martes, 27 de julio de 2010

El retrato de Dorian Gray

DORIAN GRAY O LAS ARTES DE MORFEO


Retrato de Dorian Gray, por Mercuralis


Es muy habitual preguntarse qué hace que un clásico sea clásico, o qué queremos decir con ello. No es en el argumento en sí, en el motivo o en la trama, donde se muestra la genialidad del arte; el arte re-crea la realidad, buceando en las entrañas de su ser y extrayendo nuevas formas de sus semillas.
Dejando aparte el debate ético sobre el apetito fáustico, lo que me ha cautivado especialmente de este libro es que está cargado de filosofía; pero de la que te obliga a reflexionar desde tus propias entrañas. Están el ser y el tiempo, el bien y el mal, la realidad y la apariencia... Pero hay otro tema que me ha resultado filosóficamente más cautivador: el instante y la eternidad. Creo que la novela está fuertemente arraigada en el sempiterno conflicto humano de encontrar ese sentido atemporal de la vida. En todo ello, las sensaciones y los sentimientos, la conciencia, la vida como apertura -de ahí la muerte que supone el narcisismo- y como creación artística, juegan su propio papel como hilos que van urdiendo ese retrato del miedo a lo efímero, a la muerte, al dejar de ser de lo que somos y de lo que amamos. Y el gran arma mortal con que se urde toda esa vorágine corruptora del alma: el lenguaje.

¿Qué conceptos de la vida se contraponen en ese duelo entre instante y eternidad? Escuchemos el punto de partida -aunque aparezca al final- de Henry Wotton:


"Life is a question of nerves, and fibres, and slowly built-up cells in wich thought hides itself and passion has it dreams".
(la vida es cuestión de nervios, y fibras, y células que se construyen lentamente en las cuales el pensamiento se esconde y la pasión tiene sus sueños)


Parece que Damasio ha tenido sus antecedentes literarios. ¿Qué sabemos sobre la vida? Lo único que conocemos es la vida misma: sus expresiones y acontecimientos aquí. Cuando hablamos del alma ya no pensamos en un principio de movimiento, sino en un trasunto de esta vida más eterno e imperecedero, idéntico a sí mismo a través de las transformaciones implacables del tiempo. ¿Cuál será, entonces, la realidad última, los átomos compositivos de nuestro mundo interior? Las sensaciones. Placer y dolor. Refinar el placer en sus más exquisitas formas será la única posible sublimación de la vida.
¿Qué son aquí los sentimientos? Huellas de sensaciones del pasado; de un pasado que ya no existe, que ya no es. Wotton nos presenta esas permanencias como cadenas que nos alejan de la raíz de la vida -el placer, la belleza como sensación-, siendo así que los superficiales serían entonces los que se anclan a constancias -fidelidad, recuerdos, remordimientos...- y los profundos quienes dominan sus sentimientos y se liberan de ellos.


What is the actual lapse of time got to do with it? It is only shallow people who requiere years to get rid of an emotion. A man who is master on himself can end a sorrow as easily as he can invent a pleasure.
(chapter 8)

(¿Qué tiene que ver el actual lapso de tiempo con esto? Es sólo la gente superficial quien requiere años para superar una emoción. Un hombre dueño de sí mismo puede acabar con un dolor tan fácilmente como inventar un placer) 
Muy nietzscheano el planteamiento de creación y destrucción como verdadero sentido de la vida. Sin embargo, hay una trampa escondida en estas apologías del egoísmo sensualista: la búsqueda del refinamiento, de la belleza; de la constancia, incluso, en el apetito de placer. Es una forma de buscar la eternidad. Si la eternidad está en este mundo, ¿dónde se esconde? He aquí la respuesta: en el instante. Curiosamente es lo que defienden también las místicas orientales: aquí y ahora, olvidando lo que hice o lo que haré, vaciando el pensamiento de contenidos.Wotton propone a Gray huir de la esclavitud de los sentimientos, quizá porque nos anclan en el tiempo. Todo lo que nos separa del instante nos separa de la eternidad. ¡Qué dionisíaco, pretender ascender a los dioses a través de lo más animal, de lo más brutal e instintivo en nuestra naturaleza!


Pero el ser humano no está hecho para el mero instante, al menos en hacia lo que tiende su naturaleza. El ser humano podría definirse por su sed de constancia, de eternidad. ¿Qué es lo que conforma su naturaleza? El lenguaje. ¿Y qué es el lenguaje sino la cristalización de las semejanzas y constancias que buscamos en lo que percibimos? El lenguaje no es sólo las palabras con que nos expresamos, sino con las que pensamos; y en ello, con las que nos canalizamos hacia el mundo. ¿Realmente lo creamos con él?

If one doesn't talk about a thing, it has never happened. It is simply expression, as Harry says, that gives reality to things.
(chapter 9)
(Si no se habla de algo, eso nunca ha ocurrido. Es la mera expresión, como dice Harry, la que da realidad a las cosas)

Hermosa forma de expresar la tan antigua profesión de fe de los sofistas: el hombre es la medida de todas las cosas.
 El lenguaje es la mano de Morfeo: creador de formas, de imágenes, intermediario entre la mente y la realidad. Y la realidad es ese lado oscuro de las cosas. Ese inconsciente en forma de conciencia que a Dorian Gray le es concedido contemplar en un cuadro. Esa oscuridad que soñamos eterna y a la que llamamos alma se nos presenta como nuestra propia sombra, lo que no podemos ver de nosotros mismos. El lenguaje es un peligroso creador: puede adentrarnos en las aguas profundas de nuestra realidad o mantenernos en su superficie, formando crestas de olas fantásticas con las que ocultar el fondo que se esconde tras ella. Un poder creador que Wotton sabe apreciar muy bien.

"I can stand brute force, but brute reason is quite unbearable. There is something unfair about its use. It is hitting below the intelect".
(Puedo tolerar la fuerza bruta, pero la razón bruta es intolerable. Hay algo incorrecto en su uso. Es un golpe bajo al intelecto)

Hermosa apología del lenguaje embaucador, en su aspecto creativo frente al revelador. Arte, creación: ése el el sentido que Wotton le otorga a la vida; así lo expresa en una nietzscheana visión de la música. "What a blessing it is that there is one art left to us that it is not imitative!" (¡Qué bendición que dispongamos de un arte que no sea puramente imitativo!) Pero en todo ello no puede evitar traslucir el mismo anhelo que expresa todo lo que desprecia: el ansia de eternidad. ¿Qué es la juventud aquí sino ese mágico instante de perfección, la cumbre entre la ladera del desarrollo y la de la decrepitud? El arquetipo, la idea platónica; la eternidad. Intentar poseerla es morir; para Dorian como para Basil, por distintos motivos. Y detrás de ambos, esa sombra perdida que quizá nunca debió salir a la luz: el alma. Lord Wotton, defensor del placer y la belleza, busca la realización en el instante, mientras Basil Hallward busca la eternidad platónica; pero también a través de sus formas visibles.
Concluyo con otra cita -muy de tono platónico dialéctico, por cierto-, que culmina esta reflexión a ninguna parte.

"The way of paradoxes is the way of truth. To test Reallity we must see it on the tightrope. When the Verities become acrobats we can judge them". 
((El camino de las paradojas es el camino de la verdad. Para examinar la realidad debemos mirarla sobre la cuerda floja. Cuando las verdades se convierten en acróbatas entonces podemos juzgarlas).

jueves, 15 de julio de 2010

Imágenes del universo

IMÁGENES DEL UNIVERSO

(Imágenes tomadas por el Hubble de nebulosas, cúmulos de estrellas en eclosión...)

La imagen que nos solemos hacer cuando pensamos en el universo es un inmenso espacio negro salpicado de luces blancas, agrupadas o no de diversas formas. ¿No resultan sorprendentes estos paisajes del más allá (nunca mejor dicho)? ¿Qué os sugieren? Cuando las vi por primera vez, no pude evitar pensar en... los dioses. No descarto una unidad primigenia, pero lo que aquí se muestra es un verdadero multiverso. Presencias inmensas, imponentes, magníficas, cargadas de fuerza y belleza, abrumadoras e inaccesibles para el ser humano.
Sabemos que los colores son impresiones de las partículas lumínicas en nuestra retina, que después son procesadas por el cerebro. Son, por tanto, subjetivos; o al menos, como tenemos una naturaleza humana común, son intersubjetivos: los percibimos -creemos- del mismo modo. Pero, ¿acaso eso le quita realidad? Estas imágenes son formas en que el universo se nos aparece; muestran un universo-para-el-hombre. Seguramente nos sería imposible contemplarlas al natural, se nos muestran a través de ingenios tecnológicos que, a modo de oráculos, median entre los esquemas perceptivos de nuestra naturaleza y esa realidad que cada vez se nos muestra más inmensa, más inabarcable.
El origen de los dioses (quizá también intersubjetivo) está en cielo. Son personificaciones de las fuerzas que rigen el mundo en que vivimos; las que imprime el cielo sobre nuestras cabezas y las fuerzas desatadas que emanan de la tierra (al fin y al cabo, un planeta más en este universo).
Con imaginación, desde luego, pero decidme si no parece una narración ilustrada de la Teogonía: desde la formación de Urano, el nacimiento de los titanes, Cronos elevándose altivo, la lucha de titanes y la formación del cosmos que implica la aparición de los crónidas, con Zeus a la cabeza. Os dejo con estas visiones de fuerzas uránicas, de explosiones titánicas, de tensiones y furias quizá como las que precedieron, en el principio de nuestros tiempos, a la formación de ese punto de cosmos que constituye nuestro Olimpo.






sábado, 10 de julio de 2010

Exposición de Turner

Luz, atmósfera, aguas, color, romanticismo, fuerza, pasión... Desde la más absoluta ignorancia en lo que a comentario artísitco de pintura se refiere, sólo puedo describir a través de sensaciones y sugerencias la impresión que me queda de la expiosición de Turner (Turner y los maestros, museo del Prado, hasta el 19 de septiembre). Como recuerdo, he hecho una pequeña selección de los que más me han gustado.

Dido construye Cartago


Eneas y la Sibila, lago del Averno


Palestrina


El declive del imperio cartaginés

Luz y color (teoría de Goethe)

Tormenta de nieve


lunes, 5 de julio de 2010

"MEDITACIONES METAFÍSICAS" SOBRE
EL MUNDIAL
Y QUE OPINE CADA CUAL

Aunque soy consciente de pertenecer a una minoría marginal, incomprendida y a menudo muy mal vista (el colectivo de aquéllos a los que no nos gusta el fútbol -subespecie agravante de los que lo critican-) he decidido reflexionar sobre tan apasionante fenómeno. Mi postura previa siempre había sido decir que, como la religión para Marx, el fútbol era el opio del pueblo. Además, siempre he observado que genera enfrentamientos, separaciones entre pueblos y ciudades, en vez de acercamientos, bajas pasiones belicistas e incluso en extremos, violencias justificadas porque "el fútbol es así". 
¿Será posible que mueva tanto algo que me parece tan negativo? En pleno mundial, y ante mi propia euforia cuando gana España (seré tan belicista y pasional como cualquiera, qué le vamos a hacer), he decidido entender lo que de bueno tenga. Pero como desconozco casi por completo el elegido objeto de mi reflexión, tendré que atenerme, como Tomás de Aquino con Dios, a intentar conocerlo por sus efectos. 
Aristóteles pensaba que los Juegos Olímpicos eran un signo de civilización, porque imponían una tregua a la guerra, y era una forma de desahogar los instintos bélicos, liberándose de las lamentables consecuencias que las guerras traen consigo. Puede que sea éste el único argumento que entiendo para explicar por qué la gente se vuelve loca de emoción por algo con lo que, de forma efectiva, no ganamos nada.
Por otro lado, ¿a qué vienen esas pasiones desenfrenadas, que hacen sufrir más veces que dan alegrías -que me expliquen, si no, lo de los hinchas del atleti... con perdón-?. Bueno, a lo mejor también le encontramos una explicación razonable: la katarsis. Debe ser algo así como el gusto por ir a ver tragedias, o dramones, o películas de miedo. En este caso, ¿qué pasiones se liberan? Otra vez, los instintos bélicos. Porque esto es como la guerra, pero sin aliados. Como decían los de Mad Max, sólo puede quedar uno...

Pero vamos con otra crítica. ¿No es función del hombre ser racional? ¿Y no debería ser ese su horizonte? La paz, la concordia... Puede que el fútbol, qué duda cabe, sea más civilizado que la guerra, pero su existencia demuestra que no nos liberamos de ese instinto. Tendremos que dar la razón a Hobbes: dado que tendemos a destruirnos, mejor de forma ficticia. 
Intentémoslo de nuevo enfocando el tema desde la luz natural de la razón. Sigamos el método cartesiano; analicemos y descartemos lo que no sea seguro, y tal vez alcancemos la piedra angular a partir de la cual entender el fútbol y redimir a la humanidad de su naturaleza condenada al belicismo. ¿Qué diría Descartes?... No sé, dudo mucho qué podría pensar Descartes sobre la naturaleza de esta "res" llamada fútbol. Muy cogitans no es, más bien se ve claro que es extensa. Pero en la medida en que lo percibimos, ¿no estará sólo en mi pensamiento? Claro que, quién me dice que realmente eso era un penalti, o una falta, o un córner... ¿No estarán más bien mis pulsiones hinchas engañando mi mente con contenidos falsos? ¿Y si realmente no era gol, no era falta, no era mi equipo el que merecía ganar?... ¡No! No caigamos en esto. ¡Recurramos corriendo a Dios para que nos garantice la victoria e integridad de nuestros colores! (Vaya, me temo que las pasiones han nublado mi razón).
A ver, purifiquemos nuestra razón... Ya está: apelemos a Kant. Veamos: ¿cómo categorizamos el fútbol? Porque es obvio que nos encontramos ante un fenómeno -de masas-. Se desarrolla en unas intuiciones puras muy delimitadas: la longitud de un estadio (que no sé cuanto mide) con sus precisas líneas para marcar el fuera de juego, la meta y esas cosas; y los 90 minutos exactos que dura... De momento, lo que he aprendido es puramente analítico, no hay nada sintético. ¿A qué conclusión llegamos? Nada, para mí es un absoluto noúmeno, nunca llegaré a él, al menos por medio de la razón.
Veámoslo por sus fines. El que gana... Vuelve a competir al año, o a los cuatro... ¿Es que no hay ninguna verdad segura en esto? Me temo que el único que me va a explicar algo es Nietzsche. El fútbol, al fin y al cabo, es un juego. El nihilismo y la creación: crear y destruir, cada liga, cada copa, cada mundial...
En fin, que, como diría Ortega y Gasset, todo es cuestión de perspectiva. Efectivamente, desde la tele uno ve las distintas tomas que muestran desde diversos ángulos la grandeza (que yo nunca pillo) de ciertos goles, remates, o lo que sea; desde la tele también se pueden apreciar los efectos de la perspectiva pequeña y engañosa del árbitro en comparación con el gran plano casi aéreo de las cámaras; y está también la perspectiva emocional, porque canta mucho que birlen un gol a tu equipo, pero en cambio los de los contrarios, es que no está tan claro...

Como no llego a conclusión alguna sobre esta etapa futbolística en la que estamos inmersos, quiero sólo limitarme a hacer una declaración de principios: el mundo debería avanzar hacia un estado de unidad, donde un sólo género y una sola especie compongan el gran equipo único: la humanidad. Mientras tanto...

¡A POR ELLOS, ESPAÑA, QUE PODEMOS CON TODOS!

(Huy, perdón. Bueno, la vida es contradicción; y yo, al fin y al cabo, estoy viva...)

domingo, 4 de julio de 2010

Cortiblog 22


Llevaba ya tiempo sin escribir nada. Ya se sabe lo que es el final de curso. Qué os voy a decir: ahí os dejo con un retrato de lo que suele ser el sentimiento general cuando a cada cual le llegan las suyas.

¡FELIZ VERANO A TODOS!

lunes, 28 de junio de 2010

DÉJAME ENTRAR


Película enigmática donde las haya, se ha tendido a clasificarla dentro del género de terror, pero no hay nada más engañoso. Se trata más bien de un thriller psicológico, donde el realismo del formato se funde por completo con lo fantasioso de la trama hasta crear una homogeneidad inusitada que trasciende cualquier etiquetado. Es una de las mayores y solapadas virtudes de este film: la sublime fusión de contrarios en multitud de ámbitos: en el artístico (realismo descarnado con solapada ficción gótica), en la trama (retrato psicológico de la marginalidad y el acoso a través de la amistad entre un niño y una vampiro), en las emociones (horror y pureza, brutalidad y ternura), en la moral (constante fusión y confusión del bien y el mal)... De este modo se resquebrajan todos los maniqueísmos establecidos, dejando al espectador en un estado de perplejidad emocional.
La película presenta una perspectiva arquitectónica del espacio vital. En este escenario escandinavo, las vidas transcurren en una multitud de ámbitos aislados. Los espacios se multiplican y se esconden unos de otros. El espacio intermedio, siempre nevado, resulta fronterizo. En ese espacio vacío de actividad vital se conocen los niños, de noche: como si el encuentro tuviera que darse en un mundo intermedio entre la realidad y la ficción. Un espacio como vacío de vida que hay que atravesar para llegar a otro espacio cerrado, protegido, encerrado en sí mismo. Cada edificio, cada habitación, separa acontecimientos, vidas e intimidades. Un retrato sencillamente realista crea la atmósfera adecuada para hablar del aislamiento, de la sensación de burbuja, de mundo interior, una atmósfera que culmina en la escena final de la piscina, en la que todo el horror se presenta de forma absolutamente aséptica, de golpe, eliminando todo sonido al introducir el plano en el interior del agua. 
Con tal escenario el espectador está ya anímicamente introducido en la soledad del niño, en su miedo incomunicable. Si de algún modo es una película de terror no lo es tanto por el tema del vampirismo, sino sobre todo por el de esa soledad impotente producida por el acoso que sufre. Miedo y deseo, soledad y relaciones imposibles, urden la temática profunda de la película. Todo ello fusionado como piezas indivisibles, como caras de la misma moneda. La vida se alimenta de la muerte; la amistad que aquí surge se alimenta de la marginación. Especialmente impactante resulta la mirada beatífica del niño en las dos escenas en que consigue superar los ataques a que se le somete. No hay crueldad en sus ojos, ni expresión de triunfo, desafío, venganza... Sólo una profunda expresión de beatífica paz. Esa imagen del brazo mutilado lanza de una sola vez al espectador una sensación de terror y de alivio por su salvación. No da tiempo a juzgar lo que se ha sentido.
El tema del acoso es abordado desde la perspectiva de la imaginación infantil. La niña vampiro parece cumplir el papel de ese amigo imaginario que crean muchos niños para llenar su intimidad. El deseo de liberación, más que de venganza, puede llevar a soñar con que los enemigos son destruidos, desaparecen... Un protector desconocido por todos, con poderes especiales, responde a ese esquema de imaginería psicológica creada por las circunstancias de aislamiento y pánico a que está sometido. Pero no se retrata con tanta explicitud: a ese amigo imaginario se le da una identidad y se le crea una vida, unas circunstancias que resultan paralelas a las del propio niño. Un protector cuyo papel los demás desconocen, una persona que desea su amistad y que la salva previamente, como luego ella le salva a él. Al amigo imaginario se le da una identidad real, o casi real, porque se introduce el elemento fantasioso (el vampirismo) en una atmósfera cargada de realismo, tanto estético como psicológico. Todo con la ambigüedad moral del sacrificio ajeno, de la muerte de gente (salvo excepciones) inocente, factores inevitables para la supervivencia de la niña.
En definitiva, una película inusitada, realmente original y con una profundidad sin estridencias, de las que te hablan desde rincones profundos del alma sin que uno se dé cuenta de los intersticios por los que se ha infiltrado ahí.

martes, 8 de junio de 2010

SOLUCIONES A LA CRISIS.
Lo primero, abrir los ojos. Qué necesario es que haya gente en áreas de poder que pueda declarar ciertas verdades...


jueves, 3 de junio de 2010

Transcribo tal cual este artículo del Times, muy interesante, con la convicción de que es extremadamente urgente un debate público racional, y no meramente emocional, interesado y sesgado, como suele ser habitual. El conflicto generacional del que habla tiene unas repercusiones económicas muy serias. Pero además abre los ojos a una necesaria revisión de valores de quienes hasta ahora monopolizan una determinada forma de interpretar el sentido de la vida.
--------------------------------------------------------------------------------------------------

From Times Online June 2, 2010




This is the age of war between the generations

Never mind the credit crunch, it’s all those retiring baby-boomers who threaten us with national bankruptcyAnatole Kaletsky 167 Comments

Recommend? (95) Yesterday was my 58th birthday. If I were a Greek worker I could retire. Although pension payments in Greece normally start around 61, special provisions allow anyone to retire at 58 if they have been in employment for 35 years. That, as it happens, is how long I have been at work. My index-linked pensions from the Greek Government would be worth 75 to 90 per cent of the average salary in the country, guaranteed for the rest of my life by the State.
If you want to know why Greece is going bankrupt and why the euro seems to be on the verge of disintegration, look no farther. The best argument I have ever heard for a break-up of the euro was this observation in a German newspaper: “The Greeks go on to the streets to protest against an increase of the pension age from 61 to 63. Does this mean that Germans should extend the working age from 67 to 69, so Greeks can enjoy their retirement?”
This, however, is not another article about self-indulgent Greeks and self-righteous Germans. The battle over bailouts in Europe is only a sideshow compared with the great social conflict that lies ahead all over the world in the next 20 years. This will not be a struggle between nations or social classes, but between generations — and it is a conflict that, in Britain, begins in earnest this year. The end of the Second World War in May 1945 marked the start of the baby boom, which lasted until the mid-1960s. Now, 65 years later, the corresponding retirement revolution is about to shake up our society, economy and political institutions.
If the word “revolution” sounds like an overstatement, consider the most important issue in British politics today — and then let me draw your attention to the most important book about this issue, written, as it happens, by a senior minister in the new Government. The issue is, of course, the unsustainable size of the public deficit. The book is called The Pinch by David Willetts, the Tory Minister for Universities, and its subtitle conveys his main message with his characteristic clarity and directness: “How the baby-boomers took their children’s future and why they should give it back.”
Mr Willetts shows how the overwhelming size of the baby boom generation, in comparison with the generations just before and after, allowed people born in the two decades after VE-Day not only to dominate culture, fashion and morality, but also to accumulate wealth, monopolise employment and housing and reduce social mobility for the next generation.
But strangely, however, nobody — least of all an active politician like Mr Willetts — seems to make the connection between long-term intergenerational tensions and the present controversies over public spending and taxes.

Why, for example, are governments everywhere running out of money, not just in Britain and Greece, but also in America, Germany, Japan and France? Why are taxes relentlessly rising in all advanced capitalist countries? And why is public spending being cut on schools, universities, science, defence, culture, environment and transport, while spending on health and pensions continues to rise?
The populist answer to these questions is that we are all about to pay for the greed of the bankers. But this is not true. According to IMF calculations, the credit crunch, bank bailouts and recession only account for 14 per cent of the expected increase in Britain’s public debt burden. The remaining 86 per cent of the long-term fiscal pressure is caused by the growth of public spending on health, pensions and long-term care. The credit crunch and recession did not create the present pressures on public borrowing and spending. They merely brought forward an age-related fiscal crisis that would have become inevitable, as by 2020 the majority of the baby-boomers will be retired.
The rational solution to this fiscal crisis would be for governments to reduce their spending on pensions, health and longterm care. Yet these are precisely the “entitlements” protected and ring-fenced by politicians, not just in Britain but also in America and many European countries, even as other government programmes are ruthlessly cut.
The politics of the next decade will be dominated by a battle over public spending and taxes between the generations. Young people will realise that different categories of public spending are in direct conflict — if they want more spending on schools, universities and environmental improvements they must vote for cuts in health and pensions.
Schools and universities are more important for a society’s future than pensions. Yet every democracy around the world has made the opposite judgment. While many politicians claim to be obsessed with education — recall Tony Blair’s three priorities were “education, education and education” — in reality they support health and pensions to the point of national bankruptcy, while squeezing universities. The same applies to the many fiscal benefits heaped on pensioners over the years. Is it, for example, better for society to offer free bus travel to wealthy 80-year olds rather than students or impoverished youngsters looking for their first job?
Why are such conflicts of interest between old and young never debated? Partly because of the myth that pensioners are “entitled” to their many benefits because they have “paid their dues” through national insurance and taxes. This is simply untrue. The true value of the average baby-boomer’s benefits is 118 per cent of the taxes they paid, according to Mr Willetts — and higher according to other calculations.
Second, and more importantly, the baby boomers are so numerous that no politician dares to campaign against their interests. Moreover, older people are more likely to vote. As a result democracies will increasingly be held hostage to the special interests of “grey panthers”, whose power will steadily grow as more baby-boomers retire.
Will politics therefore degenerate into a conflict between the dwindling number of voters with children, who care about education and the future, and the massive power of pensioners with shorter time horizons? Here is a modest proposal to avert this awful outcome. Since children under 18 are not allowed to vote, perhaps pensioners could be deprived of the right to vote after 75 or 80. An equally effective alternative would be to give mothers an extra vote for every child under voting age. Since no such reforms are ever likely, I look forward to the Greek Government being forced to sell the Parthenon — and to Oxford and Cambridge being turned into luxury old people’s homes.