domingo, 20 de enero de 2013

Cortiblog 39

El uso del lenguaje dice mucho del carácter de los pueblos.

A menudo confundimos la inteligencia con la falta de escrúpulos.

Esther C. García Tejedor

sábado, 29 de diciembre de 2012

Una nueva sociedad, una nueva ideología: La Tercera Revolución Industrial

UNA NUEVA SOCIEDAD, UNA NUEVA IDEOLOGÍA
DEL PODER VERTICAL AL PODER LATERAL

     ¿Qué relación pueden tener las energías renovables e Internet? ¿Qué relación tiene la crisis con el agotamiento del petróleo? ¿Cómo se relacionan la Primavera árabe con las revueltas en todo el mundo contra los poderes fácticos y la crisis de la Política en el mundo occidental? Éstas y otras preguntas tienen respuesta en este libro, que estudia las transformaciones económicas en función de dos parámetros coordinados: las fuentes de energía y las de comunicación.
     En el título hablo de una nueva ideología. ¿Qué nos puede aportar la lectura de este libro sobre cómo avanzar hacia la implantación de energías renovables, entre otras cosas, para enfrentarnos al abuso de poder que estamos sufriendo entre la indignación y la impotencia? Claves para cimentar, desde el estudio de la realidad presente, una nueva ideología desde la que derribar las lacras de las ideologías pasadas, que nos mantienen en un estado de irrealidad, desesperanza y penuria. Claves para iniciar la recuperación de la perspectiva de la realidad y, desde ella, generar la construcción del futuro. Claves para acabar con el poder vertical.
 
      La política actual está en crisis por diversas razones:
1. Los políticos presentan desde hace tiempo una imagen al pueblo en general como casta aparte, como dueños de un poder alejado de los intereses del pueblo -en contra a menudo, como muestra la generalizada corrupción-, más que como sus representantes. La política, como la economía, necesita sustentarse de confianza, y la ha perdido.
2. La falta de confianza no se dirige solo hacia las personas que ejercen la política, sino hacia las ideologías mismas. Las ideología actual sigue los viejos patrones de contraste derecha-izquierda, acordes con la realidad del siglo XIX más que con la nuestra. Es un patrón que ya sólo emana actitudes pasionales, no genera ningún diálogo racional.
3. Esto causa que las nuevas generaciones se sientan cada vez más desligadas de la política. El idealismo y la rebeldía propias de la juventud están dormidas bajo la manta del hedonismo de un ocio vacío y sin futuro. Pero la causa no puede encontrarse en un mero defecto de las nuevas generaciones -el discurso contra la juventud es un tópico de cada generación cuando envejece y ve en peligro su poder-. La causa está en una falta de ideologías que respondan a su verdadera realidad  social y vital.
   ¿Queremos un futuro, una esperanza, una juventud motivada a la responsabilidad, a la lucha por una sociedad mejor? Hay que reflexionar sobre la creación de una nueva ideología, que pasa por revisar los patrones ya caducos de las que ahora nos rigen. Necesitamos, como dice este autor, un nuevo relato.

     Pero, ¿cómo se generan las ideologías? Marx veía en las ideologías, en su definición negativa, formas de ocultar al pueblo la realidad. Podríamos decir que las ideologías tienen como fundamento, cuando se anclan, preservar un orden determinado de cosas. Ahora, bien, en su nacimiento, las ideologías son un producto cultural que surge en un contexto histórico determinado como intento de dar respuesta a los problemas de la época. Cuando pierden su contacto con la realidad se anquilosan, y se convierten en esa imagen falsa de la realidad que paraliza la acción. Cada sociedad debe revisar su propia realidad para enfocarla a la justicia, la creatividad y la evolución. Ése, creo, es el momento en el que estamos: la realidad se ha transformado demasiado para que los viejos esquemas ideológicos (proletarios y empresarios, izquierdas y derechas, administración pública y privada, el concepto de propiedad privada en sí...) sigan funcionando.
        Las ideologías, en su momento de surgimiento fresco y activo, no se limitan a describir, sino que intentan responder a los problemas que la sociedad les presenta. Dado que la sociedad cambia a lo largo del espacio geográfico y el tiempo, hay que hacer una reflexión sobre la nuestra. Para generar una nueva ideología constructiva hay que:
1. analizar los factores económicos, culturales y sociales, nuevos y específicos de nuestra sociedad.
2. Analizar la nueva mentalidad y los nuevos valores que se desprenden de esos factores.
3. Sólo a partir de ahí, formular propuestas de mejora, buscando cómo adaptar esa nueva mentalidad hacia valores universales de justicia y bienestar.
 
   Vayamos al primer punto. En esta obra, Jeremy Rifkin ofrece claves para entender la crisis hipotecaria desatada en 2008 y nos ofrece formas de dar sentido a los acontecimientos que están marcando el final del siglo XX y el principio del siglo XXI. Nos explica cómo las dos primeras revoluciones industriales (la del carbón y la del petróleo), basadas en combustibles fósiles, exigían tales cantidades de dinero para la extracción del material energético que solo la asociación de grandes fortunas y la aparición de la Bolsa podía manejar ese sistema económico. La construcción de infraestructuras como el ferrocarril llevaban consigo el mismo sistema económico capitalista y la separación del pensamiento de la acción: si con la primera surgieron los clásicos capitalistas propietarios, con la segunda aparecen  los ejecutivos y directivos de grandes empresas. El sistema educativo se ve afectado por esa necesidad de educar en la obediencia y la productividad, así como en la necesidad de no compartir información (surge también la propiedad intelectual y las patentes).
    Hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a una verdadera revolución tecnológica que está alterando los cimientos de las viejas infraestructuras y de las viejas mentalidades asociadas a ellas. Los cambios en la comunicación han traídos auténticos cambios en la percepción del espacio y el tiempo,así como del capital (aparece un nuevo concepto: el "capital social" como valor: la cantidad de gente con que compartimos información). El acceso a la información se ha convertido en un valor en sí mismo, con el mismo rango -si no superior- al valor de la propiedad de bienes materiales. La propiedad intelectual misma, fruto de los esquemas económicos e ideológicos surgidos en los siglos XVIII y XIX, está tambaleándose frente al constante intercambio de conocimientos de tecnologías, aplicaciones, información intelectual en general cuyo funcionamiento se basa fundamentalmente en la premisa de ser compartidos. A estos se une otra revolución fundamental: las nuevas energías renovables son también de naturaleza distribuida; están en todas partes y fácilmente al alcance de todos, si entran en funcionamiento con la celeridad que sería deseable. El mismo paradigma mecanicista de la Modernidad está viéndose alterado por un retorno al paradigma organicista, fruto de la necesidad de reflexión ecológica debida al cambio climático y la nueva dependencia de los ciclos de la naturaleza, que se desdibujó con la dependencia de las energías tradicionales basadas en la extracción de combustibles fósiles.

     Los cambios en el sistema económico están generando un inevitable e imparable cambio de mentalidad: Rifkin lo llama "poder lateral". Efectivamente, éste es el eje de la nueva ideología. Ni izquierdas ni derechas caducas, ninguna respuesta a cómo gestionar la riqueza en un sistema capitalista tradicional, sino una nueva forma de entender la manera de compartir y distribuir productos materiales, servicios y conocimiento. El poder vertical -tan cuestionado en nuestros días por los abusos que está cometiendo- ya no es necesario ni tiene sentido en un mundo donde la riqueza se está empezando a poder compartir de otra manera. Donde la misma riqueza se entiende ya de otra manera: el poder de comunicación y de disfrute se están conviritiendo en el nuevo eje del concepto de bienestar y de riqueza, frente a la acumulación de bienes materiales y la propiedad privada exclusivista.
     Lo que la lectura de este libro nos está abriendo también es una nueva perspectiva de lo que está ocurriendo: el viejo poder vertical, condenado a la extinción y fuente de la miseria que está ocasionando esta mala gestión de la crisis, se está defendiendo con uñas y dientes para preservar sus privilegios. Los mensajes sobre "recortes necesarios", "sacrificios para generar empleo", no son más que consignas con las que disimular la adhesión maligna al poder de unas castas que ya no son necesarias. Puede que toda esta crisis, que es una crisis del sistema capitalista tradicional, sea el marco de una lucha por el poder, entre el poder clásico vertical basado en la propiedad privada individual (véase la obsesión por privatizar y a qué manos tiende a ir el control del disfrute de servicios básicos, y por parte de quién se está intentando llevar a cabo) y un nuevo concepto de propiedad más democrática y de poder más repartido.
     La solución necesaria a esta crisis y a este malestar es un cambio en el propio sistema de poder, que hace de nuestras democracias -como ya intuimos todos- meras pantallas ficticias para el abuso de unos pocos sobre la mayoría. Ese nuevo poder está aún sin definir, sin formular en nuestras mentes.
     Marx concibió en su momento histórico, desde la ignorancia de una nueva infraestructura -la de la Tercera Revolución Industrial-, que la propiedad de los medios de producción se haría colectiva, primero a través de una dictadura del proletariado. Rifkin concibe otra forma de control de los medios de producción: lo define como capitalismo distribuido.
     Podemos compartir la visión de esa Tercera Revolución Industrial con el autor, o ver otros matices o posibilidades de desarrollo. Podemos compartir el optimismo por ese cambio hacia una mentalidad generosa, empática y social de que nos habla, o partir de otras bases. Pero no cabe duda de que, cuando menos, este autor nos ofrece un solar desde el que edificar una nueva visión de nuestra realidad y una nueva ideología. A mí me inspira la lucha de un poder caduco y opresivo contra uno joven, solidario, realmente democrático y esperanzador. Es, cuando menos, una oportunidad para generar una nueva ideología con la que armarnos para luchar. Una nueva ideología para una nueva sociedad.
 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Hay noticias que dan esperanza

Hay noticias que dan esperanza en la humanidad. Esperanza en la ciencia y esperanza en la ternura, cuando se ve que pueden aunarse. Juzgad por vosotros mismos y decidme si no enternece:


Antes del ensayo, Jasper era absolutamente incapaz de andar. Cuando lo sacábamos, empleábamos un arnés para sus patas traseras para que pudiera ejercitar las delanteras. Era desgarrador. Pero ahora no podemos evitar que pase zumbando alrededor de la casa e incluso puede mantener el ritmo de los otros dos perros que tenemos. Es absolutamente mágico".

Esta noticia, que ha sido extraida de www.elEconomista.es,.Puedes leer la noticia completa en la siguiente dirección: http://www.eleconomista.es/ciencia/noticias/4411268/11/12/Video-Perros-paraplejicos-corren-tras-un-trasplante-de-celulas.html


domingo, 28 de octubre de 2012

Corrección textos del Fedón


− ¿Y lo que debemos preguntarnos a nosotros mismos −dijo Sócrates− no es algo así como esto: a qué clase de ser le corresponde el ser pasible de disolverse y con respecto a qué clase de seres debe temerse que ocurra este percance y con respecto a qué otra clase no? Y a continuación, ¿no debemos considerar a cuál de estas dos especies de seres pertenece el alma y mostrarnos, según lo que resulte de ello, confiados o temerosos con respecto a la nuestra?

− Es verdad lo que dices −asintió Cebes.

− ¿Y no es lo compuesto y lo que por naturaleza es complejo aquello a lo que corresponde el sufrir este percance, es decir, el descomponerse tal y como fue compuesto? Mas si por ventura hay algo simple, ¿no es a eso sólo, más que a otra cosas, a lo que corresponde el no padecerlo?

− Me parece que es así −respondió Cebes.

− ¿Y no es sumamente probable que lo que siempre se encuentra en el mismo estado y de igual manera sea lo simple, y lo que cada vez se presenta de una manera distinta y jamás se encuentra en el mismo estado sea lo compuesto?

− tal es, al menos, mi opinión.

Fedón, 78b-c

Análisis: extraemos partes o ideas del texto, haciendo un esquema.
Plantea dos preguntas:
1. qué clase de seres se corrompen (son pasibles de -o sea, pueden padecer- disolverse) y con respecto a qué seres.
2. A cuál de estos seres pertenece el alma. (aquí percibimos ya la intención del texto, pues dice que la respuesta nos mostrará si debemos estar temerosos o no con respecto a nuestra alma, y lo que tememos respecto a ella es, obviamente, si es inmortal o no)
Respuestas: (vemos que sigue el planteamiento que ha propuesto respondiendo esas dos preguntas)
1. Lo que se puede descomponer es lo compuesto, precisamente por estarlo, y lo que no, lo simple, porque no podemos dividir las partes de lo que no tiene partes. (Está distinguiendo dos tipos de seres, que sabemos va a relacionar con lo que está compuesto de materia y lo que no; obviamente, podemos explicar, porque lo sabemos, que Platón distingue estos dos tipos de seres -dualismo ontológico-: los inteligibles y los sensibles).
2. (Ahora toca saber si el alma es un ser simple o compuesto). Lo lógico es que lo simple sea aquello que se encuentra siempre en el mismo estado, y lo que cambia o se presenta de distintas formas sea lo compuesto. (Sabemos a qué se refiere Platón; las cosas sensibles, materiales, se presentan de distintos modos, porque cambian y evolucionan; pero el alma es la parte humana que nos proporciona el conocimiento racional, es decir, de lo que no cambia -lo inteligible, es decir, las ideas, son siempre idénticas a sí mismas).
 
Ahora tenemos las piezas para redactar, comenzando por describir el tema del texto -la intención del autor, es decir, por qué nos dice lo que nos dice aquí, ubicando su argumentación).
 
     En este fragmento Platón, por boca de Sócrates, está buscando una demostración de la inmortalidad del alma. Habiendo ya demostrado la preexistencia de la misma por medio de la teoría de la reminiscencia, no había quedado aún claro si, aunque hubiera preexistido, no sería posible que se corrompiera tras la muerte. Así, declara su intención al declarar si debemos estar "confiados" o "temerosos" sobre nuestra alma, refiriéndose a su destino tras la muerte.
     Para poder argumentar al respecto, hay que preguntarse primero si el alma es de tal naturaleza que pueda corromperse. Por ello el fragmento se estructura en dos preguntas sucesivas: qué tipo de seres son pasibles de disolverses y cuáles no. La respuesta a esta pregunta la encuentra distinguiendo los seres compuestos -aquellos de los cuales, por tanto, pueden separarse sus partes- de los seres simples. Sabemos que, para Platón, los seres compuestos son los materiales, pues están compuestos de materia (algo que, por naturaleza, se divide y se transforma, como nos muestra nuestra percepción del devenir en este mundo) y de la idea de la que participan. Los entes que participan de una idea o concepto son múltiples, mientras que el concepto o idea es uno. Platón asocia, pues, los entes corporales con lo múltiple, siendo estos entes lo que percibimos con nuestro conocimiento sensible, perteneciente también al cuerpo; y los entes ideales -las ideas o conceptos- con lo uno o simple, siendo éstos percibidos por nuestra razón, conocimiento que pertenece al alma.
    Sabiendo ya que los seres que se corrompen son los compuestos, toca ahora preguntarse si el alma es simple o compuesta. Para ello hay que volver a referirse a su concepción del conocimiento racional que, como hemos dicho, es el propio del alma y capta lo unitario y eterno, lo que no cambia: las ideas. Todo cuanto pueda haber en nosotros que cambia y se transforma pertenece al cuerpo o a los sentidos, mientras que la razón mantiene el alma serena captando lo unitario y eterno. Continuando con esta argumentación, Platón acabará concluyendo cómo el alma debe ir liberándose de la contaminación de todo lo sensible y material, todo lo que nos mantiene aferrados al cuerpo, para desligar lo que hay de simple y eterno en nosotros -identificado con lo perceptible con la razón- de lo que nos mantiene unidos al cuerpo corruptible: todo cuanto se identifica con los sentidos y los placeres físicos, sujetos a lo transitorio y la corrupción.
     Vemos así reflejado en este fragmento lo que constituye el tema central de la obra del Fedón: la naturaleza y destino del alma tras su muerte.
 
 
 
 
 

− Luego, antes de que nosotros empezáramos a ver, a oír y a tener las demás percepciones (alusión al conocimiento sensible), fue preciso que hubiéramos adquirido ya de algún modo el conocimiento de lo que es lo igual en sí (lo en sí se refiere a lo inteligible, a lo que capta la razón), si es que a esto íbamos a referir las igualdades que nos muestran las percepciones en las cosas (aquí habla de las cosas que nuestros sentidos captan como "iguales"), y pensar, al inferirlas, que todas ellas se esfuerzan por ser de la misma índole que aquello (lo en sí), pero son, sin embargo, inferiores (alusión a la teoría de la participación).

- Necesario es, Sócrates, según lo dicho anteriormente.

- Y al instante de nacer, ¿no veíamos ya y oíamos y teníamos las restantes percepciones?

- Efectivamente.

- ¿No fue preciso, decimos, tener ya adquirido con anterioridad a estas percepciones el conocimiento de lo igual?

- Sí.

- En ese caso, según parece, por necesidad lo teníamos adquirido antes de nacer.

- Eso parece.

- Pues bien, si lo adquirimos antes de nacer y nacimos con él, ¿no sabíamos ya antes de nacer (alusión a la reminiscencia) e inmediatamente después de nacer, no sólo lo que es igual en sí, sino también lo mayor, lo menor y todas las demás cosas de este tipo? Pues nuestro razonamiento no versa más sobre lo igual en sí que sobre lo bello en sí, lo bueno en sí, lo justo, lo santo, o sobre todas aquellas cosas que, como digo, sellamos con el rótulo de “lo que es en sí”, tanto en las preguntas que planteamos como en las respuestas que damos. De suerte que es necesario que hayamos adquirido antes de nacer los conocimientos de todas estas cosas.

Fedón, 78b-c

 Análisis: extraemos partes o ideas del texto, haciendo un esquema.
1. Distinción entre lo que conocemos por los sentidos y los conceptos (las ideas). Antes de percibir con los sentidos -antes de "ver, oir, y tener las demás percepciones"- cosas iguales teníamos que tener la idea de lo igual en sí (nunca percibimos con los sentidos lo igual en sí, ni ninguna idea o concepto en sí; los sentidos sólo nos muestran cosas que se parecen a las ideas, pero no las ideas mismas).
    a) Por los sentidos puedo percibir cosas materiales que me parecen iguales, pero no la idea de lo igual.
    b) Si la idea de lo igual en sí no la percibo por los sentidos, pero la tengo presente al percibir cosas iguales, es porque estas cosas me la recuerdan, luego, para que me la recuerden, tenía que tenerla previamente, y no a través de los sentidos, que sólo me muestran cosas que participan de ella.
2. Origen del conocimiento de los conceptos o ideas. Tenemos que haber adquirido la idea de lo igual antes de nacer, porque desde que nacemos tenemos sentidos.
3. Aplicación del ejemplo al resto de las ideas. Lo mismo que ocurre con la idea de lo igual se tiene que aplicar a lo mayor, lo menor (conceptos matemáticos),



     En este fragmento, Platón, por boca de Sócrates, está buscando un argumento para demostrar la preexistencia del alma, argumento que extraerá de la teoría de la reminiscencia que aquí se está demostrando. La línea argumentativa es la siguiente: parte del ejemplo de las cosas iguales y lo igual en sí para analizar de dónde nos proviene tal idea, distinguiendo el conocimiento que nos proporcionan los sentidos del conocimiento de las cosas en sí, y luego aplicará lo deducido de este ejemplo a otra ideas superiores.
    Por "cosas en sí" Platón se está refiriendo a los conceptos de las cosas, a los que va a llamar "ideas". Estas ideas, para Platón, tienen realidad objetiva, se captan no por los sentidos -que sólo nos muestran cosas que participan de ellas- sino por la razón. Ahora bien, ¿cómo, a través de los sentidos, estamos evocando las ideas? La explicación que encuentra para ello es la teoría de la reminiscencia: al percibir las cosas múltiples, estamos recordando conceptos en sí porque esas cosas múltiples nos los recuerdan, por tanto es preciso que el alma tuviera noción de ellas antes de nacer. Esto no sería posible si las cosas múltiples, sensibles o materiales, no participaran de las cosas en sí, lo unitario -el concepto es uno, las cosas que participan de concepto, las cosas iguales en el ejemplo, son múltiples-.
    A partir del ejemplo elegido, las cosas iguales y lo igual en sí o idea de lo igual, idea de la que participan aquellas, aplica lo deducido al resto de conceptos o ideas en sí. Añade otros conceptos similares (lo mayor y lo menor) y de ahí trasciende a otros conceptos o ideas superiores, como lo bueno en sí, lo justo y lo santo. Vemos así cómo, a partir de conceptos de naturaleza matemática (lo igual, lo mayor, lo menor...) salta, no sin intención, a otros conceptos de mayor envergadura: la filosofía de Platón se orienta a mostrar que el bien, la justicia, y otros conceptos de la misma relevancia poseen objetividad, no son fruto del mero lenguaje humano ni son relativos al discurso, como pensaban los sofistas. Para llegar a captar su objetividad y recordar el mundo del que proviene el alma, las matemáticas ejercen un papel propedéutico, como observamos en este texto.
    Dado que poseemos un conocimiento innato (el conocimiento racional de las ideas) que no nos proviene de este mundo, es preciso que el alma lo haya adquirido antes de nacer, por tanto el alma tiene que preexistir al nacimiento.
    Por tanto, en estre fragmento se ilustran al menos los siguientes aspectos de la filosofía platónica: la idea de que el conocimiento es recuerdo (teoría de la reminiscencia), que las cosas sensibles son una copia de las inteligibles (teoría de la participación), que las ideas o conceptos poseen objetividad y que el alma preexiste al nacimiento, siendo por tanto una sustancia distinta y separable del cuerpo.
 

 
Podemos añadir rasgos del estilo del autor, pero al final, para que no distorsione la percepción de lo más importante, sino que quede como colofón, y siempre y cuando sepamos relacionarlo con el estilo del fragmento en cuestión: "Platón escribe en forma de diálogo, escritura adecuada a su método de conocimiento: la dialéctica, que consiste en ir descubriendo ideas cada vez más unitarias e idénticas a partir del contraste entre dos ideas opuestas..."; "aquí vemos cómo va guiando a su interlocutor...").
 

viernes, 12 de octubre de 2012

domingo, 30 de septiembre de 2012

De acciones y pasiones

     ¿Qué detonantes hacen que la gente actúe en masa, que reaccione al unísono por una causa común? Para hacer sociología realista hay que atender a los motores psicológicos de la acción humana. Podríamos estar de acuerdo todos -hipotéticamente hablando- en argumentos racionales, o simplemente discursivos, por admitir hasta el acuerdo en argumentos que pueden ser erróneos. Pero la razón sola no es motor de acción. ¿Qué es lo que hace que un pueblo estalle? Hace falta un caldo de cultivo, un poder de propaganda, pero el salto a la acción en masa precisa de otras facetas de la psiqué humana: las emociones, los sentimientos, las pasiones.... Ciertamente, pueden formar un discurso en sí mismo.
     Para mover a la acción a un pueblo hay que poner símbolos sensibles, es decir, perceptibles por los sentidos: una bandera, un himno... El poder de la música sobre el ánimo es impresionante. Ya lo estudió y dicen que usaba Pitágoras en su momento. Hume también se dio cuenta de esos motores profundos de la acción: la razón es esclava de las pasiones.
     Esta perorata aparentemente tan seria es fruto de lo que me dio por pensar ante este vídeo, que lo primero que me produjo fue risa. No quiero trivializar las emociones que estamos sufriendo ante la crisis, pero la verdad es que el modo en que se enardece y aúna a un pueblo ante un himno común, ejemplos de lo cual hay muchos a lo largo de la historia, llevado a Andalucía no puede hacerse sino con cierta gracia. Eso está bien, hombre. Fijáos cómo escuchan como un único sujeto, cómo se mueven al unísono este conjunto de personas, ante una música y un mensaje que, por un lado, les está conjugando y descargando una indignación común, y por otro sirve de bálsamo para tomarnos los problemas de la vida con humor.
 

.....

Manifestación en Sevilla, 29M.
 
 
     Y puestos a encarnar en símbolos visibles el sentir de un pueblo -y un pueblo con gracia como el español, que comer no comeremos pero nos reímos un rato-, decidme si no tiene también gracia y arte esta reinterpretación del cuadro de Goya y del papel que jugó en el ánimo y la imaginería del pueblo la actuación de ese camarero de la manifestación del martes, en Madrid. Así encarnamos los españoles nuestros símbolos, con pasión y con salero.

Original de Erick Miraval 2012, circulando por la red

martes, 25 de septiembre de 2012

La conquista de la felicidad

"Se ha estudiado mucho sobre la influencia del inconsciente en el consciente, pero no sobre la influencia del consciente en el subconsciente."


The Conquest of Happines
Portada de la edición de Routledge ed.
 
     Bertrand Russell es uno de los filósofos más influyentes del s. XX, pero no en el terreno de la psicología o la ética, sino en el de la lógica y las matemáticas. ¿Qué hace escribiendo un libro sobre la felicidad?
     Precisamente por esto me gusta más el libro, porque parte de una mirada a la vida misma desde su propia experiencia. Como haría cualquiera, sí, pero con una capacidad de análisis y crítica propia sólo de un filósofo, y de un filósofo lógico, acostumbrado a analizar las sutiles trampas del lenguaje y la argumentación desde el punto de vista de la estructura formal. Prescinde de axiomas creenciales. Parte de hechos observados, tomados como hechos positivos, puros, sin prejuicios creenciales de ningún tipo. Una metodología empirista donde las haya, pero sin pretensiones de serlo.
    Me gusta porque analiza las causas de la infelicidad y de la felicidad tanto individuales como sociales. No parte de esa supuesta omnipotencia  del individuo para ser feliz, que aunque tenga como intención dotar a todos de esperanza tiene a menudo como consecuencia un complejo de culpa ante el hecho de, en algún momento, sentirse desgraciado. Seamos realistas: la infelicidad tiene causas mucho más cercanas y mundanas de lo que, como meros individuos, podemos controlar, al menos a priori. Ni siquiera somos tan dueños de nuestra psiqué, que tiene sus propias reglas de juego. Ni creamos nuestro entorno: nacemos en uno que nos impone unas creencias de las que es muy difícil prescindir, y aun cuando se pueda, muy difíciles de combatir o siquiera de eludir. Pero no todo está perdido; el libro es fundamentalmente optimista.
     ¿Cuáles son las causas de la infelicidad? Es la primera parte del libro. El pesimismo, la competitividad, el aburrimiento y la sobreexcitación, el cansancio, el sentimiento de culpabilidad... Son jaulas que nos condenan a una infelicidad cuyo origen desconocemos. Pero lo bueno es que tienen cura: la propia razón. Lo que nos plantea Bertrand Russell aquí no es una racionalidad matemática, sino ese sentido de la razón humana, el sentido común, la mirada clara y limpia hacia la vida. Una razón que busque las causas lógicas de nuestros prejuicios, heredados o autogenerados. Se pueden combatir, analizándolos racionalmente, los puntos de vista erróneos sobre el mundo, los códigos morales sociales, los hábitos de vida equivocados, la tendencia a conducirnos a la supresión del apetito por la vida... Uno no puede sin más suprimir las creencias de su entorno, pero sí puede mirarlas y reconocerlas dentro de sí, ponerles rostro.
     Las falsas creencias sobre el mundo y la vida influyen en los estados de ánimo, en la elección de nuestros objetivos y en las esperanzas de alcanzarlos. El individuo puede actuar sobre estos factores, internos y externos, simplemente a través de su propia racionalidad y, sobre todo, partiendo de una tolerancia y amor a sí mismo, lo que constituye el sentido de la verdadera humildad. Por ejemplo, una de las causas del aburrimiento es que nuestras facultades no estén plenamente ocupadas o aprovechadas. Malamente lo estarán si no las conocemos, y a menudo no las conocemos porque no son las que nos plantea como deseables o exitosas nuestra sociedad. Lo bueno es que, sea cual sea tu pasado, si aprendes a conocerte sin juzgarte (narcisista, megalómano, pecador, pesimista...) puedes abrirte al mundo y a la felicidad: creer en ella es empezar a alcanzarla. Lo que hace falta es tener entusiasmo por la vida.
     En eso es en lo que consiste la verdadera felicidad: en tener entusiasmo por la vida. Explica muy bien la diferencia con ese sucedáneo de felicidad que es la huída, las alternativas para escapar de la realidad. La felicidad del ignorante, del que se aliena huyendo del dolor y cree que, por no sentir dolor, siente alegría, cuando nada real siente quien huye de sí mismo.
     También ofrece una segunda parte donde analiza las causas de la felicidad. La felicidad humana tiene muchas perspectivas; cerrarse a un solo camino es un error, para uno mismo y para los demás (cuidado con los que confunden la búsqueda de la felicidad con la mera ambición: hacen desgraciados a otros y no llegan a ser felices ellos mismos).



     El libro ofrece una perspectiva histórica del desarrollo humano y las causas de sus tendencias y creencias psicológicas, y hasta perspectivas biológicas... Todo con un tono descriptivo, adherido a la vida y desprovisto de prejuicios morales y sociales.
     Voy a dejaros con una pequeña perla que no es, ni mucho menos, un resumen del libro. Sencillo y cercano, incluye sin embargo estas notas de genialidad suprema, como sólo un verdadero filósofo puede alcanzar, desde la humildad y el respeto a la vida, a nuestra pequeñez y a nuestra dignidad. Fijáos que sutil análisis hace de un pecado considerado a menudo el más dañino e injustificable de todos: la envidia.
 

...Hemos alcanzado un estadio en la evolución que no es el estadio final. Debemos pasar por él deprisa, porque si no, muchos perecerán en el camino, y el resto se perderá en un bosque de dudas y miedo. Por ello la envidia, maligna como es, y malignos como son sus efectos, no es sólo fruto de la malignidad. En parte es la expresión de un sufrimiento heroico, el sufrimiento de los que caminan ciegos en la noche, quizá hacia un lugar de descanso mejor, quizá sólo hacia la muerte y la destrucción. Para encontrar la salida correcta de esta desesperación, el hombre civilizado debe agrandar su corazón como ha agrandado su mente. Debe aprender a trascenderse a sí mismo, y al hacerlo, alcanzar la libertad del Universo.