sábado, 29 de marzo de 2014

Cortiblog 44



Busca más el placer en la disensión intelectual que en el acuerdo pasivo porque, si valoras la inteligencia como debes, el primero implica mayor acuerdo que el segundo.

 
Octavo mandamiento de la inteligencia. Bertrand Russell: "Un catálogo liberal", en La mejor respuesta al fanatismo: liberalismo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Cortiblog 43

Las acciones referentes al derecho de otros hombres son injustas, si su máxima no admite publicidad.
Kant: Paz perpetua, Apéndice 2

domingo, 2 de marzo de 2014

Cortiblog 42

Comentaba Russell sobre McArthur y Stalin: “Su inteligencia y su imaginación son tan limitadas que nunca se desconcertaba ni un instante. "


Una de las cosas más penosas de nuestro tiempo es que aquellos que se sienten seguros son idiotas, y los que tienen alguna imaginación y entendimiento están llenos de dudas e indecisión.

Bertrand Russell: Nuevas esperanzas para un mundo cambiante, 1951.

domingo, 23 de febrero de 2014

Cómo enseñar Ética


PLANTEAMIENTO DE DILEMAS MORALES


         Nuestra sociedad adolece desde hace décadas de un relativismo moral que nos ha conducido a la actual situación de corrupción, crisis de valores y manipulación de discursos que ha conducido a un solipsismo lingüístico respecto al bien y al mal, lo justo y lo injusto. Ahora estamos indignados; clamamos por una justicia pero no sabemos nombrarla ni rebatir los manejos argumentales de los poderosos. ¿A qué apelamos? A los mecanismos más básicos de la conciencia (la empatía: “que se ponga en mi lugar”, es lo único que contestan los humildes sufrientes a quienes les explotan), pero a las conciencias de gente que no la tiene, o que parece haberla perdido.
¿Es posible enseñar ética? Sí. No sólo es posible sino urgente. Europa conquistó hace tiempo la autonomía moral, la independencia en el juicio y percepción del bien y de la justicia respecto a creencias y dogmas culturales, ya sean religiosos o de cualquier otra índole. Y en el corazón lo sabemos: que no todo vale, que hay cosas que están mal más allá de nuestra percepción y nuestros intereses. Huyendo del etnocentrismo cultural hemos caído en un egocentrismo moral, creyendo que cualquier opinión infundada o interesada es tan valiosa como otra que busque honestamente la verdad. La verdad no nos pertenece, está fuera de nosotros. Tenemos el deber de buscarla y respetarla.
Pero ¿cómo educarnos en la búsqueda de una verdad moral sin caer en supremacías culturales? Recuperando el concepto de ética formal. No demos órdenes ni respuestas cerradas: aprendamos a pensar. Aprendamos y enseñemos mecanismos para plantear los dilemas desde la razón, para darle voz al corazón. Los sistemas políticos y económicos no son fines, sino medios. Medios para alcanzar una convivencia justa, la supervivencia y la felicidad de todos. Sólo hay un fin digno de tal nombre: la dignidad humana. Revisemos racionalmente cualquier planteamiento de modo que lo llevemos siempre a tal fin.
Es sólo la cobardía de parecer dogmáticos lo que nos mantiene aletargados en el discurso autónomo sobre lo bueno y lo justo. Seamos valientes: exijamos una verdadera educación en ética, la que permite al individuo juzgar por sí mismo y escapar del yugo del discurso y los intereses ajenos.

Como pequeña muestra dejo aquí un planteamiento para abordar un tema tratado en clase. Hay que dar las herramientas formales para construir el propio juicio, no el contenido elaborado del mismo.
 

DILEMA: LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: ¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES?


¿Cómo planteo un dilema ante la libertad de expresión, si en sí misma es un derecho?

1.      Primero hay que ver con qué otro derecho puede chocar.
2.      Hay que establecer criterios que respondan a fines, y subordinar a éstos los medios.


I.     ¿Con qué puede chocar la libertad de expresión para plantear si es moral ponerle límites?

 

Para enfocarlo, habrá que ver primero qué podemos querer expresar; por tanto haremos una clasificación provisional de aspectos que se pueden expresar, para perfilar por partes con qué otros derechos pueden chocar.

 

Expresión                                             Puede chocar con
                                                                                                                                                                                 

· De ideas políticas                           · Derechos sociales de otros
· De ideas religiosas                          · Libertad de creencias de otros
· De sentimientos                              · Sentimientos y dignidad de otros
· De deseos…                                    · Efectos en la vida de otros…

Como vemos, y en cualquier tema relacionado con la libertad, los límites siempre nos los planteamos pensando en la misma libertad pero en este caso de otros. La libertad es, pues, en sí misma concebida como un fin o valor, pero como todo fin ha de ser accesible a todos, no sólo a unos pocos: ésa es la máxima de la moral, la universalidad.

II. ¿Desde qué criterios puedo decidir en qué medida el ejercicio de un derecho puede atentar contra otros y cuándo debe prevalecer un derecho sobre otro?

Sabiendo ya qué caracteriza el juicio o la acción moral tenemos establecido el criterio general para resolver cualquier dilema: el criterio moral ha de atender siempre a la definición de ser universal y desinteresado.
Pero aún nos queda conocer las circunstancias y ámbitos concretos que definen el tema tratado: la libertad de expresión.
Límites: universalidad (derechos de todo individuo por igual) y racionalidad.

Discriminación de criterios: contexto de la expresión

Para juzgar el impacto del ejercicio de la libertad de expresión debemos tener en cuenta el contexto en que se produce, para lo cual empezamos analizando los siguientes ámbitos:

Ámbito público/ámbito privado.

 

Genera acción colectiva / No genera acción colectiva

No hay respuesta inmediata: influye más en la opinión / Es posible la respuesta inmediata o desacuerdo

 

Ejemplos o aplicaciones: las redes sociales se usan a veces para expresar opiniones como en ámbitos privados, pero constituyen ámbito público.

 

Igualdad de condiciones/desigualdad de poder


La tendencia es a expresar lo que a uno le parece porque se lo puede permitir. Pero moralmente el planteamiento tendría que ser inverso: el poder implica responsabilidad. Está mal insultar, difamar o simplemente manifestar opiniones conflictivas y/o cuestionables a alguien que, por inferioridad, no puede defenderse o no se atreverá a contradecir una opinión política, religiosa o cualquier criterio sobre la vida. Si el sujeto que recibe la expresión emocional de otro no está en libertad de defenderse del mismo modo, la libertad debe controlarse.

Ejemplos o aplicaciones: nadie debe faltar al respeto a nadie, pero cualquier expresión emocional es más grave si se dirige de un jefe o superior de cualquier tipo a un subordinado. Un adulto no debe insultar a un niño pequeño. No se debe hablar mal de una persona ausente, etc. No está bien imponer ideas políticas, creencias o juicios desde una situación de poder.

¿Cómo aplicamos esto a los distintos campos de expresión postulados?

Ideas políticas:

Son las que se refieren a la administración del Estado y la justicia.
‒ Siempre que responden a un criterio de justicia para todos: universalidad.

Criterio para poner límites: no atentar contra grupos concretos, ya sean minorías o individuos concretos, en sus derechos reconocidos.

 Ideas religiosas:

Sobre el más allá, la relación de Dios con los hombres… En este terreno no hay pruebas ni demostraciones racionales. Por tanto, se deriva la libertad sin imposición. Suelen estar sujetas a dogmas establecidos y cerrados, religiones institucionalizadas o sustentadas en colectivos sociales que se ubican geográficamente como mayoritarias, según regiones o países. En cuanto creencias se oponen a otras creencias. La racionalidad debe prevalecer siempre sobre la creencia, en cuanto la primera es universal. La ética debe contemplarse con autonomía de preceptos religiosos (si se justifican normas éticas con creencias religiosas se cae en un reduccionismo).

Criterio para poner límites: las creencias expresadas no deben atentar contra grupos humanos (no defender la inferioridad de unos seres humanos sobre otros, como en el caso de los parias); no atentar contra derechos morales universales (la religión debe supeditarse a la moral, no a la inversa; no puede por tanto usarse como objeción de conciencia si no hay un criterio moral formal que lo sustente); esto implica también no atentar contra la seguridad de nadie (no se pueden permitir expresiones que inciten a atentados ni costumbres que impliquen “camuflajes”, como el burka). En caso de conflicto debe siempre prevalecer el interés general.

 
Sentimientos: hay que partir del derecho básico a ser uno mismo: concepto de identidad y de autenticidad.

Criterio para poner límites: no se puede ejercer una libertad de expresión emocional en caso de desigualdad de poder, ya sea debido a  relaciones jerárquicas o al contexto concreto en que se produce si implica una desigualdad de fuerza; el abuso de poder es un atentado a la expresión del otro.

Deseos: usamos el término aquí para referirnos a expresiones de lo que debería ser, peticiones y todo cuanto implique un cambio del estado de cosas. El derecho se limitaría desde el criterio de igualdad (si cualquier persona afectada puede replicar y sugerir sus deseos con el mismo poder).

Criterios para poner límites: en la medida en que la expresión de deseos sobre lo que debería ser u ocurrir implican una motivación a la praxis de los mismos, su formulación debe siempre respetar posibles deseos de otros y en la medida en que se expresen por representantes u organismos de poder deben sujetarse a racionalidad.)

Ejemplos: los proyectos políticos. Al ser expresados por autoridades políticas tienen más acceso a los medios de comunicación y a la posible coacción sobre grupos sociales no favorecidos o claramente opuestos en sus intereses a tales desideratas. (separatismos, imposición de sistemas políticos concretos...


Temas destacados en los dilemas propuestos por los alumnos y planteamientos que implican
 
·         Manifestaciones: derecho a la opinión pública. Implica, por el mismo valor, poder ser contestadas; si no, se rompe el diálogo social. Dentro de este tema, los escraches serían un medio y deben ser analizados como tal.

·         Abusos de poder en la expresión de sentimientos: jefe contra empleado; jefe de la CIA asesino. Lealtad empresa o institución, son códigos sociales frente a universales.

·         Defensa-reacción ante bulling.

·         Gays: discriminación social. Derecho a la afirmación de la propia identidad.

·         Grafitis: expresión artística y propiedad colectiva.


Herramientas conceptuales para el planteamiento de dilemas:

Autonomía moral/heteronomía (moral como identidad propia, ubicación en “factores altruistas” y en “reflexión racional”). Jerarquía de valores y clasificación de las mismas (universales o sociales). Conflicto de valores o de valores e intereses. Para el análisisis de los mismos: clasificación de los motores de la conducta (“egoístas” y “altruistas”, entendiendo éstos desde la propia identidad, con autonomía).

 

martes, 7 de enero de 2014

¿Qué ocurre con el poder?


¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO CON EL PODER?


Jeremy Rifkin, en La Tercera Revolución Industrial, plantea una interesante interpretación de la naturaleza de nuestra economía y, por ende, la semilla de su propia crisis. Hablaré en otro momento de su libro, aquí voy a adelantar un esquema de la estructura social del poder actual, basado en el origen de la energía, y por qué una nueva sociedad posible, con una economía realmente democrática, está resultando peligrosa para los actuales dueños del poder. Fíjense: no hay necesidad de cobrar lo que se cobra por la energía, ni de mantener la pirámide de gestores.




¿Ven alguna relación con la traba a las renovables y la obsesión de apropiarse de ella?
Pero, ¿por qué no se desmorona el poder y se impone esa nueva economía democrática?
Porque la economía no es la única forma de poder. Bertrand Russell (Power) habla de otras formas de poder: el poder bruto (la fuerza, las armas o el ejército), el poder de la propaganda (dominio de creencias y conciencias).
¿Qué estamos viviendo? Corrupción, abusos, pérdida de derechos y servicios, manipulación de la información… Estamos sumidos en un estado entre la indignación (fácilmente manipulable: se canaliza hacia nuevos “temas de controversia”) y el fatalismo (que igualmente se manipula con las inevitabilidad de las “medidas necesarias”). ¿Poder bruto? Impuestos, desahucios, paro, miedo a perder el trabajo…
En resumen, ¿cuál es el problema? No necesitamos el viejo poder. No sólo sobran los poderosos actuales sino que resulta costosísimo y dañino mantenerlos.
El cambio tiene que salir de la conciencia del pueblo, no de la violencia. Una sociedad consciente y culta sabe exigir. Comencemos por quitarles el poder de la propaganda, siendo críticos y reflexivos. Aunque oigamos y digamos tanto lo que les haríamos, que hay que ir a por ellos, etc., seamos inteligentes, seamos civilizados. Seamos nosotros los verdaderos dueños de lo que hace digno al hombre, que es el mayor poder.
El primer paso de concienciación:
Podemos tener el poder. No los necesitamos.

martes, 31 de diciembre de 2013

Que entre todos los creemos: ¡Feliz 2014!


La humanidad se ha convertido tanto en una sola familia que no podemos asegurar nuestra prosperidad sin asegurar la de los demás. Si quieres ser feliz tú mismo, tienes que aceptar a los demás también felices...
...Para encontrar la salida correcta de esta desesperación, el hombre civilizado debe agrandar su corazón como ha agrandado su mente. Debe aprender a trascenderse a sí mismo, y al hacerlo, alcanzar la libertad del universo.

Bertrand Russell: La ciencia de salvarse de la ciencia y La conquista de la felicidad.

jueves, 19 de diciembre de 2013


La ley del silencio

Ficha Técnica

Título original: On the Waterfront.
Estados Unidos, 1954.
Director: Elia Kazan.
Reparto: Marlon Brando, Eva Marie Saint, Karl Malden, Lee J. Cobb, Rod Steiger, Pat Henning, Leif Erickson, James Westerfield, John Heldabrand, Rudy Bond, Martin Balsam, John Hamilton.
Productora. Columbia Pictures. Productor: Sam Spiegel.

 

EL ARGUMENTO

En los muelles de Nueva York, el jefe del sindicato portuario, Johnny Friendly (Lee J Cobb), controla con métodos mafiosos la contratación de los estibadores; las personas que no transigen con él se ven así condenadas a la miseria. Pese a la ilegalidad de la situación, ésta se mantiene porque entre ellos impera la “ley del silencio”: quienes intentan denunciar la situación se enfrentan a ser asesinados.

El protagonista, Terry Malloy (Marlon Brando), un joven boxeador fracasado, es hermano de Charly Malloy (Charly “el señorito”), la mano derecha de Johnny, situación que le conecta con él como “protegido” para el que trabaja.

Atrapado en su entorno y forma de vida, Terry se deja llevar por la inercia y el conformismo. Su hermano mayor es su única familia y referente, y la obligada fidelidad a él le mantiene atrapado en esa inercia y en una negación de su propia conciencia, no sintiéndose capaz de enfrentarse a juzgar la inmoralidad o debilidad de su propio hermano.

La trama, centrada en la transformación y despertar del protagonista, se desencadena a partir de un acontecimiento: Terry se ve implicado involuntariamente en uno de los crímenes de Johnny, conduciendo a Joey Doyle a lo que será el escenario de su asesinato. Al impacto emocional de su conciencia se suman otros factores: conoce a Edie (hermana de Joey), por quien va a sentir una fuerte atracción. A través de ella recibe el mensaje y la perspectiva  del padre Barrie (Karl Malden) desde otro enfoque distinto al de su panda de mafiosos. Éste trata de animarlo para que acuda a los tribunales y cuente todo lo que sabe. Estos factores emocionales (el complejo de culpa y su amor por Edie) actúan como motores que van despertando su conciencia a la verdad de lo que ocurre y de su propia vida, produciendo en él una revolución moral que crece en tensión e intensidad con los acontecimientos, y que culmina al final de la película en un impactante desenlace.


COMENTARIO
 
La delación

La ley del silencio plantea como tema central el de la delación.
El tema de la delación es uno de los más controvertidos dilemas morales. ¿Se debe delatar una falta si no nos afecta directamente? ¿Dónde está la línea que separa ser honesto y ser chivato? En una situación así varios factores pueden complicar la respuesta: la relación con los culpables o las víctimas, la implicación en la situación… y la naturaleza de la situación misma.

La película maneja y retrata el impacto emocional de las palabras con que se plantea la cuestión: ser cobarde o valiente, leal o chivato. Dos enfoques interesados de un mismo dilema, que sólo puede resolverse analizando lo que esté en juego delatar y las motivaciones de tal delación.

En este caso el tema de la película se decanta de forma muy clara a favor del primer enfoque: se trata de una situación de abuso de poder, crímenes y coacciones que mantienen atenazados a cuantos se ven sometidos a ella, una situación con la que, moralmente, se impone acabar.

Como en todos los dilemas morales, la solución pasa por buscar y eliminar la ambigüedad argumentativa: el juego está en salir de la pregunta, mal formulada como dilema: si la delación es justa o no. La pregunta en sí encierra la trampa: no hay una respuesta única a si se debe o no “delatar” algo; dependerá de la naturaleza (perversa o justa, privada o pública, justificable o no) de lo que se trate de denunciar, y de la intención del que delata (si obra según su conciencia o según sus intereses), así como quizá de las consecuencias que de tal delación sean esperables. La ambigüedad está aquí, pues, en la misma pregunta, que encierra una falacia, porque obliga a una generalización errónea. La libertad de conciencia es, una vez más, la piedra angular que ayuda a enfocar este tipo de conflictos: ¿es libre Terry cuando obedece los deseos e intereses de Johnny o los de su hermano? ¿Qué verdaderos factores deciden su conducta?

El mismo director, Elia Kazan, fue acusado de utilizar el tema de la película para justificar su papel en la época de la llamada “caza de brujas” del senador McArthy. Muchos le acusaron de pretender comparar una banda de hampones con las víctimas de la persecución política que se vivió en esa época. Esa comparación es fruto de la generalización errónea de que hablábamos arriba, por lo que el dilema, más que resolverse, se disuelve al reformular los términos que hacen moral o inmoral una u otra conducta.

La evolución Moral

Bajo el tema patente y explícito de la delación se encierra otro más interesante y veraz: el del despertar de la conciencia moral de su protagonista, que responde a la cuestión de ser fiel a sí mismo. El protagonista, Terry, está atrapado en un contexto social desde el que ha crecido y que ha sido su única herramienta para enfrentarse al mundo. A modo de coraza, Terry se forja una imagen sobre las personas a las que está sometido: un hermano protector al que se siente leal, una fidelidad al poderoso que les da de comer y al que se obliga a sentirse agradecido para no reconocer su sumisión… Todo ello es fruto de su propio contexto.

Su vida se va desvelando en distintas escenas y conversaciones; desde pequeño ha vivido en un entorno agresivo donde se impone la lucha por la supervivencia. Su padre muere asesinado y su hermano mayor queda como su único referente. Éste, Charley, ha ido cayendo por una pendiente de corrupción víctima del mismo contexto, donde el único objetivo visible es sobrevivir del mejor modo posible: al lado de los poderosos.

Todo ser humano posee un umbral de la moral: ese punto donde los valores empiezan a pesar más que los intereses. En el caso de Charley el freno a su corrupción se impone cuando se ve obligado a mandar a la muerte a su propio hermano, al que ha criado.

El crimen en el que Terry se siente implicado involuntariamente le sacude emocionalmente y le obliga a plantearse sus verdaderos valores. Se retrata el despertar de su conciencia, despertar en el que interviene un factor externo: su encuentro con Edie Doyle (Eva Marie Saint). Ella le hace patente un discurso y una mirada vital distintos y opuestos a los únicos de que ha dispuesto hasta entonces.

El tema de la redención moral a través del amor es un clásico de arte, muy usado tanto en el cine como en la literatura (queda reflejado en estado puro en el mito de Don Juan). Hay también guiños a los obstáculos contra el amor verdadero, como en Romeo y Julieta. Pero aquí no hay Montescos ni Capuletos; no se trata de bandas rivales al mismo nivel, sino de una lucha del bien contra el mal, de la honestidad contra la corrupción y el abuso de poder.

Pero no es el mero amor a Edie lo que le transforma. La evolución que vive Terry es más bien un despertar del autoengaño en que está sumido. Edie es sólo una luz, una promesa de otra vida posible, de sus propios deseos, de sus propias tendencias. Su confesión ante las autoridades no es fruto sin más del deseo de Edie (de hecho, cuando va a verla le dice que “no hará” lo que ella quiere), ni tampoco la presión del sacerdote. La sed de venganza que se apodera de él por el asesinato de su hermano (a quien también quiere) es el empuje final, que el sacerdote canaliza hacia esa acción, en lugar del mero asesinato que planea, siguiendo el único código que conoce. Tras confesar la verdad sufre más presión que nunca: sus “amigos” le dan la espalda, le marginan en el  trabajo, la propia Edie le sugiere que huya… Pero Terry descubre su fuerza. Su enfrentamiento a Johnny es revelador: “me he estado traicionando a mí mismo”; ahora puede contestarle: no es él el donnadie de que le acusan.  Solo frente a todos y frente a todo, se da cuenta: Johnny es ahora el pobre hombre; “sin tu revólver y tus matones no eres nada”.

 El papel de la sociedad

La sociedad como elemento protagonista está aquí representada por los estibadores, trabajo en el que se ocupan la mayoría de los habitantes del barrio portuario donde se desarrolla la trama.

Junto con la evolución moral del individuo y los factores que motivan su conducta, es también fundamental analizar los factores que mueven a un colectivo y el modo en que este colectivo influye tanto en la educación como en el desenvolvimiento del individuo.

La ley del silencio no viene impuesta sólo desde arriba, desde el abuso de poder de Johnny Friendly y sus compinches, sino también desde abajo y en paralelo a quienes están sometidos a ella. Los intereses de los beneficiados y el miedo de todos generan ese “valor” nocivo, que impone el adjetivo peyorativo de “chivato” a quien se atreva a cuestionar las normas implícitas establecidas. Miedo, inercia, impotencia y egoísmo, son los primeros cimientos de esa conducta sumisa y cobarde. Los pocos que alguna vez han intentado denunciar han muerto: la situación se asume con fatalismo hasta enquistarse como norma de conducta.

Hacer evolucionar a la sociedad es aún más difícil que al individuo, aunque una vez surge el detonante el enardecimiento se contagia. Aparecen a menudo retratadas miradas pasivas, huidizas o cómplices de los estibadores, haciendo del entorno social con sus impulsos colectivos un protagonista más de la película: el triunfo final se refleja en ese cambio de la sociedad, cuando los estibadores despiertan como despertó Terry (y gracias a él) y se vuelcan en su apoyo, culminando en ese cambio social metafórico que supone la total victoria de Terry, transformado de fracasado en héroe triunfador.