen falsa de la realidad que paraliza la acción. Cada sociedad debe revisar su propia realidad para enfocarla a la justicia, la creatividad y la evolución. Ése, creo, es el momento en el que estamos: la realidad se ha transformado demasiado para que los viejos esquemas ideológicos (proletarios y empresarios, izquierdas y derechas, administración pública y privada, el concepto de propiedad privada en sí...) sigan funcionando.
        Las ideologías, en su momento de surgimiento fresco y activo, no se limitan a describir, sino que intentan responder a los problemas que la sociedad les presenta. Dado que la sociedad cambia a lo largo del espacio geográfico y el tiempo, hay que hacer una reflexión sobre la nuestra. Para generar una nueva ideología constructiva hay que:
1. analizar los factores económicos, culturales y sociales, nuevos y específicos de nuestra sociedad.
2. Analizar la nueva mentalidad y los nuevos valores que se desprenden de esos factores.
3. Sólo a partir de ahí, formular propuestas de mejora, buscando cómo adaptar esa nueva mentalidad hacia valores universales de justicia y bienestar.
 
   Vayamos al primer punto. En esta obra, Jeremy Rifkin ofrece claves para entender la crisis hipotecaria desatada en 2008 y nos ofrece formas de dar sentido a los acontecimientos que están marcando el final del siglo XX y el principio del siglo XXI. Nos explica cómo las dos primeras revoluciones industriales (la del carbón y la del petróleo), basadas en combustibles fósiles, exigían tales cantidades de dinero para la extracción del material energético que solo la asociación de grandes fortunas y la aparición de la Bolsa podía manejar ese sistema económico. La construcción de infraestructuras como el ferrocarril llevaban consigo el mismo sistema económico capitalista y la separación del pensamiento de la acción: si con la primera surgieron los clásicos capitalistas propietarios, con la segunda aparecen  los ejecutivos y directivos de grandes empresas. El sistema educativo se ve afectado por esa necesidad de educar en la obediencia y la productividad, así como en la necesidad de no compartir información (surge también la propiedad intelectual y las patentes).
    Hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a una verdadera revolución tecnológica que está alterando los cimientos de las viejas infraestructuras y de las viejas mentalidades asociadas a ellas. Los cambios en la comunicación han traídos auténticos cambios en la percepción del espacio y el tiempo,así como del capital (aparece un nuevo concepto: el "capital social" como valor: la cantidad de gente con que compartimos información). El acceso a la información se ha convertido en un valor en sí mismo, con el mismo rango -si no superior- al valor de la propiedad de bienes materiales. La propiedad intelectual misma, fruto de los esquemas económicos e ideológicos surgidos en los siglos XVIII y XIX, está tambaleándose frente al constante intercambio de conocimientos de tecnologías, aplicaciones, información intelectual en general cuyo funcionamiento se basa fundamentalmente en la premisa de ser compartidos. A estos se une otra revolución fundamental: las nuevas energías renovables son también de naturaleza distribuida; están en todas partes y fácilmente al alcance de todos, si entran en funcionamiento con la celeridad que sería deseable. El mismo paradigma mecanicista de la Modernidad está viéndose alterado por un retorno al paradigma organicista, fruto de la necesidad de reflexión ecológica debida al cambio climático y la nueva dependencia de los ciclos de la naturaleza, que se desdibujó con la dependencia de las energías tradicionales basadas en la extracción de combustibles fósiles.

     Los cambios en el sistema económico están generando un inevitable e imparable cambio de mentalidad: Rifkin lo llama "poder lateral". Efectivamente, éste es el eje de la nueva ideología. Ni izquierdas ni derechas caducas, ninguna respuesta a cómo gestionar la riqueza en un sistema capitalista tradicional, sino una nueva forma de entender la manera de compartir y distribuir productos materiales, servicios y conocimiento. El poder vertical -tan cuestionado en nuestros días por los abusos que está cometiendo- ya no es necesario ni tiene sentido en un mundo donde la riqueza se está empezando a poder compartir de otra manera. Donde la misma riqueza se entiende ya de otra manera: el poder de comunicación y de disfrute se están conviritiendo en el nuevo eje del concepto de bienestar y de riqueza, frente a la acumulación de bienes materiales y la propiedad privada exclusivista.
     Lo que la lectura de este libro nos está abriendo también es una nueva perspectiva de lo que está ocurriendo: el viejo poder vertical, condenado a la extinción y fuente de la miseria que está ocasionando esta mala gestión de la crisis, se está defendiendo con uñas y dientes para preservar sus privilegios. Los mensajes sobre "recortes necesarios", "sacrificios para generar empleo", no son más que consignas con las que disimular la adhesión maligna al poder de unas castas que ya no son necesarias. Puede que toda esta crisis, que es una crisis del sistema capitalista tradicional, sea el marco de una lucha por el poder, entre el poder clásico vertical basado en la propiedad privada individual (véase la obsesión por privatizar y a qué manos tiende a ir el control del disfrute de servicios básicos, y por parte de quién se está intentando llevar a cabo) y un nuevo concepto de propiedad más democrática y de poder más repartido.
     La solución necesaria a esta crisis y a este malestar es un cambio en el propio sistema de poder, que hace de nuestras democracias -como ya intuimos todos- meras pantallas ficticias para el abuso de unos pocos sobre la mayoría. Ese nuevo poder está aún sin definir, sin formular en nuestras mentes.
     Marx concibió en su momento histórico, desde la ignorancia de una nueva infraestructura -la de la Tercera Revolución Industrial-, que la propiedad de los medios de producción se haría colectiva, primero a través de una dictadura del proletariado. Rifkin concibe otra forma de control de los medios de producción: lo define como capitalismo distribuido.
     Podemos compartir la visión de esa Tercera Revolución Industrial con el autor, o ver otros matices o posibilidades de desarrollo. Podemos compartir el optimismo por ese cambio hacia una mentalidad generosa, empática y social de que nos habla, o partir de otras bases. Pero no cabe duda de que, cuando menos, este autor nos ofrece un solar desde el que edificar una nueva visión de nuestra realidad y una nueva ideología. A mí me inspira la lucha de un poder caduco y opresivo contra uno joven, solidario, realmente democrático y esperanzador. Es, cuando menos, una oportunidad para generar una nueva ideología con la que armarnos para luchar. Una nueva ideología para una nueva sociedad.
 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Hay noticias que dan esperanza

Hay noticias que dan esperanza en la humanidad. Esperanza en la ciencia y esperanza en la ternura, cuando se ve que pueden aunarse. Juzgad por vosotros mismos y decidme si no enternece:


Antes del ensayo, Jasper era absolutamente incapaz de andar. Cuando lo sacábamos, empleábamos un arnés para sus patas traseras para que pudiera ejercitar las delanteras. Era desgarrador. Pero ahora no podemos evitar que pase zumbando alrededor de la casa e incluso puede mantener el ritmo de los otros dos perros que tenemos. Es absolutamente mágico".

Esta noticia, que ha sido extraida de www.elEconomista.es,.Puedes leer la noticia completa en la siguiente dirección: http://www.eleconomista.es/ciencia/noticias/4411268/11/12/Video-Perros-paraplejicos-corren-tras-un-trasplante-de-celulas.html