Una de mis pasiones es conocer el origen etimológico de las palabras. ¡Nos dice tanto sobre el modo en que el ser humano fragua el lenguaje, su significado! Cuándo se puso nombre por primera vez a una intuición, un concepto moral, un sentimiento... Pero no voy ahora a hacer una apología de tan noble rama del saber. Hablemos de otra utilidad: la ortografía.
La ortografía es uno de los huesos de la expresión cultural, como bien saben muchos estudiantes. Como bien he sabido yo misma, que a pesar de haber sido una lectora voraz desde pequeña se ve que mi memoria visual es en exceso imprecisa... Siempre he pensado que todo se aprende mejor con lógica, y la etimología es el aspecto más lógico que se me ocurre de la ortografía. Pero la lengua no es matemática pura. Gregorio Salvador comparaba su evolución con esquejes que tomamos de distintas lenguas que, una vez insertados, generan nuevos significados. Y es verdad que, como producto de seres vivos, evoluciona de un modo similar; la "selección natural" del uso hace en ella su trabajo. Por eso, la herramienta más cercana a la lógica para comprender la lengua es la etimología, mezcla de leyes lógicas y evolución.
Para aclarar las razones de esta disertación, he aquí el que fue motivo de una entretenida conversación: el desconcierto ante las palabras que empiezan por trans- y por tras-. Mi teoría era que, las que se admitan como tras-, tienen que estar también admitidas como trans-, el original latino. Al aplicar los eruditos la ley del "mocosuena", se puede admitir tras-. Ahora observemos las siguientes palabras:
Transporte - Trasporte
Transplante - Trasplante
Transbordo - Trasbordo
Pues he de reconocer que, en una al menos, me equivoqué. De hecho hasta me fui al diccionario de latín para ver si existía otra preposición tras-, distinta a trans-. El sentido en las tres me parece que es tan claramente el de de un lado a otro, más allá...
Confieso que no entendía el porqué de la excepción. Pero a veces nuestros sesudos académicos, que tanto hacen por el correcto decir y escribir, se encuentran con criterios enfrentados para determinar cómo se debe escribir una palabra. ¿hay que atenerse a la huella del origen etimológico? ¿Debe tenerse más en cuenta la fidelidad fonética? ¿En qué medida el uso hace ley o va en contra de la lengua?
Yo siempre he sido una gran defensora de la psicología frente a la sicología. Más que nada, por distinguir el discurso sobre el alma del discurso sobre los higos. Tampoco he entendido nunca por qué hay que influenciar, pudiendo tan ricamente influir (ya sé que existe "influencia", pero si seguimos jugando del sustantivo al verbo y del verbo al sustantivo, vamos a acabar "influencienciando").
Noble y ardua tarea tienen nuestros lingüistas para encontrar criterios que den una adecuada forma y perfil a esas cristalizaciones de la realidad efímera a las que llamamos palabras.
Recuerdo que hace mucho una alumna -jovencita ella, claro- se imaginaba a esos nobles eruditos de la RAE divagando apaciblemente, entre algún que otro bostezo y siestecilla, sobre los usos de antaño y hogaño, el noble origen griego o latino de prefijos, sufijos e infijos. Es posible que haya algo de esto; pero yo no puedo evitar imaginarme de otro modo a dos de las más recientes adquisiciones de tan noble institución a los que es inevitable asociar: Javier Marías y Pérez Reverte.
Sin ánimo de ofender. Pero me hace gracia imaginarlos gruñones, criticones y combativos, defendiendo el origen y grafías precisos de palabras como "oxoniense" (que al traducirse, oh, perderán su imagen autóctona de oxonians para adquirir la subjetiva mirada de un observador español), la grafía adecuada de bemeúves y güisquis o el exacto sentido y distinción de tordas y lumis.
En fin, aunque nunca he presenciado una sesión de la RAE, confieso que me apetecería porque me la imagino más divertida y dinámica de lo que a priori pudiera parecer.
Por cierto, que sepáis que trasplantar viene de tras- y plantar.
martes, 31 de agosto de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
Mineros de Chile
¿DÓNDE BUSCAMOS HÉROES?
De todas las noticias que me he encontrado a la vuelta la que más me ha conmocionado ha sido la de esos mineros chilenos atrapados bajo tierra. Me enteré a la vez del estallido de alegría de haberlos encontrado vivos y la aterradora respuesta de que no se les podría rescatar en meses. Es imposible que no te asalten un torbellino de emociones: qué desesperación y horror sentirían esos dieciocho días hasta ser descubiertos, qué irían sintiendo cuando ven que no se les saca aún, todos los paralelos emocionales de sus familiares y amigos...Casi a diario busco información en periódicos nacionales y extranjeros a través de internet.
Treintaitrés hombres atrapados bajo la tierra. Vivos; en la oscuridad. Te asalta una sensación brutal de angustia y ceguera; agonía y desesperanza. Ninguna ficción, película o novela, hubiera extraido del corazón la vertiginosa inquietud ante una tragedia que de algún modo se nos presenta distinta a cualquier otra. Porque la alegría y la esperanza de encontrarlos vivos se fusiona con la desazón de un cautiverio prolongado a 700 m bajo tierra.
Piensas en esos dieciocho primeros días de incertidumbre y horror. En la sobreexcitada emoción de sentirse hallados, la suplicante necesidad de ayuda, de amparo, y la impotencia de quienes, sintiendo lo que habrán sentido ellos esos días, saben que tienen que pedirles que aguanten tres o cuatro meses más. Y al sentir el peso abrumador de este océano de sensaciones, multiplico su peso por infinito al pensar en el corazón de sus seres queridos, de los seres que les quieren, y el peso es insoportable.
Qué pequeña te sientes cuando les ves en su video, tan fuertes y tan tiernos, habiéndose organizado con tan pocos recursos y tanta inteligencia, presentando su imagen más esperanzadora para tranquilizar a los suyos. Por el bien de los suyos. Por amor.
¿Dónde buscamos héroes? ¿En los fuertes, los poderosos, los que dominan y controlan las circunstancias? ¿En los que saben mantener la sangre fría en las situaciones desesperadas? Si cualquiera de las personas que se nos vengan a la cabeza como ejemplos de heroicidad hubieran llevado a cabo sus acciones por sí mismos, por mera supervivencia, no los veríamos como tales. Serían admirables en su fortaleza o su inteligencia, pero no los llamaríamos héroes. Llamamos héroes a los que se arriesgan con un sentimiento de altruísmo, de amor al prójimo. Cuando es el amor el que nos impulsa a superar situaciones brutales, no sólo a luchar contra la angustia y el dolor de los demás sino también a sobreponerse a las angustias propias, como las que imaginamos que han vivido y siguen viviendo, es cuando sentimos la nobleza y la altura que el corazón humano puede llegar a tener. Algunos corazones quizá. Es ahí donde están los verdaderos héroes.
Quién no se ha ido preguntando, según se daban noticias, dónde está la comunidad internacional, por qué no se envían todos los adelantos disponibles (después se ve que sí se está haciendo), cómo ayudarles a no desesperar... Y encuentras noticias de gente volcada a ello: un artículo de Brian Keenan, que estuvo cautivo en Beirut durante más de cuatro años, contando sus experiencias para sobrevivir; expertos de la NASA que viajarán para aportar su experiencia de supervivencia en el espacio, en condiciones similares; un astronauta japonés que ha fotografiado desde el espacio la zona por si puede ayudar...
La vida de estos hombres vale ahora para nosotros más que la de dirigentes de cualquier tipo que dominen grandes áreas de poder. No es que quiera decir que unas vidas valgan más que otras, y menos por razón de poder o clase social; pero lo que representa ahora para todos que estos hombres, en su sencillez y ternura, salgan vivos y se abracen con los suyos, se nos representa el triunfo de lo que es el verdadero y oculto sentido de la vida.
Las últimas noticias hablan de un plan B que parece cada vez más viable y que podría sacarles en menos tiempo (al menos unos dos meses antes de lo previsto). Intentan algo así como agrandar el tubo de comunicación ya existente; lo ha ofrecido una empresa australiana. Ojalá pronto oigamos que, por fin, ha salido todo bien. Como ellos mismos decían, larga vida a Chile y larga vida a los mineros.
domingo, 22 de agosto de 2010
Vacaciones
VACACIONES 2010
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| Binibequer, Menorca |
Cambiar el paisaje exterior ayuda un poco a cambiar el paisaje interior. Sobre todo si ese paisaje nos transforma la rutina diaria. No más encender el ordenador, revisar tareas por hacer, ver los mismos programas, descansar en el mismo sofá, o la misma cama, a las mismas horas... que cambiamos por: qué vamos a hacer hoy, qué autobús hay que coger, llevo la crema protectora, la cámara, dónde cenamos... En gran medida somos lo que pensamos, pero qué duda cabe que las impresiones del exterior se introducen en nuestra mente y ayudan a reconducir nuestros pensamientos y, en gran medida, nuestras acciones. Y buscando nuevas impresiones cambiamos nuestras acciones, obligándonos a pensar en otras cosas.
Pero, dejando al margen el cambio de rutinas, revisando las fotos me ha dado por meditar sobre otros aspectos: cómo afectan esos paisajes a las emociones. Lo primero que me viene a la mente es la LUZ. Prescindiendo de la actividad, la compañía o las apetencias de cada momento, en un mero instante contemplativo, el estar inmerso en una luz u otra filtra, matiza y tornasola nuestro estado de ánimo. La intensa luz mediterránea traspasando unas aguas turquesas, explotando contra una sucesión ininterrumpida de paredes blancas, genera una sensación de efervescencia vital y apabulla el ánimo de forma muy distinta a la de un atardecer atlántico, donde la luz se repliega para que hable un mar poderoso, un horizonte más profundo y lejano que involuntariamente hace aflorar un horizonte interior más íntimo.
Romanticismos y reflexiones aparte, qué duda cabe que también se disfruta en gran medida esa ampliación del paisaje humano, reencontrando viejos amigos o también haciendo otros...
Esto es una pequeña broma, pero quién me iba a decir que me encontraría así de grandes a esos geniales compañeros de mi infancia.
Luces y paisajes, paisajes naturales y humanos, incrementando el contraste y la variedad de ese álbum interior de recuerdos que más tarde afloran a capricho, pero que aun ocultos en los rincones más recónditos de nuestro cerebro, han dejado una huella de impresiones o de ideas, en el sentido más griego de la palabra.
Y hablando de impresiones, aún hice otras asociaciones relacionadas con la luz:
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| Big Ben y Torre de Hércules |
El sol creando luz y creando sombra en una torre. ¿No son bonitas?
jueves, 19 de agosto de 2010
Una de chistes
Hola de nuevo a todos. Otra vez en Madrid. Como no tengo muchas ganas de pensar en nuevas entradas, os dejo con esta del siempre genial Forges (tomado de ELPAÍS). A mí me ha hecho mucha gracia.
jueves, 5 de agosto de 2010
domingo, 1 de agosto de 2010
LA EMOCIÓN DE DESCUBRIR COSAS
Decía Aristóteles que todo hombre, por naturaleza, desea conocer. Sin embargo existe cierta tendencia a que, con el tiempo, nos anquilosemos, perdamos la ilusión y caigamos en la poltrona de la cotidianeidad y de lo ya aprendido. Si consiguiéramos retrotraernos a nuestra más tierna infancia (olvidando la alergia a aprender que se nos desarrolla en el colegio), ¿cuál sería el primer recuerdo de la ilusión ante un descubrimiento? ¿Alguien se acuerda de emocionarse viendo que las cosas caen? ¿O al abrir los cajones de mamá o papá? ¿O al enterarse de lo grande que es la Luna?... ¿Cuáles han sido nuestros descubrimientos más emocionantes, en cualquier edad? Yo me acuerdo, por ejemplo, de cuando descubrí que era española: corría de mi habitación al cuarto donde estaban mis padres preguntando cómo se decía mesa en todos los idiomas que se me ocurrían (sospecho que muchas respuestas se las inventaban)... Hasta que pregunté cómo se decía en español. Creo que tenía tres o cuatro años. Claro que, con una edad vergonzosamente adulta, recuerdo también cierta emoción ingenua al descubrir lo cerca que estaba de la Puerta del Sol cuando salía por ciertos bares en torno a Santa Ana...
Por supuesto, tengo recuerdos de descubrimientos más intelectuales, más sublimes... Pero no vamos a aburrirnos con eso. Deleitémonos al observar la emoción de otros seres al descubrir cosas que nosotros ya conocemos. Unos seres que, por cierto, también forman parte de mis recuerdos.
jueves, 29 de julio de 2010
LOS NABUCODONOSORCITOS
Bueno, al menos, si no ecología, hemos aprendido algo sobre la relatividad. ¿no?
martes, 27 de julio de 2010
El retrato de Dorian Gray
DORIAN GRAY O LAS ARTES DE MORFEO
Retrato de Dorian Gray, por Mercuralis
Es muy habitual preguntarse qué hace que un clásico sea clásico, o qué queremos decir con ello. No es en el argumento en sí, en el motivo o en la trama, donde se muestra la genialidad del arte; el arte re-crea la realidad, buceando en las entrañas de su ser y extrayendo nuevas formas de sus semillas.
Dejando aparte el debate ético sobre el apetito fáustico, lo que me ha cautivado especialmente de este libro es que está cargado de filosofía; pero de la que te obliga a reflexionar desde tus propias entrañas. Están el ser y el tiempo, el bien y el mal, la realidad y la apariencia... Pero hay otro tema que me ha resultado filosóficamente más cautivador: el instante y la eternidad. Creo que la novela está fuertemente arraigada en el sempiterno conflicto humano de encontrar ese sentido atemporal de la vida. En todo ello, las sensaciones y los sentimientos, la conciencia, la vida como apertura -de ahí la muerte que supone el narcisismo- y como creación artística, juegan su propio papel como hilos que van urdiendo ese retrato del miedo a lo efímero, a la muerte, al dejar de ser de lo que somos y de lo que amamos. Y el gran arma mortal con que se urde toda esa vorágine corruptora del alma: el lenguaje.
¿Qué conceptos de la vida se contraponen en ese duelo entre instante y eternidad? Escuchemos el punto de partida -aunque aparezca al final- de Henry Wotton:
"Life is a question of nerves, and fibres, and slowly built-up cells in wich thought hides itself and passion has it dreams".
(la vida es cuestión de nervios, y fibras, y células que se construyen lentamente en las cuales el pensamiento se esconde y la pasión tiene sus sueños)
Parece que Damasio ha tenido sus antecedentes literarios. ¿Qué sabemos sobre la vida? Lo único que conocemos es la vida misma: sus expresiones y acontecimientos aquí. Cuando hablamos del alma ya no pensamos en un principio de movimiento, sino en un trasunto de esta vida más eterno e imperecedero, idéntico a sí mismo a través de las transformaciones implacables del tiempo. ¿Cuál será, entonces, la realidad última, los átomos compositivos de nuestro mundo interior? Las sensaciones. Placer y dolor. Refinar el placer en sus más exquisitas formas será la única posible sublimación de la vida.
¿Qué son aquí los sentimientos? Huellas de sensaciones del pasado; de un pasado que ya no existe, que ya no es. Wotton nos presenta esas permanencias como cadenas que nos alejan de la raíz de la vida -el placer, la belleza como sensación-, siendo así que los superficiales serían entonces los que se anclan a constancias -fidelidad, recuerdos, remordimientos...- y los profundos quienes dominan sus sentimientos y se liberan de ellos.
What is the actual lapse of time got to do with it? It is only shallow people who requiere years to get rid of an emotion. A man who is master on himself can end a sorrow as easily as he can invent a pleasure.
(chapter 8)
(¿Qué tiene que ver el actual lapso de tiempo con esto? Es sólo la gente superficial quien requiere años para superar una emoción. Un hombre dueño de sí mismo puede acabar con un dolor tan fácilmente como inventar un placer)
Muy nietzscheano el planteamiento de creación y destrucción como verdadero sentido de la vida. Sin embargo, hay una trampa escondida en estas apologías del egoísmo sensualista: la búsqueda del refinamiento, de la belleza; de la constancia, incluso, en el apetito de placer. Es una forma de buscar la eternidad. Si la eternidad está en este mundo, ¿dónde se esconde? He aquí la respuesta: en el instante. Curiosamente es lo que defienden también las místicas orientales: aquí y ahora, olvidando lo que hice o lo que haré, vaciando el pensamiento de contenidos.Wotton propone a Gray huir de la esclavitud de los sentimientos, quizá porque nos anclan en el tiempo. Todo lo que nos separa del instante nos separa de la eternidad. ¡Qué dionisíaco, pretender ascender a los dioses a través de lo más animal, de lo más brutal e instintivo en nuestra naturaleza!
Pero el ser humano no está hecho para el mero instante, al menos en hacia lo que tiende su naturaleza. El ser humano podría definirse por su sed de constancia, de eternidad. ¿Qué es lo que conforma su naturaleza? El lenguaje. ¿Y qué es el lenguaje sino la cristalización de las semejanzas y constancias que buscamos en lo que percibimos? El lenguaje no es sólo las palabras con que nos expresamos, sino con las que pensamos; y en ello, con las que nos canalizamos hacia el mundo. ¿Realmente lo creamos con él?
If one doesn't talk about a thing, it has never happened. It is simply expression, as Harry says, that gives reality to things.
(chapter 9)
(Si no se habla de algo, eso nunca ha ocurrido. Es la mera expresión, como dice Harry, la que da realidad a las cosas)
Hermosa forma de expresar la tan antigua profesión de fe de los sofistas: el hombre es la medida de todas las cosas.
El lenguaje es la mano de Morfeo: creador de formas, de imágenes, intermediario entre la mente y la realidad. Y la realidad es ese lado oscuro de las cosas. Ese inconsciente en forma de conciencia que a Dorian Gray le es concedido contemplar en un cuadro. Esa oscuridad que soñamos eterna y a la que llamamos alma se nos presenta como nuestra propia sombra, lo que no podemos ver de nosotros mismos. El lenguaje es un peligroso creador: puede adentrarnos en las aguas profundas de nuestra realidad o mantenernos en su superficie, formando crestas de olas fantásticas con las que ocultar el fondo que se esconde tras ella. Un poder creador que Wotton sabe apreciar muy bien.
"I can stand brute force, but brute reason is quite unbearable. There is something unfair about its use. It is hitting below the intelect".
(Puedo tolerar la fuerza bruta, pero la razón bruta es intolerable. Hay algo incorrecto en su uso. Es un golpe bajo al intelecto)
Hermosa apología del lenguaje embaucador, en su aspecto creativo frente al revelador. Arte, creación: ése el el sentido que Wotton le otorga a la vida; así lo expresa en una nietzscheana visión de la música. "What a blessing it is that there is one art left to us that it is not imitative!" (¡Qué bendición que dispongamos de un arte que no sea puramente imitativo!) Pero en todo ello no puede evitar traslucir el mismo anhelo que expresa todo lo que desprecia: el ansia de eternidad. ¿Qué es la juventud aquí sino ese mágico instante de perfección, la cumbre entre la ladera del desarrollo y la de la decrepitud? El arquetipo, la idea platónica; la eternidad. Intentar poseerla es morir; para Dorian como para Basil, por distintos motivos. Y detrás de ambos, esa sombra perdida que quizá nunca debió salir a la luz: el alma. Lord Wotton, defensor del placer y la belleza, busca la realización en el instante, mientras Basil Hallward busca la eternidad platónica; pero también a través de sus formas visibles.
Concluyo con otra cita -muy de tono platónico dialéctico, por cierto-, que culmina esta reflexión a ninguna parte.
Concluyo con otra cita -muy de tono platónico dialéctico, por cierto-, que culmina esta reflexión a ninguna parte.
"The way of paradoxes is the way of truth. To test Reallity we must see it on the tightrope. When the Verities become acrobats we can judge them".
((El camino de las paradojas es el camino de la verdad. Para examinar la realidad debemos mirarla sobre la cuerda floja. Cuando las verdades se convierten en acróbatas entonces podemos juzgarlas).
jueves, 15 de julio de 2010
Imágenes del universo
IMÁGENES DEL UNIVERSO
(Imágenes tomadas por el Hubble de nebulosas, cúmulos de estrellas en eclosión...)
La imagen que nos solemos hacer cuando pensamos en el universo es un inmenso espacio negro salpicado de luces blancas, agrupadas o no de diversas formas. ¿No resultan sorprendentes estos paisajes del más allá (nunca mejor dicho)? ¿Qué os sugieren? Cuando las vi por primera vez, no pude evitar pensar en... los dioses. No descarto una unidad primigenia, pero lo que aquí se muestra es un verdadero multiverso. Presencias inmensas, imponentes, magníficas, cargadas de fuerza y belleza, abrumadoras e inaccesibles para el ser humano.
Sabemos que los colores son impresiones de las partículas lumínicas en nuestra retina, que después son procesadas por el cerebro. Son, por tanto, subjetivos; o al menos, como tenemos una naturaleza humana común, son intersubjetivos: los percibimos -creemos- del mismo modo. Pero, ¿acaso eso le quita realidad? Estas imágenes son formas en que el universo se nos aparece; muestran un universo-para-el-hombre. Seguramente nos sería imposible contemplarlas al natural, se nos muestran a través de ingenios tecnológicos que, a modo de oráculos, median entre los esquemas perceptivos de nuestra naturaleza y esa realidad que cada vez se nos muestra más inmensa, más inabarcable.
El origen de los dioses (quizá también intersubjetivo) está en cielo. Son personificaciones de las fuerzas que rigen el mundo en que vivimos; las que imprime el cielo sobre nuestras cabezas y las fuerzas desatadas que emanan de la tierra (al fin y al cabo, un planeta más en este universo).
Con imaginación, desde luego, pero decidme si no parece una narración ilustrada de la Teogonía: desde la formación de Urano, el nacimiento de los titanes, Cronos elevándose altivo, la lucha de titanes y la formación del cosmos que implica la aparición de los crónidas, con Zeus a la cabeza. Os dejo con estas visiones de fuerzas uránicas, de explosiones titánicas, de tensiones y furias quizá como las que precedieron, en el principio de nuestros tiempos, a la formación de ese punto de cosmos que constituye nuestro Olimpo.
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