viernes, 31 de diciembre de 2010

                                      ¡FELIZ AÑO NUEVO!
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viernes, 24 de diciembre de 2010


    Por motivos desafortunados en los últimos tiempos he entrado en contacto con los servicios de ambulancias de la Comunidad de Madrid.
    Sitúo: cualquier persona que esté impedida y que necesite una rehabilitación o atención médica, tiene que ser trasladado en ambulancia al hospital donde le toque... y, se supone, a la hora que le toque. Quienes conozcan directa o indirectamente este tema sabrán los problemas a que se enfrentan los pacientes y familiares: escasez de servicio, retrasos a veces de horas que imposibilitan llegar a tiempo de recibir su servicio sanitario, personal que a veces llega sin ayuda porque no han sido avisados (una persona inmovilizada que tiene que ser transportada hasta la ambulancia en una silla especial y en la ambulancia en camilla, necesita dos personas para el traslado), lo que implica pedirlo en el momento y esperar otra vez... lo que se tercie.
    Es mucho lo que implica para la salud de cada paciente sufrir estos percances, pero no es de esto de lo que quiero hablar ahora aquí, sino del otro lado del problema: los trabajadores de las ambulancias. ¿Con quién se desahoga uno cuando ha acumulado horas de tensión? Con ellos, porque son las únicas personas, seres parlantes y vivientes, con rostro, a los que podemos quejarnos.
    Pues bien, el problema viene por los recortes de plantillas y servicio que ha habido en el sector; por la reducción de cinco zonas en Madrid a cuatro; por la falta de coordinación que implican esas reducciones... Hacen lo que pueden acumulando el estrés de sus condiciones, y a ese estrés se les suma el de recibir quejas, lamentaciones, quién sabe si hasta insultos, que hacen que lleguen a su casa, al final de la jornada, con mal cuerpo. Porque a nadie nos gusta ser tratados con desprecio o indignación, comprensibles en sí, pero inmerecidas en general por ellos.
    Pero no acaba aquí la cosa: como "estamos en crisis" muchos de ellos llevan meses sin cobrar. Es decir, a un trabajo relacionado con una necesidad tan prioritaria y básica, se aplican unas condiciones cada vez más degradadas y cobrar tarde, mal o nunca.
   No sé de quién es la culpa; no escribo para descalificar a los empresarios de este sector, o a los ayuntamientos o Comunidad que no les pagan a ellos. Estamos cansados -yo lo estoy- de recibir noticias de correos en cadena, de conversaciones con amigos, sobre privilegios de políticos, despilfarros indecentes en gastos estrafalarios, malas gestiones; de oír discursos de una desfachatez que supera el entendimiento y de saber de acciones abusivas de este tipo de personas poderosas, de cualquier ámbito, cuya enanez moral ya no merece ningún comentario.
    Escribo para destacar la honradez y paciencia de quienes sufren los abusos y sus consecuencias; escribo para agradecer la decencia de quienes siguen al pie del cañón, sosteniendo la sociedad; de quienes siguen sabiendo sonreír y tratar al otro como un ser humano; desde el puesto que estén, desde la situación en que estén. Porque ese tipo de personas, que siguen dando aunque sea una sonrisa, sin recibir, ni siquiera reconocimiento, son quienes deberían estar orgullosos de sí mismos. Son quienes hacen que la vida en común siga siendo posible y soportable.
    A los trabajadores de las ambulancias, y a todos los que siguen transportando a los demás consuelo, y felicidad; por la salud moral de nuestra sociedad, a todos ellos quiero desearles al menos FELIZ NAVIDAD.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Textos filosofía medieval

Fragmentos de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino para practicar el comentario de texto.


2.…Ev- Ahora bien, si es propio de la bondad hacer bien aun a los extraños, no lo es de la justicia el castigar a aquellos que no le pertenecen. De aquí que sea evidente que nosotros le pertenecemos, porque no sólo es benignísimo en hacernos bien, sino también justísimo en castigarnos. Además, de lo que yo dije antes, y tú concediste, a saber, que todo bien procede de Dios, puede fácilmente entenderse que también el hombre procede de dios, puesto que el hombre mismo, en cuanto hombre, es un bien, pues puede vivir rectamente siempre que quiera.

3. Ag. - Evidentemente, si esto es así, ya está resuelta la cuestión que propusiste. Si el hombre en sí es un bien y no puede obrar rectamente sino cuando quiere, síguese que por necesidad ha de gozar de libre albedrío, sin el cual no se concibe que pueda obrar rectamente. Y no porque el libre albedrío sea el origen del pecado, por eso se ha de creer que nos lo ha dado Dios para pecar. Hay, pues, una razón suficiente de habérnoslo dado, y es que sin él no podía el hombre vivir rectamente.

Y habiéndonos sido dado para este fin, de aquí puede entenderse por qué es justamente castigado por Dios el que usa de él para pecar, l oque no sería justo si nos hubiera sido dado no sólo para vivir rectamente, sino también para poder pecar. ¿Cómo podría, en efecto, ser castigado el que usara de su libre voluntad para aquello para lo cual le fue dada= Así, pues, cuando Dios castiga al pecador, ¿qué te parece que le dice, sino estas palabras: te castigo porque no has usado de tu libre voluntad para aquello para lo cual te la di, esto es, para obrar según razón? Por otra parte, si el hombre careciese del libre albedrío de la voluntad, ¿cómo podría darse aquel bien que sublima a la misma justicia, y que consiste en condenar los pecados y en premiar las buenas acciones? Porque no sería ni pecado ni obra buena lo que se hiciera sin voluntad libre. Y por lo mismo, si el hombre no estuviera dotado de voluntad libre, sería injusto el castigo e injusto sería también el premio. Mas por necesidad ha debido haber justicia, así en castigar como en premiar, porque éste es uno de los bienes que proceden de Dios. Necesariamente debió, pues, dotar Dios al hombre de libre albedrío.

Agustín de Hipona, Del libre albedrío, cap. 1, 2-3

 
Ag. - Tú tienes por cierto, al menos, que Dios existe.
Ev.- Sí; esto tengo por verdad inconcusa, mas también por la fe, no por la razón.
Ag.- Entonces, si alguno de aquellos insipientesde los cuales está escrito: "dijo el necio en su corazón: No hay Dios": Sixit insipiens in corde suo: Non est Deus, no quisiera creer contigo lo que tú crees, sino que quisiera saber si lo que tú crees es verdad, ¿abandonarías a ese hombre a su incredulidad o pensarías quizá que debieras convencerle de algún mod ode aquellomismo que tú crees firmemente, sobre todo si é lno discutiera con pertinacia ,sino más bien con deseo de conocer la verdad?
Ev.- Lo último que has dicho me indica suficientemente qué es lo que debería responderle. Porque, aunque fuera él el hombre más absusrdo, seguraemnte me concedería que con el hombre falzy contumaz no se debe discutir absolutamente nada, y menos de cosa tan grande y excelsa. Y una vez que me hubiera condecido esto, él sería el primero en pedirme que creyera de él que procedía de buena fe en querer saber esto, y que tocante a esta cuetión n ohabía en él falsía ni contumacia alguna.
Entonces le demostraría lo que juzgo que a cualquiera es facilísimo demostrar, a saber, que, puesto que él quiere que yo crea, sin conocerlos, en la existencia de los sentimientos ocultos de su alma, que únicamente él mismo puede conocer, mucho más justo sería  que también él creyera en la existencia de Dios, fundado en la fe que merecen los libros de aquellos tan grandes varones que ateestiguan en sus escritos que vivieron en compañía del Hijo de Dios, y que con tanta más autoridad lo atestiguan cuanto que en sus escritos dicen que vieron  cosas tales que de ningún modo hubieran podido suceder si realente Dios no existiera, y sería este hombre sumamente necio si pretendiera echarme en cara el haberles yo creído a ellos, y deseara, no obstante, que yo le creyera a él. Ciertamente no encontraría excusa para rehusar hacer lo mismo que no podría censurar con razón.
Ag.- Pues, si respecto de la existencia de Dios juzgas prueba suficiente el que nos ha parecido que debemos creer a varones de tanta autoridad ¿por qué respecto de estas cosas que hemos determinado investigar como si fueran inciertas y absolutamente desconocidas, no piensas lo mismo, o sea, que fundados en la autoridad de tan grandes varones, debamos creerlas tan firmemente que no debamos gastar más tiempo en su investigación?
Ev.- Es que nosotros deseamos saber y entender lo que creemos.
 
Agustín de Hipona, ibid., 5
 
 
 
...Nadie puede pensar lo contrario de lo que es evidente por sí mismo, tal como consta en el Filósofo, IV Metaphys. y I Poster. cuando trata los primeros principios de la demostración. Sin embargo, pensar lo contrari ode que Dios existe, sí puede hacerse, según aquello del Sal 52, 1: Dice el necio en su interior: Dios no existe. Por lo tanto, que Dios existe no es evidente por sí mismo.
Solución. Hay que decir: La evidencia de algo puede ser de dos modos. Uno, en sí misma y no para nosotros. Así, una proposición es evidente por sí misma cuando el predicado está incluido en el concepto del sujeto, como el hombre es animal, ya que el predicado animal está incluido en el concepto de hombre. De este modo, si todos conocieran e n qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proposición sería evidente para todos. Esto es lo qeu sucede con los primeros pirincipios de la demostración, pues sus términos como ser-no ser, todo-parte, y otros parecidos, son tan comunes que nadie los ignora.
Por el contrario, si algunos no conocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto, la proosición será evidente en sí misma, pero no lo será pra los que desconocen en qué consiste el predicado y en qué el sujeto de la proposición.
 
Tomás de Aquino, Suma de teología, artº 1



Hay que decir: La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas. 1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que, en cuanto potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar al acto más que por quien está en acto. Ejemplo: El fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto. Ejemplo: lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío. Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. Ejemplo: un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.

Tomás de Aquino, ibid. artº 3



Ved si los entendéis bien y si sabríais, con cualquiera de ellos, responder bien a lo que se pide. Cuál es el tema (qué está argumentando o qué quiere demostrar), cómo lo argumenta (se puede incluir críticas posteriores que analicen la validez o no de esas argumentaciones).

sábado, 18 de diciembre de 2010

Agustín de Hipona por problemas

Esta es una guía para entender la filosofía de Agustín, sabiendo a qué problemas intenta responder. Recuerda que es muy importante estructurar bien las líneas generales del pensamiento de cada autor; la comprensión adecuada hace que esa estructuración sea coherente; repasa los apuntes y y explica los temas de forma clara y demostrando que los entiendes; según el texto que caiga, se pedirá que expliques el problema de lo que sea: empieza por ahí (el tema tal intenta responder a tal...) y continúa con el resto.


El leit-motiv:
     En la época de Agustín, con la proliferación de doctrinas filosóficas y religiosas, preservar una ortodoxia cristiana era crucial. La Iglesia Católica, ya organizada institucionalmente, necesita definirse a sí misma. Las constantes polémicas en torno a la naturaleza de Cristo, la salvación, etc. dan lugar corrientes consideradas heréticas desde dentro de la Iglesia (Maniqueísmo, Pelagianismo...) a las que la Iglesia oficial tendrá que dar respuesta recurriendo a las armas de la argumentación racional, que aporta la filosofía. Pero hay que tener en cuenta que ahora no se trata de una indagación pura, abierta a "donde nos lleve la razón". La verdad se supone que ya está revelada por Dios. Pero aun así resulta oscura para el hombre; de ahí la proliferación de interpretaciones y credos.
     Las cuestiones principales que Agustín intenta salvar se refieren a la naturaleza de Dios y son, a destacar: la omnipotencia y bondad infinita de Dios y su identificación con el ser absoluto. Estas verdades aceptadas más la necesidad de contestar a las interpretaciones consideradas erróneas o herñetucas dan lugar a lugar uno de los principales temas de debate de la filosofía crisitana: la relación entre razón y fe.

El problema del conocimiento

  Abarca el modo en que adquirimos el conocimiento -que se relaciona con la naturaleza del ser humano y de Dios, la relación entre fe y razón y las pruebas de la existencia de Dios.     
Si la verdad está ya revelada y debemos aceptarla por fe, ¿qué sentido tiene la filosofía? Intenta aquí defender el pensamiento racional frente a los que ensalzan sólo la fe y contestar a los escépticos, que niegan la posibilidad de conocimiento seguro. Tras su etapa de escepticismo, su principal inquietud es alcanzar la certidumbre absoluta.
     Para responder, Agustín se adhiere al modelo platónico, especialmente a través del Neoplatonismo.
Parte de la necesidad de justificar el esfuerzo por comprender. Inspirado en la dialéctica platónica, entiend el conocimiento como vía espiritual, es decir, como camino hacia Dios, como iluminación interior. Así, Dios es la fuente del conocimiento, ya que es quien pone las ideas en nosotros. Por dogma de fe, se distancia aquí de Platón y su teoría de la preexistencia del alma y la reminiscencia. 
Se encuentra en la necesidad de preservar las verdades de la fe. En este punto, nos encontramos con diversos contrastes entre la filosofía griega y la cristiana, ante lo que Hipona se inclina por la defensa de las verdades reveladas. Estos son, principalmente, el problema de la creación (por el rechazo del pensamiento racional a la idea de creatio ex nihilo), el de la adquisición de la verdad (de los límites de la razón a la aceptación de la verdad revelada), y el papel de la Historia como despliegue de la relación de Dios con los hombres y su sentido lineal, a los que se suman las divergencias que establecerá con el platonismo para adaptarlo a las verdades de fe.
 Describe los órganos de conocimiento: el de sentido interior, que capta los sensibles, y la razón o intelecto, que capta las verdades eternas puestas en el alma por Dios. Esta concepción de las ideas arquetípicas es denominada ejemplarismo. De este modo, Él es el garante de las verdades eternas. El esfuerzo por comprender se justifica porque es un camino espiritual cuya meta es Dios. Aquí juega un papel importante el amor, ya que es el motor que nos lleva a buscar el conocimiento, cuyo objeto es Dios. 
Fe y razón comparten la misma meta: Dios. En la polémica cristiana por la relación entre fe y razón, Hipona se inclina por la defensa del papel de la razón. La fe guía a la razón revelando la verdad a alcanzar (credo ut intelligam, creo para entender) y la razón ayuda a dar sentido a la fe (intelligo ut credam, entiendo para creer).

El problema del mal (como problema de la realidad, de Dios y del ser humano)
     Problema tradicional de la teología, su existencia pone en tela de juicio demasiadas cuestiones cruciales: la bondad divina, su omnipotencia... 
     Nos encontramos con dos posibilidades sobre el mal: o lo ha creado Dios o no lo ha creado Dios.
a) Si lo ha creado Dios, Dios no es bondad infinita.
b) Si no lo ha creado Dios, Dios no es omnipotente, pues hay otro poder en el mundo que lo crea.
Su solución combina dos afirmaciones:
Primero, que el mal no es una entidad en sí misma, sólo es alejamiento del bien (así no hay que recurrir a una fuerza maligna equivalente a Dios, como en el Maniqueísmo, y se salva su omnipotencia). Segundo, el mal es fruto de la libertad humana (así consigue explicar su existencia, haciendo responsable al hombre y no a Dios, pese a ser aquél criatura de Éste, como veremos).
     Pero esto nos lleva a otro problema: la libertad humana para hacer el mal, que completa este problema.

El problema de la libertad
     Dios ya no es responsable del mal, ahora es el ser humano, quien elige entre el bien -identificado con el Ser- y el mal -identificado con el no ser o alejamiento del ser-. ¿Hemos solucionado del todo el problema de la responsabilidad de Dios en el mal? No: si Dios es omnipotente y creador de todo, también nos ha dado Él la libertad, luego en última instancia sería responsable de que pequemos.
La solución que ofrece parte de esta premisa: Dios nos da la libertad para que podamos elegir el bien y ser así merecedores de la salvación. Pero entonces se objeta: si nos la da para el bien, ¿cómo es que el hombre la utiliza para el mal? ¿Acaso la libertad es un don negativo? Para salvar la dignidad de la libertad, Agustín recurrirá a la distinción entre libertad y libre albedrío, aunque a veces utilice el primer término como el segundo. La libertad total se identificaría con el estado de gracia, otorgado por Dios, cuando nos salva. El libre albedrío es la capacidad humana para elegir. Un ser libre es mejor que un ser no libre; por ello, Dios nos dio el libre albedrío como un bien, somos nosotros quienes podemos emplearlo mal.
     Tenemos, pues, que Dios sigue siendo infinitamente bueno y todo lo que nos da es bueno, incluyendo la libertad y la capacidad de elección entre el bien y el mal. Pero de aquí se deriva otro problema: si Dios nos da la libertad para ser merecedores de la salvación, entonces es el hombre el que se salva, no nos salva Dios. Esto cuestiona de nuevo su omnipotencia.

El problema de la salvación
Tenemos, pues, el siguiente dilema: por un lado, si Dios nos deja elegir entre el bien y el mal, es el hombre el responsable del mal, pero también el artífice de su salvación, luego ésta depende del hombre y no de Dios. Dios no es entonces ni omnipotente. pues es el hombre el que puede salvarse, ni omnisciente, pues no puede saber cómo obraremos si somos realmente libres, luego no sabe de antemano quién se va a salvar y quién no.
Por otro lado, si la salvación depende de Dios y no del hombre, no son nuestros actos los que determinan nuestra salvación, luego se cuestiona la finalidad del libre albedrío que se había postulado antes, y también la bondad de Dios, que elige condenar a algunos hombres.
Para solucionar este dilema recurre a su teoría de la creación y de la Historia. Combina las siguientes afirmaciones:
El hombre nace ya condenado (así, no es Dios quien condena a nadie), y esto es así por culpa del pecado original, que heredamos de nuestros padres. Esta teoría sobre las almas y la transmisión del pecado recibe el nombre de "traducianismo". Dios, pues, no condena a nadie, sólo salva a los hombres buenos dándoles la oportunidad de trascender su naturaleza carnal, siendo esto su Gracia divina; con esta explicación se sostiene que Sus actos siguen siendo todo bondad.
La siguiente afirmación es que Dios quién se va a salvar y quién no sin alterar la teoría del libre albedrío; lo sabe de antemano porque está fuera del tiempo: es eterno. De este modo, no tiene que esperar a que las cosas sucedan para conocerlas. 

La Ciudad de Dios y los tipos de amor 
Queda por comentar los dos tipos de seres humanos según el amor que profesan: los que componen la llamada "Ciudad de Dios", que son aquellos que aman a Dios (a este amor lo llamará charitas) y el resto de humanos que se aman a sí mismos (a este amor lo llamará cupiditas).

Agustín de Hipona tendrá una gran influencia en el pensamiento cristiano, especialmente durante la Edad Media. Su cristianización de Platón, a través del Neoplatonismo, le convierte en el máximo representante de la Patrística. Sus conceptos de libre albedrío, pecado original y Gracia divina tendrán una perdurable acogida en la teología. Respecto a la filosofía, es el primero que introduce la historia como concepto filosófico y su teoría de la interiorización tuvo gran repercusión en la exploración de la subjetividad, dejando huella en corrientes como la fenomenología. Es también relevante su defensa de la relación entre fe y razón para el conocimiento de la verdad.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Descartes, IV: apéndice

RELEVANCIA DEL PENSAMIENTO CARTESIANO Y OTRAS APORTACIONES

     Con Descartes se inaugura la filosofía moderna, caracterizada por el giro hacia el estudio del conocimiento como base de todo saber posterior.
     La distinción radical entre cuerpo y conciencia o alma, a que lleva su cogito ergo sum ha supuesto un hito difícilmente superable, que tiene como consecuencia el solipsismo de la conciencia y que ha suscitado numerosas polémicas: cuerpo y alma quedaron tan radicalmente separados que no sólo su existencia es radicalmente independiente, sino que además resultan ciegos el uno al otro y la explicación de su influencia mutua se hace imposible (la teoría de la glándula pineal ha sido severamente criticada, sobre todo por carecer del rigor metódico que el propio Descartes exigía en un principio).
    Su filosofía se caracteriza, pues, por el subjetivismo y el idealismo.
· Subjetivismo: el cogito hace el pensamiento más cierto que la materia, y al mío más cierto que al de otros. La materia sólo es comprensible por deducción de lo que se sabe del pensamiento: se deduce a partir de la idea innata de extensión.
· Idealismo: se trata de un idealismo epistemológico, no metafísico; respeta a los cuerpos (a diferencia de Platón, que dejaba la esencia de los mismos como algo exterior a ellos).

     A sus aportaciones en filosofía y matemáticas hay que sumar sus aportaciones en física:
− Aceptó la ley de la inercia, pero no la de la atracción de los cuerpos. Las fuerzas son mentales, no físicas.
− La res extensa es la materia: en cuanto sustancia, no concibe el vacío.
     Espacio: habla más bien de lugar: interior: extensión propia de cada cuerpo; exterior: extensión de los demás cuerpos.
     Movimiento: lo concibe como transporte de una parte de materia de la vecindad de unos cuerpos a la de otros. El universo está lleno: el movimiento, por tanto, se produce en forma de círculos.
     Causas del movimiento: Dios y las leyes del movimiento.
     − Dios: lo da y lo conserva.
     − Leyes del movimiento:
        · Permanencia del estado en que se encuentra el cuerpo .
        · Tendencia a continuar en línea recta (junto con el anterior, son el principio de inercia)
       · Comunicación de cantidad de movimiento (*cantidad de movimiento: producto de la materia por la
          velocidad).

Descartes, III: ontología y antropología

LAS SUSTANCIAS

Una vez llegado a la primera verdad simple  y evidente (1ª regla), tiene que construir el saber a partir de esa primera intuición indubitable. De este modo irá deduciendo, y en este orden: la res cogitans (el alma), la res infinita (Dios) y la res extensa (el mundo).

Sustancia: es una cosa que existe de tal modo que no necesita ninguna otra para existir. (en Aristóteles, lo que permanece; definición realista frente a la gnoseológica de Descartes). Es lo que percibimos clara y distintamente como autónomo de lo demás.

Del cogito... a la res cogitans

Ahora sé que soy, pero aún no sé qué soy; la respuesta cartesiana va a ser: soy una cosa que piensa.
Por pensar entiende todo contenido de conciencia: dudar, afirmar, negar, conocer, ignorar, amar, odiar, desear, imaginar, sentir...
El sujeto pensante es el sub-yectum de pensamientos, voliciones, imaginaciones, sentidos… Se una sustancialización del pensamiento.
La afirmación de la res cogitans se produce por simple intuición: esa es la naturaleza del cogito ergo sum. (Aquí Descartes está dando un salto ilícito a la sustancia, introduciendo el concepto “cosa”. Se trata del prejuicio sustancialista: no puede haber una actividad sin ente sustancial que la sostenga).

De la res cogitans a Dios

     Dado que la única certeza hasta ahora es el cogito...,  tiene que llegar a Dios a través de él, no de los objetos, pues su existencia -de la que ya ha dudado- aún no ha sido demostrada (lo contrario de lo que hacía Tomás, quien demostraba la existencia de Dios a partir de los seres del mundo).
     Así pues, del cogito, en cuanto primer conocimiento indubitable (claro y distinto) deben extraerse todos nuestros conocimientos. Analizándolo (2ª regla), encontraremos dos elementos: el pensamiento como actividad y las ideas (ahora no interesan voliciones y juicios).
En cuanto actos mentales tienen el mismo estatuto ontológico (lo que abarca el "pensar"), pero como contenido objetivo son diversos. Va a analizar, pues, los tipos de ideas, que clasifica del siguiente modo:
Adventicias: las que parecen provenir de la experiencia.
Innatas: las que nacen conmigo.
Ficticias: inventadas, compuestas por la mente a partir de otras.
     Entre las ideas innatas descubre la de infinito, que identifica con Dios.
Partimos de la siguiente definición de Dios: “sustancia infinita, eterna, inmutable, independiente, omniscente y omnipotente”.

     El razonamiento es el siguiente: debe haber tanta realidad en la causa como en el efecto. ¿Cómo puedo yo, un ser finito, provocar en mí la idea de infinito? Dado que yo no puedo ser la fuente, pues soy finito, tiene que haberla puesto en mí un ser infinito; por tanto, existe esa sustancia infinita a la que llamamos Dios (como vemos y como señaló Kant, se trata de otra formulación del argumento ontológico).

De Dios a la existencia del mundo (res extensa)

     Como es bueno (por la idea que tengo de Él), no actuará como el genio maligno. Si me ha dado inclinación a creer en los cuerpos exteriores, deben existir, pues si no, sería un impostor, y esto contradice la naturaleza de Dios (infinitamente bueno). También me ha dado la facultad de corregir errores: claridad y distinción. Por tanto, Dios se convierte en el garante de la existencia del mundo. De este modo, ya tenemos dos ciencias seguras: matemáticas y física.
     Veamos ahora qué naturaleza posee esa sustancia exterior a mí. Tendremos que indagar lo que es en sí, no el modo en que se me aparece, pues la información de los sentidos es cambiante.
     El planteamiento entonces es el siguiente: ¿cómo conocemos los cuerpos? Para argumentar pone el ejemplo de la cera: al calentarla, observamos que cambian sus cualidades. Lo que aparece a los sentidos no era, pues, la cera misma. Ésta está constituida por extensión, flexibilidad y movimiento, que son entendidos por la mente, no por la imaginación (recordemos que la imaginación es la capacidad de hacerse imágenes). El concepto que nos hacemos de la cera no es una visión o contacto, sino una inspección de la mente. El conocimiento por los sentidos es confuso y lo compartimos con los animales; sólo el hombre posee la razón (entendida ahora como esa "luz natural" de nuestra mente). No podemos negar lo que aparece a la luz natural.
     Prescindiendo de los datos de los sentidos, nos encontramos con que la cualidad fundamental del mundo externo es la extensión. De ahí que denomine a esta otra sustancia que es el mundo la res extensa.


     Las propiedades de esta res extensa se desarrollan en su física, de indudable valor pero que quedará eclipsada por la física que culminará la ciencia moderna: la newtoniana.

   Con respecto a la psicología, la separación cuerpo-alma (res cogitans/ res extensa) cartesiana es la más radical, siendo completamente irreductible la una a la otra. Tal separación radical ha supuesto un problema derivado que ha supuesto un importante conflicto en el desarrollo posterior de la filosofía psicológica: explicar la conexión entre cuerpo y alma. La solución que Descartes propone es una compleja teoría que postula la existencia de ciertos "espíritus" animales que circulan por la sangre y provocan los impulsos nerviosos; con esta teoría reduce todo movimiento corporal a un funcionamiento similar al de las máquinas. Los animales, según Descartes, no tendrían alma, se reducen a ser concebidos como máquinas muy sofisticadas. Del mismo modo funcionaría el cuerpo humano; pero a diferencia de los animales sólo el ser humano tiene alma, en cuanto esa conciencia pensante. La influencia del cuerpo y el alma se efectúa por su unión en la glándula pineal. Esta teoría resultó -y resulta- extraña y poco coherente con el grado de rigor que el propio Descartes exigía en un principio (aunque tiene cierto paralelismo con antiguas teorías fisiológicas sobre las funciones de la glándula pineal) y hoy en día, dentro de su pensamiento, resulta poco más que anecdótica.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Descartes II: teoría del conocimiento

EL MÉTODO

(problema: ¿cuál es el camino seguro del saber? En su tiempo se constata el error humano, consecuencia de la Revolución Científica y los contrastes de paradigmas...)

     Desde Aristóteles y hasta Descartes se entendía que existía una diversidad de ciencias según la diversidad de objetos a conocer (entes naturales, números, pautas de acción...). La naturaleza de esos objetos determinaba, por tanto, el método de la ciencia que lo estudia.
     Descartes parte de un nuevo planteamiento: la razón es única e ilumina los objetos sobre los que se dirige (concepto de luz natural de la razón). Nada puede ser conocido antes que el entendimiento, pues de él depende el conocimiento de todas las cosas y no a la inversa. Hay que saber cómo conocemos para aprender a conocer. Puesto que la razón es única, interesa conocer su estructura y funcionamiento para aplicarla correctamente.
Hay que encontrar, pues, el método de la razón, para conocer con certeza en cualquier ámbito y edificar de forma segura cualquier ciencia.

Estudio de las formas de conocimiento
Comienza analizando las formas de conocimiento que existen, y éstas son dos:
* Intuición: luz natural que tiene por objeto las naturalezas simples; proporciona al entendimiento los elementos a partir de los cuales edificar el conocimiento. Descartes la define del siguiente modo: “No es el testimonio fluctuante de los sentidos, o el juicio falaz de una imaginación que compare mal, sino la concepción de una mente pura y atenta tan fácil y distinta, que en absoluto quede duda sobre aquello que entendemos; la concepción que nace de la sola luz de la razón”.
    En el orden, en lo simple, radica el principal secreto del método, el que todo verdadero saber se reduzca en último término a lo simple, cuyo carácter no lo recibe de las cosas mismas sino en cuanto depende de la razón (in ordine cognoscendi). La RAZÓN se expresa plena y adecuadamente como intuición.
     Descartes insiste mucho en la definición de intuición porque en ella va a radicar el secreto de su método. La cuestión es encontrar la fuente de error: la deducción no puede ser, si se ha hecho correctamente sin omitir ningún paso. El error proviene de la experiencia: se admiten experiencias poco comprendidas (sin el rigor de la intuición) o se emiten juicios precipitadamente y sin fundamento.
* Deducción: intuición sucesiva de las naturalezas simples y sus conexiones. “Todas las cosas que pueden caer bajo el conocimiento de los hombres se siguen unas a otras de igual manera”. Aquí radica el hallazgo de una “ciencia admirable”, la “humana sapientia”: a partir de la conexión necesaria de todos los elementos simples en una unidad ordenada.

Naturaleza del método
      La mejor muestra de la razón se encuentra en la certeza de las matemáticas: su objeto no puede negarse por la experiencia, pues es puro y simple, y su proceder consiste en una secuencia sintética que observa y respeta el orden. La aritmética y la geometría representan un papel propedéutico e indicativo de cómo debe proceder el conocimiento.
     Tomando como modelo las matemáticas, Descartes va a distinguir dos sentidos del método: interno y externo.
El externo es el que se deduce de las matemáticas y que sirve de ejemplo.
El método interno: se deduce del anterior, y es el originario modo de proceder de la mente humana, que posibilita y permite, por lo pronto, tal saber matemático -única ciencia, de momento, en que la certeza es segura-; proporciona las reglas de la razón natural; no se trata de la generalización de un determinado saber, sino de una validez impuesta por la unidad de la razón. Así se entiende que nada puede ser conocido antes que el entendimiento, puesto que de él depende el conocimiento de todas las demás cosas, y no a la inversa.
Encontrar ese sentido interno, profundo, del método tiene como finalidad alcanzar la “Mathesis universalis”, la “Scientia universalis“. Mathesis univesalis no significa tanto el conjunto de los saberes matemáticos como un determinado modo de saber: aritmética y geometría se reducen a operar con figuras y cifras. Lo que importa es la certeza y evidencia de este método, que se sigue de la indudable inmediatez y verdad existentes en el orden de las naturalezas simples y sus relaciones.


Pasos del método
En su obra Reglas para la dirección del espíritu Descartes sistematiza del siguiente modo los pasos del saber:
1ª Regla: evidencia. No admitir nada como verdadero si no es evidente. Intuición: clara y simple.
2ª Regla. Análisis. Dividir las dificultades en sus partes más simples.
3ª Regla. Síntesis. Establecer un orden de nuestros pensamientos.
4ª Regla. Comprobación: hacer revisión para estar seguros de no haber omitido nada.

LA DUDA METÓDICA

    Comienza, pues, la aplicación de la primera regla: la búsqueda de la evidencia. Para admitir algo como absolutamente evidente es preciso que sea indubitable: hay que descartar, pues, todo aquello de lo que, del modo que sea, se pueda dudar. Comienza así a analizar todo el conocimiento.
1er paso: los sentidos. Son la fuente de conocimiento más cercana. ¿Es posible dudar de su testimonio? Encuentro que a veces mis sentidos me engañan (e.: cuando meto un palo en el agua lo veo torcido, pero en realidad no lo está). Si mis sentidos me engañan alguna vez, no puedo estar seguro de que no lo hagan siempre. No son, pues, fuente de conocimiento seguro.
2º paso: el mundo exterior. Aun no fiándome del testimonio de mis sentidos, puedo afirmar que hay un mundo exterior a mí que los provoca. ¿Es posible dudar de que exista tal mundo exterior? Observo que, cuando sueño, creo firmemente que lo que estoy viviendo es cierto, pero cuando despierto compruebo que no lo es. ¿No es posible dudar en todo momento de que lo que vivo sea real o esté soñando? La existencia de un mundo real no es, por tanto, un conocimiento indubitable; hay que descartarlo también.


3er paso: las certezas matemáticas. Aun existiendo la posibilidad de que no haya un mundo fuera de mí que me provoque sensaciones, esto no afecta a las verdades matemáticas: exista o no un mundo exterior, dos y dos siguen siendo cuatro, y lo mismo puede decirse de cualquier otra proposición matemática. ¿Es posible dudar de la veracidad de mis deducciones matemáticas? Aquí Descartes va a plantear la hipótesis del genio maligno. ¿Y si existiera un genio maligno que hiciera que mi mente reconociese como evidente lo que no lo es? ¿No podría ser que cuando estoy deduciendo verdades matemáticas estuviese siendo manipulado en mi razonamiento por alguna especie de genio maligno?
   Llegado a este grado de duda, Descartes cree ya imposible encontrar alguna intuición absolutamente indubitable a partir de la cual edificar de forma segura el edificio del conocimiento. Pero entonces (en aquella famosa revelación al calor de una estufa) se produjo en él la intuición sublime que le hizo pasar a la historia:

4. Obtención de la primera certeza: COGITO ERGO SUM. Puede que los contenidos de mi conciencia sean manipulados y resulten falaces, pero de lo que no tengo forma de dudar es de que pienso, por tanto es preciso que exista, pues es imposible que se dé el pensamiento si no hay nadie que piense. He aquí una intuición simple y pura, absolutamente evidente e indubitable en sí misma: pienso, luego existo.
   Si dudo de tal proposición, la confirmo, pues dudar implica existir. La duda puede alcanzar el contenido del pensamiento, pero no el pensamiento mismo. No es un silogismo. Es diferente a cualquier otra actividad (yo camino…).
   Por pensar entiende todos los estados psíquicos: dudar, entender, concebir, afirmar, negar, desear, imaginar, sentir... No hay, pues, que reducirlo, a la actividad del intelecto. De aquí derivará su radical separación cuerpo/alma. El alma o conciencia es la sede de todo contenido mental, incluendo las sensaciones físicas como el hambre, el placer, el dolor... Es, pues, más radical que Platón en su distinción y separación de ambas sustancias.



A partir de ahora el Cogito... cumplirá una doble función:


* En cuanto posee claridad y distinción, se convierte en tipo ejemplar de proposición verdadera, y se convertirá en la piedra angular a partir de la cual edificar su filosofía.
* Tal certeza tiene como consecuencia la radical distinción entre alma y cuerpo, condenando a aquélla al solipsismo y dando lugar al subjetivismo más absoluto, hasta el punto de que la conciencia no puede tener certeza más que de sí misma. Descartes intentará deducir un sistema de conocimiento seguro a partir de aquí, pero este sistema ha sido bastante cuestionado y su verdadera influencia radica en la llegada a este punto.
El tema del conocimiento en Descartes abarca también la deducción de las tres sustancias, el momento "constructivo" de su filosofía.  Pero a su vez la deducción de las sustancias abarca el tema de Dios (sustancia infinita) y el del hombres (res cogitans y res extensa).

viernes, 10 de diciembre de 2010

Descartes, I: contexto

DESCARTES

CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIOCULTURAL Y FILOSÓFICO


Vida
     Nació en La Haya (Turena, Francia) en 1596  y murió en Suecia (Estocolmo), durante su visita a la reina Cristina, en 1950.
     Su educación viene marcada por sus estudios en La Flèche, colegio de jesuitas, donde aprendió filosofía escolástica (padres de la Iglesia, Aristóteles y sus comentadores, etc.) y matemáticas, además de otras disciplinas científicas. El estudio de la escolástica fue lo que le llevó a rechazar el pensamiento dogmático y a defender la razón.
     Buscando tranquilidad y huyendo de la agitada vida social de París, se alistó en el ejército holandés (1617) y después en el bávaro durante la Guerra de los Treinta Años (1619), lo cual le permitió viajar por toda Europa. Fue en Baviera, durante el invierno y al calor de una estufa, donde tuvo la experiencia del cogito ergo sum, descrita en el Discurso del método. Después vivió en Holanda durante 20 años, por ser el único país en el s. XVII donde había libertad de especulación (allí vivieron también Hobbes, Locke y Spinoza).
      Mantuvo correspondencia con la reina Cristina de Suecia,  entusiastade la cultura y mecenas, de quien recibió una invitación por la la que tuvo que ir a instruirla en 1649. Pero el clima sueco -y las horas de madrugada en que la reina deseaba recibir sus clases- no favorecieron mucho la delicada salud de Descartes, que falleció en Estocolmo un año más tarde.


CONTEXTO HISTÓRICO


     La época de Descartes está marcada por la reforma luterana y Guerra de los Treinta Años (1618-1648), finaliza con la Paz de Westfalia, guerra suscitada por los conflictos religiosos que desembocaron en una escisión en el Cristianismo: católicos y protestantes, reforma que a su vez da lugar a otras escisiones como la anglicana o la calvinista.
     Paralelamente, las monarquías autoritarias se van consolidando en monarquías absolutas, y la hegemonía española decrece en Europa frente a la francesa. En esta época reina en España Felipe III, con quien comienza la época de los validos; en Francia Luis XIII (es también la época del cardenal Richelieu); en Inglaterra Isabel I es sucedida por Jacobo I (dando lugar a un cambio de dinastía); y destaca también en Suecia, por su relación con Descartes, la reina Cristina, caracterizada por su afición intelectual y por ser mecenas de numerosos pensadores y artistas.

CONTEXTO SOCIO-CULTURAL

     La sociedad continúa siendo estamental, aunque cada vez más socavada por el ascenso de la burguesía. Los cambios económicos van propiciando un nuevo concepto del Estado y la riqueza, consolidándose el mercantilismo económico. A todo esto se suma la influencia del conocimiento del nuevo mundo recientemente conquistado.
     En el panorama científico el hito más destacado es la Revolución científica que dará lugar al nacimiento de la ciencia moderna.
     En el campo del arte nos encontramos con un nuevo movimiento: el Barroco, estilo caracterizado por su recargamiento y por la influencia temática propagandística de la Contrarreforma, por un lado, y las monarquías absolutas o la burguesía protestante por otro. En la literatura destacan las figuras de Góngora y Quevedo, Voiture, Racine, Molière… En pintura nos encontramos con la obra deVelázquez, Rubens… La música también vive un momento de apogeo con las obras de Bach, Vivaldi o Häendel, entre otros.

CONTEXTO FILOSÓFICO

     La Edad Moderna viene marcada por la herencia de la  corriente intelectual del Renacimiento, el Humanismo, y por la Revolución científica que se lleva a cabo en esta época: desde Copérnico (1473-1543) y Keppler (1575-1630) hasta Galileo (1564-1642) -proceso que culmina con Newton-.
En el pensamiento de Descartes influyen sus estudios de filosofía escolástica, matemáticas y ciencias en La Flèche,  estudios que le llevan al rechazo de la autoridad como fuente de conocimiento. En este aspecto hay que sumar la influencia del escepticismo de Montaigne (humanista, creador del género literario del ensayo).
     Este rechazo se aúna a otra gran tendencia de la época, fruto de la Revolución Científica en desarrollo: la búsqueda del método. En la Edad Moderna se produce un giro de la metafísica a la teoría del conocimiento; en este giro, caracterizado por la búsqueda del método y cuyo máximo representante es Descartes (considerado el padre de la filosofía moderna) destacan como antecedentes principales Bacon y Galileo, triunfando finalmente el método hipotético-deductivo desarrollado por el último. Esto supuso un gran avance del método científico experimental.
     Todo este panorama filosófico va a dar lugar en la filosofía moderna a dos posturas opuestas en teoría del conocimiento: el Empirismo, desarrollado principalmente en Inglaterra (Bacon, Hobbes… culminando más tarde con Hume) y el Racionalismo, desarrollado sobre todo en Francia, y encabezado por el propio Descartes.
     La crisis de la ciencia aristotélica trajo a primer plano el problema de la génesis del conocimiento y de sus desviaciones. La investigación experimental en física lleva al pensamiento filosófico a la búsqueda del método científico: aquél con el cual se garantice el camino seguro. Racionalismo y Empirismo son dos corrientes ante un mismo problema: ¿De dónde proceden nuestros conocimientos? El idealismo de la ciencia moderna es el de un sistema deductivo en que las leyes se deducen a partir de ciertos principios y conceptos primeros. Esto es aceptado por todos, pero no la naturaleza de esos primeros principios, de esa materia prima de que están construidos nuestros conocimientos.

     El  Racionalismo se basa en dos afirmaciones fundamentales:

· Nuestro conocimiento sobre la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes.
· Estas ideas y principios son innatos al entendimiento, los posee independientemente de toda experiencia sensible. Este último punto es el que se opone al Empirismo.