sábado, 30 de octubre de 2010

Resumen textos de Aristóteles para Selectividad

ARISTÓTELES
RESUMEN CON COMENTARIOS
ÉTICA A NICÓMACO, II Y X, Y POLÍTICA I


(Escribo en verde y letra más pequeña la parte de texto que no caerá como textos en selectividad, pero que ayuda a enmarcar los textos que sí caen; los paréntesis en cursiva son aclaraciones mías).



ÉTICA A NICÓMACO

LIBRO II. Sobre los tipos de virtudes, el papel de la deliberación, el término medio y la relación de la virtud con los placeres y dolores. Virtud como modo de ser (ni pasiones ni facultades).

- Las virtudes son de dos tipos: éticas y dianoéticas (intelectuales o contemplativas). Las primeras se adquieren por enseñanza; las segundas por costumbre (ēthos  y ethos: ética y costumbre, similitud de ambas palabras). El buen legislador debe hacer adquirir buenos hábitos. Hay que adquirir un determinado modo de ser desde la juventud.
− Así pues, en este estudio hay que revisar lo relativo a las acciones (correspondencia de cada ciencia con su objeto). Aplicación de la recta razón: los que actúan deben considerar siempre lo que es oportuno (ética contextual, ciencia de lo particular).
− Las cosas se destruyen por exceso y por defecto. Virtud como término medio.

4-6

Virtud en relación con los placeres y dolores

− El placer sirve como señal de los modos de ser. La virtud moral se relaciona con los placeres y los dolores, pues son causa de que busquemos el mal o nos apartemos del bien. El placer es común con los animales y acompaña a todos los objetos de elección. El que se sirve bien del placer y el dolor será bueno; el que no, malo.

- Las acciones no son buenas o malas sólo en virtud de sí mismas, sino si el que las hace: a) sabe lo que hace; b) las elige, y por sí mismas; c) si las hace con firmeza e inquebrantablemente. Así, son justas y moderadas si se hacen como las haría un hombre justo. No basta con conocer la teoría (crítica al intelectualismo moral de Platón).

La virtud como modo de ser

- Tres cosas suceden en el alma: pasiones, facultades y modos de ser.
  · Pasiones (apetitos, ira, miedo, amor, odio…) todo lo que va acompañado de placer o dolor.
  · Facultades: capacidades en virtud de las cuales se dice que estamos afectados por esas pasiones (qué nos hace airarnos, entristecernos, compadecernos…).
  · Modos de ser: aquello en virtud de lo cual nos comportamos bien o mal respecto a las pasiones (si nos airamos, compadecemos, etc. demasiado o demasiado poco).
     Las virtudes no son pasiones ni facultades, sino modos de ser.

Naturaleza del modo de ser
- Hay que decir además qué clase de modo de ser es la virtud. “Toda virtud lleva a término la buena disposición de aquello de lo que es virtud y hace que realice bien su función” (concepción teleológica de la ética: función de los seres y finalidad de las acciones). Ejemplos: función del ojo: ver; virtud, ver bien. Hay, pues, que buscar la función propia del hombre. El virtuoso será el que realice bien esa función.

- Realizar bien es no excederse ni quedarse corto: término medio.
  · Definición de término medio:
(respecto a cualquier cosa, en teoría): lo que dista igualmente de ambos extremos. Es el mismo para todos. Ejemplo matemático: entre 10 y 2, tomamos el 6.
(respecto a nosotros): el que ni excede ni se queda corto. No es el mismo para todos (porque hablamos de acción, no de conocimiento teórico). En ética, el término medio de la acción es el relativo a nosotros. (e.: el peso ideal es relativo a cada uno, no común a todos). Respecto de la acción, por tanto, será tener las pasiones (ira, amor, compasión…) cuando es debido, como es debido y hacia lo que es debido.

(Concluye con la siguiente definición): “Es, por tanto, la virtud un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”.

(Objeción): no toda acción ni toda pasión admiten término medio: las malas en sí mismas (ejemplos pasiones: malignidad, desvergüenza, envidia…; acciones: adulterio, robo, homicidio…). Tampoco hay que buscar término medio de lo que de por sí es exceso o defecto (cobardía, desenfreno…) o de lo que de por sí es ya término medio (virilidad o valentía).

7 (ejemplos de virtudes como término medio entre excesos y defectos).


LIBRO X

Deliberaciones a cerca de la relación entre placer y bien. Tipos de placeres.

- Sobre el placer: unos dicen que el bien es placer y otros que el placer es malo.
· Refutación de lo primero: se argumenta que el placer se desea por sí mismo, no por otra cosa; pero esto sólo demuestra que es uno de los bienes, no más que otro cualquiera.
· Refutación de lo segundo: si fuera un mal sólo lo desearían los necios; pero también lo desean los inteligentes.
Otros argumentos: dicen no ser un bien por pertenecer a la especie de lo temporal, la generación; pero no es así. Contra que sea el bien: se desprecia al adulador y se aprecia al amigo, porque el primero se desea por placer y el segundo por bien, por tanto no todo placer es deseable.

Opiniones de Aristóteles sobre el placer
- El placer pertenece al género de cosas enteras y completas (como la visión, el punto, la unidad…; no hay movimiento ni génesis de estas cosas).
- El placer surge de las sensaciones; será mejor cuanto mejor o más excelente sea el objeto de la sensación. El placer perfecciona la actividad (p.e.: la actividad del músico es mejor si éste disfruta con la música).

Diferentes tipos de placeres

- Los placeres intensifican las actividades que les son propias, y hay distintos tipos de actividades. De hecho, el placer de unas actividades interfiere con el de otras (p.e., si me deleito mucho al sonar una melodía puedo cesar momentáneamente lo que estaba haciendo). Dado que las actividades difieren en su bondad o maldad, y unas son dignas de ser buscadas y otras evitadas, lo mismo ocurre con los placeres.
- Parece también que cada animal tiene un placer propio, dado que tiene una función propia. Entre los hombres también varían los placeres; hay que pensar que son buenos los placeres que deleitan al hombre bueno (ejemplo con la salud: el enfermo puede no disfrutar de un sabor dulce, como lo hace el sano). ¿Cuál hemos de decir que es el placer propio del hombre? Habrá que buscar las actividades propias del hombre perfecto y feliz.

6-8

Contenido de la felicidad

Habíamos situado la felicidad como fin de todo ser humano (resume lo concluido en Libro I sobre la felicidad. Eudemonismo). No es un modo de ser (la relaciona con las actividades). Se coloca entre las cosas deseables por sí mismas y no en virtud de cualquier otra cosa. Lo mismo ocurre con la virtud: lo bueno y noble se desea por sí mismo. La aparente felicidad de los poderosos (como la búsqueda de diversión) puede que no sea tal, pues quizá no han buscado un placer puro y libre, y pueden equivocarse en su elección igual que los niños. La actividad más preferible para cada hombre será la que esté de acuerdo con su propio ser (recordemos que la ética de Aristóteles es contextual; consiste en la realización de la propia naturaleza). La diversión es como un descanso, y el descanso no es un fin, sino la consecuencia de alguna actividad. La felicidad está en la actividad conforme a la virtud (recordemos que virtud es excelencia, perfección).

- La felicidad perfecta estará en relación con la virtud más perfecta (en el sentido de excelsa), y ésta es el intelecto (actividad contemplativa), que además es la actividad más continua. La felicidad perfecta está pues en concordancia con la sabiduría. Posee autarquía (independencia en el gobierno de uno mismo), aunque el sabio también necesite de otras cosas.

Comparación con virtudes prácticas y supremacía de la vida contemplativa (virtudes éticas, frente a la dianoética; relación de esta última con lo divino, desmarcándose de la concepción de alma como mero principio vital, aunque mantiene su idea de principio de actividad).
(Argumentos sobre esto:)
- La justicia requiere de otras personas sobre las que aplicarse; la sabiduría no. Es la que más se quiere por sí misma, pues de las actividades prácticas sacamos algún otro beneficio (recordemos de nuevo que su filosofía es teleológica y que el fin de cada ser es inmanente, presente en su naturaleza). Otras virtudes prácticas se ejercitan en la guerra y en la política, pero ambas actividades son penosas, en las que además se aspira a cosas externas como la gloria, grandeza u honores.

- Pero vivir sólo conforme a la vida contemplativa es más vivir como un dios, que como un hombre, pues la mente es la parte más divina del hombre, y debemos, en la medida de lo posible, inmortalizarnos.

- La vida conforme al otro tipo de virtud es secundaria, porque es más humana. La virtud ética está más unida a las pasiones y asociada íntimamente a la prudencia (sophrosyne, “razón práctica”). Mientras que otras virtudes requieren bienes externos (el liberal necesita riquezas que otorgar, y el justo para corresponder; el valiente, fuerzas…).

- Se discute si lo más importante de la virtud es la elección o las acciones (es decir, la intención del sujeto o la acción misma). La perfección de la virtud radica en ambas, y para las acciones se requieren muchas cosas. Pero el hombre contemplativo no necesita nada para su actividad aunque en cuanto que es hombre y vive con otros vive conforme a la virtud (se refiere a la ética frente a la dianoética).

- Otro argumento: consideramos a los dioses perfectos. ¿Los imaginamos llevando a cabo actividades prácticas, como contratos, riesgos, etc.? ¿Cuál será su actividad (pues alguna llevarán a cabo)? Si a un ser vivo se le quita la acción, le queda la contemplación. Otra prueba es que los animales no parecen participar de la felicidad porque no practican esa actividad (la contemplación).

- El ser humano, pues, participa de las acciones propias de humanos (éticas) y la divina (contemplativa), aunque lo primero no requiere sobreabundancia de bienes para la autarquía, sino los suficientes.

- Además, el que cultiva su intelecto debe de ser el más amado por los dioses (si éstos se ocupan de las cosas humanas, como se cree), pues es el más afín a ellos.

9. Transición de la ética a la política

Dado que la virtud se adquiere por hábito y se precisa quien nos guíe en ello, es preciso educar al pueblo desde su juventud en los buenos hábitos. Por ello necesitamos leyes. La ley tiene fuerza obligatoria y responde a la inteligencia y la prudencia. Se la respeta más como tal que las órdenes de los hombres. Deliberación sobre cómo puede uno llegar a ser buen legislador. Necesidad de examinar las constituciones existentes, como experiencia previa, para hacer de la política una ciencia.







POLÍTICA, LIBRO I

(Plural neutro: los asuntos de la polis o lo referente a la polis).

1-3

La comunidad humana: comunidad política y comunidad familiar.

- La ciudad es un cierto tipo de comunidad, y toda comunidad tiende a algún bien (de nuevo teleología como característica de la filosofía aristotélica; busca la causa final de cada comunidad, y en concreto de la comunidad política). Como comunidad soberana, es la que tiende al bien supremo (donde el hombre adquiere su plena realización).

- Diferencia entre gobernar una polis y gobernar una hacienda o una familia (amo-administrador-rey; no mera diferencia cuantitativa; −es rey si tiene poder absoluto y gobernante si manda y obedece: si se somete a leyes). (Demostración de esta diferencia) Como en toda ciencia, hay que analizar el objeto, descomponiendo los elementos de que se compone:

Génesis de la ciudad: familia, aldea, ciudad. Hombre como “animal social”.

(1) Los que se necesitan se emparejan: macho y hembra para la generación (por instinto); amo y súbdito por seguridad (por disposición natural de cada uno). Se observa ya una diferencia entre la función de la mujer y la del esclavo (diferencia que los bárbaros no ven) (los griegos, algo que manifiesta aquí Aristóteles, se consideran superiores a los bárbaros, pues buscan regirse por leyes deducidas por la razón y que respondan a un concepto de justicia y a una verdad, mientras los bárbaros se rigen por la voluntad de sus reyes).
De este modo, la comunidad natural generada para las necesidades cotidianas es la casa. A esto se suman necesidades no cotidianas comunes a varias casas (p.e.: el reparto de trabajo según grado de civilización, o la defensa…), y de la agrupación de casas surge la aldea. En sus formas más primitivas se rigen por reyes (aconseja y gobierna el más anciano; aún se rigen así los bárbaros) (Aristóteles está deduciendo la formación en el tiempo de los gobiernos: las agrupaciones tribales, en efecto, responden a este patrón, y se asocian los más cercanos y comunes, todavía imperando los lazos de sangre y la cercanía).

La comunidad de varias aldeas constituye la ciudad (recordemos que el término que utiliza es “polis”: ciudad-Estado, y hay que entenderlo más en el sentido de Estado, caracterizado por su soberanía y leyes comunes, no por el espacio físico que ocupa). Si las comunidades surgen para vivir, la finalidad del Estado es vivir bien (busca siempre la causa final: la finalidad, objetivo o función de cada elemento que estudia; la ciudad culmina la finalidad de las comunidades). La ciudad es la comunidad que se caracteriza ya por su autosuficiencia (realización: el concepto de hombre que utiliza es el de comunidad humana; un hombre aislado no se realiza como tal, porque no desarrolla su lógos).

Naturaleza del hombre como “ser social” (politikón), consecuencia de su “ser racional” (logikón, con lógos, palabra).
La razón de todo esto es la propia naturaleza del hombre como “ser social” (politikón) (recordemos la diferencia con la naturaleza meramente gregaria de las comunidades animales). El hombre, a diferencia de las demás comunidades animales, es social porque tiene palabra (lógos; el lenguaje humano es simbólico y genera conceptos; el de los animales es meramente denotativo). Los animales tienen voz y pueden transmitir sensaciones de placer y dolor; pero el hombre, con la palabra, concibe y manifiesta lo conveniente y lo perjudicial, lo justo y lo injusto. Así, el bien y el mal y los demás valores.

Por tanto, la ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, pues el todo es anterior a cada una de las partes (argumento teleológico e inmanente: la naturaleza de las cosas es su función y su realización –su ser en acto−; la naturaleza del hombre es desarrollarse a través su lógos –pues ese es su rasgo distintivo− en una comunidad autosuficiente; esta naturaleza llega a ser en acto en la ciudad-Estado). (Explicación de esto:) Todas las cosas se definen por su función y sus facultades; (la función de la ciudad es la realización humana, el vivir bien, por tanto) la ciudad es, pues, anterior al individuo (anterioridad lógica, no cronológica).

Dado que el hombre puede ser justo, y esto es lo mejor, el hombre injusto es el peor de los animales (como en los gobiernos, la corrupción de lo mejor es lo peor).

Administración de la ciudad
Vistas las partes, hay que ver cómo se administra. Examinando los elementos por partes, hay que estudiar las relaciones más simples: amo-esclavo, marido-mujer, padre-hijo.
• Relación amo-esclavo: opiniones: para unos el señorío es una ciencia; para otros la dominación va contra naturaleza.

4 y ss. (Opinión de Aristóteles) Para la casa, se necesitan las propiedades, como instrumentos, y el arte de adquirir. Los esclavos son propiedades e instrumentos animados. El esclavo es un subordinado para la acción. Esclavo es el que, por naturaleza, no se pertenece a sí mismo sino a otro. Mandar y obedecer constituyen una obra común, de ahí que la esclavitud sea un derecho natural. Similitud con las partes del hombre: el alma debe gobernar al cuerpo, y la inteligencia a la parte afectiva. (Defiende la esclavitud como parte de la estructura social pero intenta justificarla a partir de la naturaleza específica de los hombres: algunos nacen para amos y otros para esclavos; cree que es lícita la esclavitud de los bárbaros, pero no de los griegos.) Causas de la esclavitud: la naturaleza propia (no evidente) y la ley consuetudinaria de la victoria en la batalla. Hay esclavos, y también libres, que no lo son por naturaleza. No se es amo por adquirir esclavos, sino por saber servirse de ellos.

Sobre la crematística (arte de la adquisición) y la economía (arte de la administración). Dos usos de las cosas: su utilidad en sí mismo y como objeto de cambio. Sobre la moneda como objeto de cambio y el comercio. Sobre la economía doméstica.

Partes gobernadas y gobernantes: deliberación de las partes del alma y el papel social de los esclavos, las mujeres y los niños (el esclavo no tiene facultad deliberativa; la mujer la tiene, pero sin autoridad; el niño la tiene, pero imperfecta). Todos deben participar de las virtudes morales, pero de distinta manera (porque su papel en la sociedad es distinto y de distinta influencia). Es preciso que el que gobierna las posea de la forma más perfecta. Cara al todo que es la ciudad, hay que educar también a las mujeres y a los niños con vistas al régimen de gobierno, pues las mujeres son la mitad de la población y los niños la comunidad política futura.









domingo, 24 de octubre de 2010

A-E

VOCABULARIO FILOSÓFICO BÁSICO


Analítico: dicho de un juicio o proposición, aquél en que el predicado está contenido en el sujeto, p. e.; un triángulo tiene tres ángulos (ver también "sintético", por contraposición). La proposición aclara la naturaleza del sujeto, pero no añade nada nuevo a él.

A posteriori: después de la experiencia. Dicho de un juicio o proposición, elaborado con posterioridad a ella. Ejemplo: para saber si César pasará el Rubicón, es necesario que César pase el Rubicón.

A priori: antes de la experiencia. Dicho de un juicio o proposición, elaborado con anterioridad o independientemente de ella. Ejemplo: para saber que el todo es mayor que cada una de sus partes, no es necesario que examine cada todo o cada parte. Para saber si el número de alumnos de un colegio es mayor que el número de alumnos de un nivel, no es necesario que conozca el colegio.

Axioma: principio que, por su dignidad misma, debe ser estimado como verdadero. Posee certeza evidente; por ello pueden establecerse demostraciones a partir de él pero, por su naturaleza intuitiva o inmediata, no puede ser demostrado en sí mismo.

Categorías: condiciones bajo las cuales la experiencia se vuelve inteligible. Dicho de otro modo, las "formas de ser" o de "mostrarse el ser". Aristóteles afirmó que "el ser se dice de muchas formas". No es lo mismo ser yo, que ser un ser humano, que ser alto o bajo o de un color u otro, que estar aquí o allí... Son nociones abstractas dentro de las cuales se clasifican los entes. Pueden concebirse con entidad objetiva (Aristóteles) o subjetiva (Kant), en cuyo caso son estructuras mentales que condicionan y a la vez posibilitan el conocimiento.
Clasificación de las categorías de Aristóteles: Sustancia (hombre, caballo), cantidad (uno, dos…),  cualidad (blanco…), relación (mayor, menor…),  lugar, tiempo, situación (tumbado, sentado…), posesión, acción (habla, corre…), pasión (es conducido, es amado). Esto significa que, para Aristóteles, son las formas de presentarse el ser, mientras que para Kant son las formas en que nuestra mente concibe el ser; de ahí que su clasificación la lleve a cabo como "deducción trascendental de las categorías".
Clasificación de las categorías de Kant:Cantidad (unidad, pluralidad, totalidad), cualidad (realidad, negación, limitación), relación (sustancia y accidente, causalidad y dependencia, comunidad o reciprocidad entre agente y paciente), modalidad (posibilidad-imposibilidad, existencia-no existencia, necesidad-contingencia).

Contingente: opuesto a necesario. Tomás de Aquino lo utiliza en su sentido ontológico, como lo que puede ser y puede no ser. El ser contingente es el ser que es por otro o desde otro. Se utiliza en escolástica para mostrar la relación y separación entre el Creador y sus criaturas, así como su dependencia de éstas respecto a Aquél.

Corolario: del latín corolla, coronilla) proposición que no necesita prueba particular, sino que se deduce fácilmente de lo demostrado antes.
Criterio: signo o marca característica por el que algo es reconocido como verdadero.

Cultura: del latín cultivare, alude al desarrollo de las capacidades humanas según ciertas normas, pero su definición es polisémica y varía según el término al que se le oponga.
Con frecuencia se opone al término “naturaleza” como una dimensión distinta del ser humano. Ya los griegos hablaban de un “estado de natura” y un “estado de cultura”. Hoy en día se tiende más a ver la cultura como una emergencia de la naturaleza humana, lo que define la idiosincrasia de nuestra especie. Se distingue también entre la Cultura (concepto normativo) y las culturas (concepto antropológico) (ver, p. e., El malestar en la cultura, de Freud, y La construcción social de la realidad, de Berger & Luckman.
Se habla también desde ciertos sectores de culturas animales. Para especificar, la cultura como fenómeno propiamente humano se caracteriza por ser fruto del lenguaje simbólico (lógos).

Deducción: 1) razonamiento que pasa de lo general a lo particular (si todos los x son A, algunos x son A); 2) proceso discursivo que pasa de una proposición a otra hasta llegar a una que se considera la conclusión. Deductivo: dícese de ese tipo de razonamiento.

Determinismo: 1) cualidad de lo que sucede inevitablemente siguiendo un patrón determinado. Se aplica tradicionalmente a las leyes de la naturaleza, que no pueden ser violadas (hoy en día esta perspectiva está en revisión). 2) Creencia o corriente filosófica que sostiene que todo está determinado de antemano. Niega por tanto la libertad. Se asociaría al fatalismo. Una expresión moderna podría ser la creencia radical en la determinación genética de nuestra personalidad, o la determinación del entorno. Determinista: dícese de todo aquello que está necesariamente condicionado en el universo.
Devenir: (generalmente, mundo del) transcurrir, hace referencia a la transformación, lo cambiante, como todos los seres de la naturaleza, frente a lo eterno o lo que no cambia, que serían los principios de la realidad, estudiados por la metafísica. Es un concepto fundamental en las filosofías de Platón y Nietzsche.

Deontología: del griego deón, lo obligatorio, lo justo o lo adecuado; es la disciplina que estudia los deberes.

Determinismo: 1) cualidad de lo que sucede inevitablemente siguiendo un patrón determinado. Se aplica tradicionalmente a las leyes de la naturaleza, que no pueden ser violadas (aunque hoy en día esta perspectiva está en revisión). 2) Creencia o corriente filosófica que sostiene que todo está determinado de antemano. Niega por tanto la libertad. Se asociaría al fatalismo. Una expresión moderna podría ser la creencia radical en la determinación genética de nuestra personalidad, o la determinación del entorno.

Dialéctica: aplicable a diversos ámbitos. En el discurso, arte por el que de dos razones o argumentos (lógoi) opuestos se deriva una conclusión. En ontología, modo por el que se explica el devenir por medio de la contraposición de opuestos; relación de influencia mutua de dos polos.

Dialéctica platónica: corresponde a su epistemología o gnoseología (ver ambos). En Platón se distinguen dos formas de dialéctica: 1) método de ascenso de lo sensible a lo inteligible; 2) método de deducción racional de las ideas y sus relaciones. En el primero: observamos, p. e., todos los caballos particulares, y de sus propiedades comunes ascendemos a la idea de caballo. En el segundo, deducimos las relaciones de pertenencia, exclusión o participación de unas ideas y otras; p. e., la idea de “caballo” participa de la de “animal”, se opone a la de “perro”, participa de la de “movimiento”…

Dogmatismo: en religión, conjunto de los dogmas de fe. En filosofía, tendencia a atender sólo a los principios y no a los hechos o argumentos.

Empírico: referido a la experiencia (del griego empeiría, experiencia). Puede tener diversas acepciones; la más común es la epistemológica: conocimiento de los sentidos. Otras hacen referencia a la experimentación como método científico o a la noción de “vivencia”.

Empirismo: corriente o doctrina epistemológica que parte de que la base del conocimiento son los datos de los sentidos. Deriva del griego empeiría (experiencia). Como corriente filosófica de la edad moderna se contrapone al racionalismo (ver) y se da fundamentalmente en Inglaterra. Principales representantes: F. Bacon, Hobbes, Locke, Hume.

Ente: participio presente del verbo “ser”, lo que es. En griego, to òn-òntos, de ahí "ontología", estudio del ser en cuanto ser.

Epistemología: designa la rama de la filosofía que se ocupa del origen, naturaleza y correspondencia con la realidad del conocimiento. Deriva del griego episteme, que hace referencia al conocimiento de lo constante y necesario (frente a lo cambiante, lo práctico) y que se suele traducir como “ciencia”.

Escatología: tradado de lo postrero o lo último, se refiere en general a la vida de ultratumba. Hace referencia a lo que Julián Marías calificó, castellanizándolo, "ultimidades". Con frecuencia, y dado su significado, tiene referencias religiosas (aunque no necesariamente), y puede aplicarse tanto al fin del mundo (en sentido físico) como al destino del alma.
Escepticismo: corriente o actitud filosófica que niega que exista el conocimiento seguro.

Esencia: lo que hace que las cosas sean lo que son (que un hombre sea un hombre, una mesa sea una mesa…). En la filosofía clásica, tanto de Platón como de Aristóteles, se expresa en la definición. Platón la identifica con las ideas, y Aristóteles, aunque también utiliza en ocasiones ese término, lo acabará relacionando con el de “forma”. En su contraposición con "existencia", para Aristóteles se identificaría con la sustancia segunda.

Existencia: deriva del vocablo latino existentia, "lo que está ahí". Para Aristóteles, la existencia se entiende como sustancia (sub-stantia) o ousía. La existencia es la sustancia primera (ver), frente a la segunda que se corresponde con la definición (ser esto o lo otro). En cierto sentido, la existencia puede identificarse también con el ser en acto.
Hola a todos. Llevo mucho tiempo sin escribir, pero la mayoría de los que me leéis ya sabéis las noticias: tuvimos un accidente de tráfico y mi hermana salió bastante perjudicada. Gracias a Dios lleva dos días en casa y poco a poco intentaré volver a mi rutina.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Argumento del Fedón: resumen

ARGUMENTO DEL FEDÓN


Fedón habla con Equécrates sobre la última conversación con Sócrates la víspera de su ejecución y su actitud ante la muerte. Sócrates hace un discurso sobre la inmortalidad del alma y el destino del filósofo, dando pruebas de su actitud sosegada ante la muerte y el porqué de esa actitud. (Equécrates, Simmias y Cebes son pitagóricos).

I. Comienza Sócrates hablando del placer y el dolor. Alusiones religiosas a la purificación (como ritos) y a los misterios. Expresa su confianza en su destino: llegar junto a los dioses, porque hay algo para los muertos, mejor para los buenos que para los malos.

II. Afirmación de la inmortalidad del alma.

Definición de muerte como separación del cuerpo y el alma. El filósofo no se encarga de los cuidados del cuerpo, sino de los del alma, a la que los placeres del cuerpo perturban y contaminan. El alma aprehende la verdad cuando huye del conocimiento del cuerpo: cuando percibe las cosas en sí (ideas: de justicia, bien, belleza, tamaño, fuerza…), no las cosas que participan de ellas. (Correspondencia entre sabiduría y virtud; conocimiento o verdad como purificación del alma; alusiones a los misterios). Sólo teme morir el no filósofo: el que está más apegado al cuerpo que al alma.

III. Argumentos o demostraciones sobre la inmortalidad.

(alusión a un antiguo mito que dice que los difuntos llegan allí desde aquí, y viceversa)

↓ (PREEXISTENCIA)

1. Todo nace de su contrario. Si decimos de algo que se hace mayor es respecto a lo menor del tamaño anterior, y viceversa. Vivir es lo contrario de estar muerto. Si de lo vivo se origina lo muerto, de lo muerto se originará lo vivo; luego es necesario que las almas de los muertos existan en algún sitio.

2. La reminiscencia. Si conocer es recordar, es preciso que hayamos estado antes en algún sitio antes de llegar a la forma humana.
Prueba de la reminiscencia (desarrollada en el Menón, sobre teorema de Pitágoras): al ser interrogados, los individuos responden con relación a la verdad (e. de objetos geométricos). Las cosas que percibo se me presentan de un cierto modo (recuerdo del concepto). Explicación de una reminiscencia: unas cosas nos recuerdan a otras: un dibujo de un caballo a un caballo, o de una persona a un amigo suyo… 
Reminiscencia a partir de cosas semejantes y a partir de cosas diferentes. De lo semejante, advertimos que le falta o no algo en su parecido con aquello a lo que recuerda, porque tenemos el concepto de “lo igual” en sí mismo, no sólo de cosas iguales. Si percibimos cierta igualdad, pero la igualdad no puede ser desigualdad, es necesario que exista lo igual en sí. Si al ver un objeto intuyes otro, es necesario que sea un proceso de reminiscencia; lo mismo ocurre respecto a las cosas iguales y “lo igual”. Lo mismo ocurre con las cosas sensibles: nos recuerdan otra cosa a la que se parecen (su idea) pero respecto de la que son inferiores.

¿Cuándo aprendimos o contemplamos por primera vez los conceptos (como igual, mayor, menor…? ¿Al instante de nacer? Lo recordamos a partir de los sentidos; pero tenemos sentidos desde que nacemos, luego debe ser antes de nacer. ¿Por qué lo “recordamos” con los sentidos? Si el olvido es pérdida de un conocimiento que se tenía, entonces lo habíamos olvidado al nacer. Por tanto es correcto llamar recuerdo (reminiscencia) al conocer. (habla de la primera forma de dialéctica: de lo sensible a lo inteligible). Si recordamos unos conocimientos que no teníamos al nacer, entonces es necesario que existieran las almas antes de nacer, así como las cosas que contemplaba.

3. ↓ PERVIVENCIA TRAS LA MUERTE. (Objeción de Simmias)

Sobre lo que se descompone y lo que no.

A qué clase de cosas conviene sufrir el proceso de descomponerse y a qué clase no. Lo que se descompone es lo compuesto, no lo simple. Por tanto, hay que ver de qué naturaleza son el cuerpo y el alma, si simple o compuesta.
Lo que es siempre del mismo modo, es más probable que sean cosas simples, y lo que se presenta en condiciones y formas diversas, que sea compuesto. Lo igual en sí, lo bello en sí…, necesariamente se presentan siempre del mismo modo, no admiten cambio. La multitud de cosas bellas (personas, caballos, vestidos…) se presentan de formas diversas. Éstas puedes captarlas por los sentidos (tocarlas, verlas… conocimiento del cuerpo), mientras que las primeras sólo se perciben por el razonamiento de la inteligencia, pues son invisibles. El cuerpo es más afín al género de las cosas visibles, porque también es visible, mientras que el alma es invisible. El alma, cuando utiliza el cuerpo para conocer, se turba y se extravía, mientras que cuando contempla por sí misma se orienta hacia lo puro. Por tanto el alma es más afín a lo que es idéntico que a lo que no lo es (relación con el segundo modo de dialéctica: ascensión hasta la contemplación de las ideas en sí).
Cuando muere, pues, una persona, a su parte visible (el cadáver) le corresponde disolverse, mientras que el alma, marchará hacia un lugar noble y puro, invisible, el Hades en sentido auténtico (a- ideō, no visible), a la compañía de la divinidad buena y sabia.El alma “se separará pura, sin arrastrar nada del cuerpo", si se ha apartado por su voluntad del cuerpo (filosofía como purificación). Entonces se va hacia lo que es invisible, divino, inmortal y sabio, apartada de errores, tensiones, pasiones… → referencia a los misterios órficos. Pero si se separa contaminada e impura por el trato constante con el cuerpo se hará pesada y será arrastrada hacia el terreno visible, por temor a lo invisible. De aquí deriva el tema de la reencarnación; en distintos animales según carácter en esta vida. Por ello hay que huir de los placeres y dolores, ligados al cuerpo (recordemos que son sensaciones, y que el alma se identifica con lo racional o espiritual).

Objeción de Simmias: concepción del alma como combinación de factores existentes en el cuerpo; metáfora de la lira y la armonía. El alma podría transmigrar de unos cuerpos a otros como la armonía de una lira a otra, pero si acabaran todas las liras el alma perecería.

Defensa de Sócrates (prevención contra caer en misología -odio a los discursos- y alusión a la vanidad de los sofistas). Identificación de la virtud con la armonía y de la maldad con la inarmonía. Si el alma es armonía, no puede participar de la inarmonía, luego todas las almas son buenas. El alma a veces se opone al cuerpo (no comer teniendo hambre, no beber…). Si el alma fuera armonía de partes del cuerpo, no podría hacer esto. Podemos dominar, incluso, los sentimientos, obligándonos a soportarlos.

(Sobre la naturaleza de la mente, alusión a varias teorías físicas -aire, fuego, sangre, cerebro...-, y por último a la inteligencia de Anaxágoras). Argumento de “la causa”: no es el cuerpo el que gobierna las acciones, sino el alma. Las cosas son lo que son por participación de las ideas (lo bello, de la idea de belleza).

Argumento de lo contrario: el tres participa de impar; lo impar se opone a lo par, pero no el tres al dos (dialécitca como deducción de las ideas; usa también como ascenso de lo sensible a lo inteligible, con los ejemplos de frío/caliente, nieve y fuego). Sin embargo, el tres se opone a lo par no por ser su contrario, sino por participar de lo impar.  Por tanto, para que un cuerpo esté vivo, debe tener alma. La vida se opone a la muerte; por tanto el alma no puede admitir la muerte.
Al demostrarse que el alma es inmortal, los malvados no tendrán escape de sus vicios, más que hacerse mejor y más sensatos.
Relato del daimon que acompaña al alma tras la muerte. Descripción del mundo subterráneo. Símil entre el fondo del mar y su superficie, y la tierra que habitamos y el cielo. Descripción de la “tierra auténtica”. Descripción del Tártaro, de donde manan ríos, siendo una masa de agua sin fondo ni lecho. Descripción de los cuatro ríos, donde las almas sufren distintas penalidades hasta volver a reencarnarse o ser arrojadas apara siempre al Tártaro. 

Océano (el más extenso y en círculo); Aquerusíade, donde van a parar las almas de los difuntos durante tiempos predeterminados y desde donde se envían de nuevo a las generaciones de seres vivos; entre ambos Piriflegeronte, un río de fuego, y frente a éste el Estigio (stygeo = odiar), del color del lapislázuli y que forma en su desembocadura la laguna estigia. Avanzando en sentido contrario se encuentra el Cocito (kókitos, lamento). En éstos se purifican las almas, salvo las tan corruptas que son arrojadas al Tártaro. En cambio, los que han llevado vida santa, ascienden a la superficie para llegar ala morada pura y establecerse sobre la tierra. Los más purificados por la filosofía viven completamente sin cuerpos para todo el porvenir y van a moradas más bellas.



sábado, 25 de septiembre de 2010

lunes, 20 de septiembre de 2010

Pautas para comentar un texto filosófico

PAUTAS PARA COMENTAR UN TEXTO FILOSÓFICO


Comentar un texto significa explicar su contenido, atendiendo a las características que lo definen. Un texto puede ser literario, histórico, filosófico... o incluso poseer varios de estos rasgos, con lo cual podremos comentarlo desde distintos enfoques. Algunos rasgos son comunes (como autor y contexto); otros, son específicos del enfoque. Como ya sabrás, si es histórico, hay que analizar de qué tipo de fuente se trata, su distancia en el tiempo de los acontecimientos que describe, la intención del autor, que determinará su grado de objetividad... Si es literario, habrá que atender a la forma en que está escrito: el género a que pertenece, el manejo de las palabras, figuras literarias... Para comentar un texto desde un punto de vista filosófico hay que atender a otros rasgos: a qué área de conocimiento pertenece el pensamiento que se expresa en él, qué significado específico que tienen los conceptos que utiliza ese autor, en qué coincide o se diferencia de su uso por otros autores, cómo se enmarca lo que el texto cuenta dentro de la historia del pensamiento... Para ello es conveniente distinguir en un comentario filosófico los siguientes apartados:

ESQUEMA: Antes de escribir, hay que buscar la estructura lógica de las ideas, ordenándolas en grado de importancia y estableciendo las relaciones que se dan entre ellas: principales y segundarias, argumentos y contra-argumentos, hipótesis y conclusiones... Para ello es necesario subrayar el texto, marcar partes, y hacer un borrador que refleje esa estructura lógica. Es necesario también fijarse en la estructura argumentativa: deducción, contraste de puntos de partida, reducción al absurdo... El esquema no se entrega, pero es necesario para hacer bien el resto.

TÍTULO: Expresar en pocas palabras el tema fundamental del texto. No debe ser ni demasiado general ni dejar fuera parte del contenido que se trata. La precisión del título denota ya el grado de comprensión del texto.

RESUMEN: Si hemos hecho un buen esquema, podremos expresar en pocas palabras las ideas principales del texto y la relación que mantienen entre sí. El resumen debe atenerse a lo esencial pero sin omitir ningún punto de la argumentación. Hay que omitir ejemplos, y tener muy en cuenta que estamos reflejando lo que defiende otra persona: no podemos añadir ni quitar nada de lo dicho, estemos o no de acuerdo, sepamos o no más de lo que ahí se cuenta. El resumen se ciñe siempre a los límites del texto.

COMENTARIO

Autor y contexto: señalar quién habla, la época y lugar donde vivió, y su contexto social y filosófico. Las circunstancias históricas, sociales y políticas de cada época y lugar condicionan los intereses e interrogantes que dan lugar a las distintas corrientes filosóficas. Según época y lugar, varía también no sólo el contenido sino el modo de plantearlo: un tema, aunque sea universal, se entiende y expresa de forma distinta según las épocas. Del mismo modo, cada autor posee su propio andamiaje conceptual con el que expresa su sistema de pensamiento. Si desconocemos este andamiaje (porque desconocemos al autor y su obra) podemos cometer errores de interpretación.

Tipo de discurso: clasificar el discurso según el tema que trata y la perspectiva desde la que es enfocado (puede haber más de una posibilidad). Se trata, simplemente, de decir de qué se habla en términos generales: del ser de las cosas, de su conocimiento, de los valores... Esta clasificación sitúa el tema en su perspectiva adecuada. En filosofía podemos destacar los siguientes niveles específicos:

• Ontológico: tratado acerca del ser de las cosas, definiendo o indagando a cerca de su naturaleza.
• Metafísico: muy relacionado con el anterior, trata de los primeros principios o la realidad última: por qué, en última instancia, las cosas son como son.
• Gnoseológico o epistemológico: trata acerca del valor y la posibilidad de conocer, o sobre la ciencia: su alcance y fundamento.
• Psicológico: trata de la naturaleza del alma, su relación con el cuerpo, los contenidos de la conciencia...
• Ético: trata sobre el modo adecuado de vivir y/o convivir, y las causas, axiomas o argumentos que lo justifican. Palabras clave son bien, valor, norma, conciencia...
• Político: trata sobre la perfecta configuración de un Estado
• Antropológico: tratado acerca del hombre: su naturaleza, valores, posición en el cosmos...

Comentario en sí
Una vez explicado el contexto y comprendido el tema de que se nos está hablando, estamos preparados para explicar (no repetir) las ideas que aparecen en el texto. Para ello necesitamos el esquema que hemos realizado previamente, cuya estructura se pasa a explicar ahora, ubicándolas en el pensamiento general de su autor. Aquí sí que añadimos cosas que no vienen en el texto, como la corriente filosófica que refleja, el sentido de algunos conceptos dentro de esa corriente o autor, la intención con que se escribe o a qué intenta responder, el tratamiento de ese problema a lo largo de la historia o su vigencia en la actualidad... Hay que tener en cuenta que explicar no es parafrasear: no podemos limitarnos a repetir el texto.

VALORACIÓN CRÍTICA

 No se trata de decir si nos gusta o no, o si estamos o no de acuerdo. Esto no sirve para nada si no damos razones de nuestros gustos o criterios. En cualquier valoración hay que atenerse a argumentos racionales, evitando juicios de valor u opiniones personales injustificadas, muy respetables pero impertinentes aquí. Lo que sí conviene tratar es la vigencia de lo que se afirma en el texto, su influencia o valor en el conjunto del pensamiento humano, la coherencia interna o la insuficiencia de las explicaciones que se den, posibles críticas de otros autores o corrientes de pensamiento, con los que habremos de compararlo... En las valoraciones, en principio, es preferible atenerse a lo que se conozca de estos aspectos. También se pueden hacer críticas personales, pero son difíciles y hay que tener cuidado, porque exigen un dominio muy preciso del pensamiento que vamos a comentar...


Esther C. García Tejedor



martes, 31 de agosto de 2010

Las reglas de la lengua, ¿con ciencia o con paciencia?

Una de mis pasiones es conocer el origen etimológico de las palabras. ¡Nos dice tanto sobre el modo en que el ser humano fragua el lenguaje, su significado! Cuándo se puso nombre por primera vez a una intuición, un concepto moral, un sentimiento... Pero no voy ahora a hacer una apología de tan noble rama del saber. Hablemos de otra utilidad: la ortografía.
  La ortografía es uno de los huesos de la expresión cultural, como bien saben muchos estudiantes. Como bien he sabido yo misma, que a pesar de haber sido una lectora voraz desde pequeña se ve que mi memoria visual es en exceso imprecisa... Siempre he pensado que todo se aprende mejor con lógica, y la etimología es el aspecto más lógico que se me ocurre  de la ortografía. Pero la lengua no es matemática pura. Gregorio Salvador comparaba su evolución con esquejes que tomamos de distintas lenguas que, una vez insertados, generan nuevos significados. Y es verdad que, como producto de seres vivos, evoluciona de un modo similar; la "selección natural" del uso hace en ella su trabajo. Por eso, la herramienta más cercana a la lógica para comprender la lengua es la etimología, mezcla de leyes lógicas y evolución.
Para aclarar las razones de esta disertación, he aquí el que fue motivo de una entretenida conversación: el desconcierto ante las palabras que empiezan por trans- y por tras-. Mi teoría era que, las que se admitan como tras-, tienen que estar también admitidas como trans-, el original latino. Al aplicar los eruditos la ley del "mocosuena", se puede admitir tras-. Ahora observemos las siguientes palabras:
Transporte - Trasporte
Transplante - Trasplante
Transbordo - Trasbordo

Pues he de reconocer que, en una al menos, me equivoqué. De hecho hasta me fui al diccionario de latín para ver si existía otra preposición tras-, distinta a trans-. El sentido en las tres me parece que es tan claramente el de de un lado a otro, más allá...

Confieso que no entendía el porqué de la excepción. Pero a veces nuestros sesudos académicos, que tanto hacen por el correcto decir y escribir, se encuentran con criterios enfrentados para determinar cómo se debe escribir una palabra. ¿hay que atenerse a la huella del origen etimológico? ¿Debe tenerse más en cuenta la fidelidad fonética? ¿En qué medida el uso hace ley o va en contra de la lengua?
Yo siempre he sido una gran defensora de la psicología frente a la sicología. Más que nada, por distinguir el discurso sobre el alma del discurso sobre los higos. Tampoco he entendido nunca por qué hay que influenciar, pudiendo tan ricamente influir (ya sé que existe "influencia", pero si seguimos jugando del sustantivo al verbo y del verbo al sustantivo, vamos a acabar "influencienciando").

Noble y ardua tarea tienen nuestros lingüistas para encontrar criterios que den una adecuada forma y perfil a esas cristalizaciones de la realidad efímera a las que llamamos palabras.
Recuerdo que hace mucho una alumna -jovencita ella, claro- se imaginaba a esos nobles eruditos de la RAE divagando apaciblemente, entre algún que otro bostezo y siestecilla, sobre los usos de antaño y hogaño, el noble origen griego o latino de prefijos, sufijos e infijos. Es posible que haya algo de esto; pero yo no puedo evitar imaginarme de otro modo a dos de las más recientes adquisiciones de tan noble institución a los que es inevitable asociar: Javier Marías y Pérez Reverte.



Sin ánimo de ofender. Pero me hace gracia imaginarlos gruñones, criticones y combativos, defendiendo el origen y grafías precisos de palabras como "oxoniense" (que al traducirse, oh, perderán su imagen autóctona de oxonians para adquirir la subjetiva mirada de un observador español), la grafía adecuada de bemeúves y güisquis o el exacto sentido y distinción de tordas y lumis.
En fin, aunque nunca he presenciado una sesión de la RAE, confieso que me apetecería porque me la imagino más divertida y dinámica de lo que a priori pudiera parecer.

Por cierto, que sepáis que trasplantar viene de tras- y plantar.