lunes, 28 de diciembre de 2009

Hiroshi Tasaka

Hace poco descubrí a Hiroshi Tasaka, un autor japonés, filósofo, ingeniero (hasta aquí me recuerda a Wittgenstein...), profesor en la Universidad Tama (Tokio), cofundador de una network llamada SophiaBank... y autor de más de cuarenta libros sobre la gestión del trabajo y del conocimiento, e incluso de autoayuda. Pero lo que me llamó la atención de este pensador fue su teoría de la "paradoja del conocimiento" que define la mentalidad de nuestro tiempo y que explica en el video que aquí presento (lo he visto ya en varios blogs...). En efecto, en la llamada "sociedad del conocimiento" parece que el conocimiento está devaluado. Tasaka nos explica esta paradoja y abre las puertas a un modo de entender el conflicto generacional que se vive hoy en día con respecto a la gestión del trabajo. No os lo perdáis, porque da mucho juego.




domingo, 13 de diciembre de 2009

El hedonismo de Epicuro

"Así, cuando decimos que el placer es fin, no hablamos de los placeres de los corruptos y de los que se encuentran en el goce, como piensan algunos que no nos conocen y no piensan igual , o nos interpretan mal, sino de no sufrir en el cuerpo ni ser perturbados en el alma".

EPICUREÍSMO: LA ÉTICA DEL PLACER SERENO

El hedonismo es la creencia en que el fin de la vida humana es la obtención del placer. Las éticas hedonistas son también eudemonistas (no a la inversa), porque buscan también la felicidad como clave para entender el arte de saber vivir, pero a diferencia de otras reducen la felicidad al placer. Son éticas subjetivistas, ya que el placer se entiende como sensación de bienestar del sujeto. El bien y el mal se convierten en sinónimos de placer y dolor.


Epicuro de Samos (341-270 a.C.)


Epicuro nació y murió en Samos, pero a los 35 años se trasladó a Atenas, donde fundó su escuela moral: el Jardín. En él no sólo se meditaban cuestiones filosóficas, sino que tenían como estilo de vida el cultivo de la amistad. En esta escuela, cosa rara en la época, se admitían también mujeres.
Epicuro es considerado el fundador de la escuela moral hedonista. Es una de las llamadas "escuelas morales" del Helenismo (otras son el estoicismo, el cinismo...). En esta época de inestabilidades, donde el concepto de patria o Estado se ha desdibujado, el espíritu de la época está marcado por el individualismo, la preocupación por el destino o la suerte, la proliferación de ritos mistéricos de diversa procedencia cultural... La filosofía se hace menos especulativa y más práctica o, simplemente, se sistematiza el pensamiento anterior. No interesa tanto conocer serenamente la realidad, tanto como encontrar fórmulas para manejarse en ella, y es esto lo que caracteriza las escuelas morales de esta época: podría decirse que son "recetas" fáciles para la felicidad.
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EL EPICUREÍSMO
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La finalidad del hombre es alcanzar la felicidad, e identifica ésta con el placer, pero entendido como vida tranquila. El placer se define como ataraxia, ausencia de dolor (en realidad, ausencia de turbación). Hay que evitar todo lo que perturbe el alma: la política (porque se generan intrigas y enemigos), los grandes banquetes o excesos de cualquier tipo (porque producen después malestar y desequilibrio), la necesidad de lujo (porque no siempre se pueden alcanzar y buscarlos o mantenerlos generan preocupación...) y cultivar el más seguro de los placeres: la amistad.

La antropología y metafísica de Epicuro está fundada en el atomismo materialista. El alma está compuesta de átomos muy sutiles. El ideal es alcanzar el perfecto equilibrio o armonía en el cuerpo y en el alma.
Argumenta contra los principales temores del hombre, que son: el temor a los dioses, a la muerte y al dolor:

a) Los dioses están alejados del hombre y su mundo, son indiferentes a nuestro destino. Por ello no hay que temer sus decisiones. Epicuro los concibe como “hedonistas racionales”.
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Antes de nada, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso -tal como lo suscribe la noción común de la divinidad- y no le atribuyas nada ajeno a la incorruptibilidad ni impropio de la dicha. Piensa de ella aquello que pueda mantener la dicha con la incorruptibilidad. (...)
Pues no son premoniciones, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, de donde hacen derivar de los dioses los mayores daños y beneficios. En efecto, familiarizados continuamente con sus propias virtudes, acogen a sus iguales, considerando extraño todo aquello que no les sea semejante. (...) Entendiendo el azar no como un dios, como lo considera la gente -porque nada carente de orden obra la divinidad- ni como una causa insegura -pues no cree que a partir del azar les sean dados a los hombres el bien y el mal en orden a la vida feliz, pero sí que de él se procuran los principios de los grandes bienes y males-, considerando que es mejor ser desdichado con sensatez que afortunado con insensatez; es, por otra parte, mejor que en nuestras acciones el buen juicio sea coronado por la fortuna.

b) Mientras se vive no se tiene sensación de muerte; y cuando se muere no se tiene sensación alguna, por lo que no hay dolor.
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Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad. Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. De modo que es necio quien dice que teme a la muerte no porque le angustiara al presentarse sino porque le angustia esperarla. Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Con que ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya. El sabio, en cambio, ni rehúsa la vida ni teme el no vivir. (...). Y así como en su alimento no elige en absoluto lo más cuantioso sino lo más agradable, así también del tiempo saca fruto no al más largo sino al más placentero.
Epicuro, Carta a Meneceo, fragmento II.

c) El dolor está, hasta cierto punto, bajo nuestro control. La clave es conocernos bien y conocer la naturaleza de los placeres para ordenar racionalmente nuestra vida hacia la ataraxia.

También consideramos un gran bien a la autosuficiencia, no para que en toda ocasión usemos de pocas cosas, sino a fin de que, si no tenemos mucho, nos contentemos con poco, sinceramente convencidos de que disfrutan más agradablemente de la abundancia, quienes menos necesidad tienen de ella, y de que todo lo natural es muy fácil de conseguir, y lo vano muy difícil de alcanzar. Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que una comida abundante, cuando alejan todo el dolor de la indigencia. Pan y agua proporcionan el más elevado placer, cuando los lleva a la boca quien tiene necesidad. El acostumbrarse a las comidas sencillas y frugales es saludable, hace al hombre resuelto en las ocupaciones necesarias de la vida, nos dispone mejor cuando ocasionalmente acudimos a una comida lujosa y nos hace intrépidos ante el azar.

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La clave de la felicidad consiste en alcanzar un estado permanente de equilibrio, huyendo de los placeres excesivos que perturban el alma y llevan parejos un posterior estado de dolor. No se trata de un placer exclusivamente material, sino duradero y de índole espiritual o afectivo. Hay que alcanzar el equilibrio de ánimo. No hay que suprimir los placeres de los sentidos, sino ordenarlos y subordinarlos a su bienestar físico y espiritual. El placer es salud del cuerpo y equilibrio del alma. La primera fuente de inquietud son los deseos, a cuya satisfacción enfocamos la acción. De ahí que establezca una jerarquía de deseos:

........* Naturales:

· Necesarios:

...para la felicidad (amistad-amor (philía)...)
...para el bienestar del cuerpo (abrigo, aseo...)
...para la vida misma (comer, respirar...).


· Meramente naturales (goces sensuales: comidas y bebidas agradables...)

* Vanos (lujo, adornos, modas... los que son ilusorios y no generados por nuestra propia naturaleza).

La racionalidad consiste en un correcto conocimiento de estos deseos, en saber reducir las necesidades a las mínimas y escoger entre los placeres aquellos que no conlleven ningún dolor (rechaza todo tipo de excesos) y que proporcionen un mayor equilibrio permanente tanto al cuerpo como al alma. Del mismo modo, un dolor momentáneo que conlleve un placer mayor y más duradero también será preferible. Así pues, hay que conocer cuáles son las auténticas necesidades del hombre: las elementales: comer, beber, tener abrigo. Y aun ellas deben reducirse a lo indispensable, ya que los deseos perturban el alma.

Los placeres son cualitativamente distintos: unos son superiores a otros. Así, los placeres del alma son superiores a los del cuerpo. El amor y el conocimiento nos proporcionan más deleite, porque responden a nuestra naturaleza más elevada, mientras que los meramente sensuales sólo responden a nuestra naturaleza animal.
Por último, sólo me queda acabar con el consejo con que comienza Epicuro su Carta a Meneceo, un consejo que transcribo tal cual porque nadie mejor que él expresa su sabiduría.
Nadie por ser joven vacile en filosofar ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma. Quien dice que aún no le llegó la hora de filosofar o que ya le ha pasado es como quien dice que no se le presenta o que ya no hay tiempo para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo [...] Hay que meditar lo que produce la felicidad, ya que cuando está presente lo tenemos todo y, cuando falta, todo lo hacemos por poseerla.

martes, 8 de diciembre de 2009

Cortiblog 18

Las cosas cambian cuando se dicen con optimismo


- ¡Mamá, mamá, sorpresa! ¡Para el año que viene no tienes que comprarme los libros del colegio!
- ¡Huy, qué bien! ¿Y eso por qué?
- ...Pues... ¡Porque repito curso!

sábado, 5 de diciembre de 2009

cortiblog 17

NO ES POSIBLE DAR VIDA MÁS QUE POR MEDIO DE LA MORAL

Ésta es una reflexión de Chateaubriand sobre la época que le tocó vivir, sobre el sentido de la historia, de la civilización y de la vida. La frase que destaco me parece suprema: la moral es lo único eterno, o quizá es esa vocación de eternidad, de encontrar algo inamovible que nos sirva de guía y dé sentido a la vida. Y es el único legado que de verdad nos consolaría dejar.

"Después de Alejandro, comenzó el poder romano; después de César, el Cristianismo cambió la faz del mundo; después de Carlomagno, la noche feudal engendró una nueva sociedad; después de Napoleón, la nada; no se ve llegar ni imperio, ni religión, ni bárbaros. La civilización ha alcanzado su apogeo, pero es una civilización materialista, infecunda, que no puede producir nada, porque no es posible dar vida más que por medio de la moral; no se llega a la creación de los pueblos sino por los caminos del cielo: los ferrocarriles sólo nos conducirán con más rapidez al abismo".
Memorias de ultratumba, libro XXIX, cap. 12.

El eudemonismo de Aristóteles

EL EUDEMONISMO DE ARISTÓTELES




.........El punto de partida de Aristóteles es el fin de la acción humana. Es una ética entendida como “arte de saber vivir”.

........En su clasificación de los seres vivos por género y especie, Aristóteles define al ser humano como animal racional (zoón logikón) [1] y animal social (zoón politikón) [2]. El planteamiento de Aristóteles es el siguiente: la acción humana viene determinada por su finalidad. ¿Cuál es el nombre genérico de aquello a lo que todo ser humano aspira? La felicidad. Habrá que preguntarse entonces en qué consiste la felicidad. La perfección de cualquier cosa radica en la adecuación con su naturaleza: la felicidad consiste en la plena realización de la naturaleza humana.
........Se plantea ahora la necesidad de analizar en qué consiste esa naturaleza. Hemos dicho que define al hombre como animal racional y animal social. Por tanto, el hombre tendrá que desarrollar al máximo sus virtudes en ambos aspectos.


SOBRE LA VIRTUD

........Por virtud (areté) hay que entender el grado máximo de perfección de una actividad. La virtud de una buena flauta es sonar bien; la de un buen cuchillo cortar bien. La virtud del hombre consistirá en desarrollar al máximo y del mejor modo posible su función o acitvidad específica: aquella que define su naturaleza. Y ésta será su intelecto (en cuanto animal "racional" y su convivencia en sociedad (en cuanto animal "social"). Distingue así dos tipos de virtudes: éticas (las relativas a la convivencia social) y dianoéticas o intelectuales.
.......Dado que la virtud es excelencia o perfección de cualquier cualidad, va a definirla como el justo medio entre dos extremos: un exceso y un defecto, ya que si a lo perfecto se le quita o añade algo, se estropea; y si mejora, es que aún no era perfecto. Así, la valentía resulta ser el justo medio entre la cobardía y la temeridad; la generosidad, entre la tacañería y la prodigalidad...

.......No hay que entender, sin embargo, la virtud como mediocridad. Si es el justo o exacto medio entre dos extremos de conducta, con respecto al bien la virtud es el extremo máximo, porque es la perfección.

SOBRE LA FELICIDAD


......Si hubiera que definir el grado absoluto y supremo de felicidad, éste consistiría en la perfección de todas y cada una de las cualidades humanas. Es decir, habría que poseer todas las virtudes éticas (ser justo, bueno, valiente, generoso...), intelectuales (satisfacer al máximo nuestra sed de conocimiento), físicas (estar sano y poseer belleza...) Obviamente, esto es un ideal inalcanzable. Es simplemente la consecuencia lógica de lo que sería la plena realización de un ser humano. Pero somos temporales, el mundo de la naturaleza está en constante movimiento y transformación, por lo que ese grado supremo de felicidad queda como un horizonte hacia el cual dirigir nuestros pasos, según el momento que nos toca vivir. Juzgar si un ser humano es feliz sólo se puede hacer cuando se ha completado entera su vida, y cuando esta vida puede ya ser juzgada en toda su completitud.

CARACTERÍSTICAS DE LA ÉTICA DE ARISTÓTELES


.......Además de ser el más destacado exponente del eudemonismo, es una ética teleológica –la acción se explica por su finalidad (télos)– y contextual: no se pueden dar normas morales universales: cada acción es concreta, depende de un contexto que marca su propio grado de virtud o perfección. Esto no implica que sea subjetiva o relativa: hay un grado objetivo de perfección de cada acción, pero no un criterio general para juzgar a priori la bondad o maldad de cualquier tipo de acción. Es por tanto una ética objetiva.

......A diferencia del intelectualismo moral, para Aristóteles la virtud ética se adquiere mediante la práctica, la costumbre.


DIFERENCIAS DESTACABLES CON OTRAS ÉTICAS


Con respecto al hedonismo de Epicuro, la diferencia principal parte de la propia concepción de la naturaleza y el alma humanas. Para Aristóteles la felicidad es algo a conquistar, es un proceso de desarrollo, algo que viene marcado por su concepción de la potencia y el acto (la naturaleza de cualquier ser no abarca sólo lo que es, sino lo que puede llegar a ser). Para Epicuro, sin embargo, la felicidad sería más bien algo a mantener: es mera ausencia de dolor, es mantenimiento de un equilibrio interior, tanto físico como psíquico. En este sentido es también subjetiva, pues se define por la sensación de placer o bienestar.


------Con respecto a los estoicos, la diferencia más destacable se establece respecto a la definición de virtud. Si Aristóteles es más realista y desapasionado en su definición, para los estoicos la virtud se define como apatía, control o ausencia de las pasiones, aceptación de la realidad.


-----En cuanto a la ética kantiana, la diferencia más obvia gira en torno al concepto de felicidad, frente al de deber.
........A ésta se puede añadir otra no tan de base pero de consecuencias importantes. Para Aristóteles, el placer en la realización de la acción culmina su perfección. Para Kant, la acción debe obrarse al margen de todo sentimiento, sólo por deber.
........Por último, la ética de Kant es universal y a priori (no contextual). En Aristóteles, la virtud es también relativa a la naturaleza del sujeto: igual que la comida adecuada para un atleta no es la misma que para un niño, la acción perfecta o el bien no es la misma para todos.



[1] En realidad, animal con lógos, a diferencia del resto de los animales. Lógos significa más que razón: es, ante todo, lenguaje, en cuanto el lenguaje humano es simbólico y no meramente denotativo, en cuanto expresa una comprensión del mundo. En este sentido, también las cosas poseen lógos en cuanto poseen un orden, una causa, en cuanto responden a una ley. Lógos es también la capacidad humana para percibir ese orden o sentido del mundo, así como de expresarlo (de ahí que a Jesucristo se le llamara Lógos o Verbo, palabra de Dios).
[2] Animal que vive en una polis. La diferencia de la sociedad humana con la de algunos animales es que aquélla se basa en la comunicación, en un acuerdo basado en el diálogo (día-lógos, intercambio o transmisión de lógos). La polis para Aristóteles es la unidad autónoma por excelencia en que se realiza el ser humano. Una unidad menor es la familia, pero ésta no posee autonomía. La polis o el Estado es el espacio donde el ser humano se realiza plenamente en una convivencia ordenada por leyes racionales, esto es, conducentes al bien común.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Teorías éticas. Clasificaciones


Clasificaciones de las teorías éticas





.........Hay distintas formas de clasificar y adjetivar las teorías éticas, según el criterio que se aplique a ello. Esta diversidad nos da idea de lo difícil que es esclarecer realmente la naturaleza y alcance de la moral, pues cada una de estas clasificaciones encierra un dilema.

........Según se considere el origen de los valores y normas morales, se pueden clasificar en naturalistas y no naturalistas. Las naturalistas son aquéllas que reducen los fenómenos éticos a cualquier instancia de la naturaleza, ya sean factores psicológicos, sociológicos o biológicos. Las no naturalistas creen que el fenómeno moral es irreductible a cualquier otra instancia.

¿Existen pautas de acción porque son necesarias para que la comunidad subsista? ¿Se trata de un fenómeno psicológico por el cual nos hemos acostumbrado a ver como bueno o como malo lo que nos han enseñado como tal? ¿Se puede reducir la moral a unas claves para conseguir aquéllo que deseamos realmente, aunque no siempre lo tengamos claro? ¿O más bien el bien y el mal, la justicia y la injusticia, tienen una entidad propia y objetiva? ¿Fue Hitler malo sólo porque se equivocó, y se desvió del camino de la felicidad? ¿O más bien porque su forma de actuar resulta perjudicial para la supervivencia del grupo? ¿Es necesario buscar explicaciones, o se puede decir, sin más, que lo que hacía estuvo mal? Sobre todo, piensa tú mismo: cuando piensas o sientes que algo es injusto, ¿lo crees realmente así?


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También pueden clasificarse como objetivistas o subjetivistas: las primeras entienden que la bondad o maldad de una acción tiene una realidad propia, mientras que las segundas lo reducen a la percepción del sujeto: el bien y el mal serían formas humanas de percibir ciertas acciones.

¿Existe un mundo de valores? ¿O está sólo en la mente humana y su forma de percibir la realidad?

..........Según se considere que existe un conocimiento del bien y el mal o que éstos se intuyen o sienten al margen del conocimiento, las éticas pueden clasificarse como cognitivistas o no cognitivistas.
........Dentro de esta clasificación, y según se atienda a la naturaleza misma del fenómeno moral, tal y como es vivido por el sujeto, se clasificarían en emotivistas o intelectualistas. Las primeras reducen la moral a sensaciones o emociones de placer o desagrado ante ciertas acciones, mientras que las segundas piensan que es el conocimiento del bien y el mal lo que confiere una dimensión moral al hombre.

De este punto de vista se derivan algunas cuestiones interesantes ¿Puede un retrasado mental tener moral? Piensa, por ejemplo, en la conducta de Bo Radley en Matar a un ruiseñor: salva al chico sin pensar en ganar nada a cambio. Ahora vayamos al otro extremo: ¿se puede hacer el bien sin conocer en qué consiste? En la película de Doce hombres sin piedad, algunos miembros del jurado votan culpable porque aún les falta un criterio para contemplar el caso de otro modo, pero cuando se les muestra cambian de opinión. Claro que quizá el mero conocimiento del bien no baste para defenderlo. Otro ejemplo cinematográfico es el del juez Ernst Janinn, de los procesos de Nurenberg (Vencedores o vencidos): una mente privilegiada para el concepto de justicia, y sin embargo...

........Atendiendo a la localización de la bondad o la maldad de las acciones, pueden clasificarse en intencionales y consecuencialistas. Las primeras parten de que una acción es buena si está realizada con buena intención; las segundas atienden más a las consecuencias de la acción para fundar un estudio del bien y el mal.


El argumento de Arsénico por compasión nos da un divertido pie para plantearnos este dilema. Dos ancianitas, por pura bondad, se dedican a envenenar a ancianos solitarios para evitarles el sufrimiento de la vida que suponen que llevan. La intención es de lo más bondadoso, pero... ¿podemos decir que eso está bien? Otro ejemplo muy notorio sería el de Don Qujote y los desastres a que conducen algunas de sus aventuras. Aunque también podemos ponernos en el otro extremo. Para reírse de Sancho, le ofrecen gobernar una ínsula, y de su gobierno derivaron algunos juicios muy sabios y justos, como el de la mujer supuestamente violada o el sastre de las capas. ¿Se puede decir que la actitud de los duques que otorgan la ínsula es decente?



.........Las formas de clasificarlas son muy variadas. Podríamos añadir la distinción entre éticas monistas y pluralistas (según se considere que el bien es uno o que tiene distintas acepciones), prescriptivas y normativas (según se limiten a estudiar el fenómeno moral o se preocupen de basar unas pautas de conducta)... Pero una de las más conocidas es la que estableció Kant, distinguiendo entre éticas formales y éticas materiales.

.........Las éticas materiales son aquéllas que atienden al contenido del mandato moral, y se basarían en imperativos hipotéticos (si quieres alcanzar tal bien, debes comportarte así). Las formales, en cambio (fundadas por Kant) atienden a la forma de la ley moral: a aquéllo que la hace sentir o percibir como obligatoria, al margen de su contenido concreto (haz esto o lo otro). Dada la trascendencia que tuvo la ética de Kant, el giro ético que supuso y su rechazo de todas las teorías éticas basadas en el significado del bien, la distinción entre éticas formales y materiales es una de las más recurridas.

.........A todas estas clasificaciones se les puede añadir las teorías que quedan en zonas intermedias, intentando superar los dilemas que plantean las distinciones polares. Cuestión de cada cual es adherirse más a una o a otra. Pero en fin, para concluir, sólo queda decir que lo que realmente interesa de estas formas de clasificar las teorías no es la erudición de conocer su nomenclarura, sino lo que nos obliga a plantearnos respecto a la naturaleza del bien y el mal, de la moral al fin y al cabo. Plantearnos estos temas nos ayuda a perfilar nuestros criterios y a hacernos más autónomos. Como siempre, toda forma de conocimiento aboca al conocimiento de uno mismo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

lunes, 16 de noviembre de 2009

El amor ciego



El amor ciego



..............¿Por qué se dice que "el amor es ciego"? Tendemos a pensar que perdonamos cualquier defecto del amado, cerrando los ojos ante ello, o que sublimamos sus cualidades no viendo la realidad.
..............Pero el origen del significado de esta expresión es algo distinto, y se remonta a ciertas concepciones sobre el conocimiento sensible y el conocimiento inteligible, relacionadas a su vez con concepciones sobre distintas esferas de la realidad. Los mitos retratan de un modo excepcional estas concepciones.
.............Recordemos a Tiresias, el adivino. La versión más extendida de su ceguera cuenta que, paseando por el monte, vio a dos serpientes en cópula. Separándolos o hiriendo a uno de ellos -según alguna versión mató a la hembra-, el resultado de su acción fue que quedó convertido en mujer. Siete años más tarde y repitiéndose la escena, de su nueva intervención recuperó su primitivo sexo. Siendo conocida esta aventura, ocurrió que un día discutían Zeus y Hera sobre cuál de los dos sexos disfrutaban más del acto amoroso, y decidieron consultar a Tiresias, pues era el único conocedor de ambas experiencias. Su respuesta fue que, si hubiera que dividir el placer en diez partes, la mujer se quedaría con nueve y el hombre sólo con una. Hera se encolerizó al ver revelado el gran secreto del sexo femenino, por lo que, en castigo, le dejó ciego. Para compensar esta cruel venganza, Zeus le concedió el don de la profecía, privilegio que conservó aun después de su muerte, como aparece en la Odisea.


........La interpretación del mito nos revela que el conocimiento del "más allá" o de la cara oculta y primigenia de la realidad requiere la ausencia o disolución de los sentidos, de entre los cuales la vista es el más privilegiado en el mundo griego (recordemos que el verbo que designa el conocimiento, εἰδέναι (eidenai), deriva de εἴδω (eidō, ver o mirar), se refiere a la visión interior, y de ahí deriva nuestra palabra "idea").




..........Esto se refleja también en el mito de Edipo. Recordemos que, tras conocer su verdadero linaje y el cumplimiento fatal de su destino, habiendo ya matado a su padre y tomado a su madre por esposa, se sacó los ojos (más concretamente, se clavó el alfiler del vestido de su madre cuando esta se ahorcó). ¿Por qué esta brutal reacción contra sí mismo? La verdad oculta se le ha manifestado y ya esta vida, en la que nos mostramos y la que se nos muestra a la percepción humana, le resulta odiosa. Sacarse los ojos es renunciar al conocimiento de este mundo y sus placeres, reinos, posición y poder. Esa renuncia es la que marca su personalidad tal y como se muestra en la obra posterior a Edipo Rey, Edipo en Colono.


............¿Y qué tiene esto que ver con el amor? Creemos que el amor ciego describe la pasión que nubla la realidad y nos lleva a sublimar al otro, pero hay otro sentido más primigenio de esta visión. el amor verdadero no contempla al amado con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. La mera atracción erótica es carnal, el atractivo del cuerpo no es verdadero amor. Estar realmente enamorado (no en el sentido de Stendhal) no es desconocer al otro ni sublimarle, sino ver más allá de lo que los demás ven. Es ese amor que inspira la Afrodita Urania de Platón, llegar a esas cualidades espirituales que trascienden el aquí y el ahora. En este sentido, amar es alcanzar lo eterno.

martes, 10 de noviembre de 2009

Nietzsche, Freud y Einstein

Éste es un vídeo que he encontrado en youtube del que me habló mi compañero Juan Luis. Oímos hablar de los grandes pensadores, de sus contribuciones al pensamiento. Nos imaginamos, cómo no, que tendrían vida personal, e incluso estudiamos sus vidas paralelas a sus obras. Pero pocas veces los vivimos en directo.

El gran pensador del superhombre, en sus últimos días de locura, queda retratado con esa mirada hacia dentro, como mirando ya su propio crepúsculo interior. Su mano parece un corazón intentando latir; en un momento parece querer decir un último mensaje, señalar algo, sin esperanza. Sus movimientos lentos, sin rumbo, apenas insinuados, parecen huir de la vida, o quizá esbozar un último pálpito en ella. Esa vida que tanto exaltó como fuente primigenia y radical, principio y sustento superior a toda verdad y a todo ser. Es duro presenciar el fin.

Muy distinto es el retrato de Freud, con la vida acelerada por la cámara, de movimientos rápidos. Leyendo ávido, vital en su gesto de ponerse y quitarse las gafas, en un día soleado y acompañado (supongo) por su mujer, extendiendo alegre su falda entre las hojas... Quien nos sumergiera en el abismo tenebroso del inconsciente parece retratado en un momento en que disfruta a tope de la vida.

Nada nos aparece, sin embargo, de la vida de Einstein en su retrato. Pero sí de la potencia de su pensamiento y el prestigio adquirido. Comienza la cinta con una risa espontánea y autocomplaciente, y continúa con el discurso que motiva la grabación. Siendo el más moderno, abundan más las grabaciones sonoras donde aparece en persona explicando sus teorías científicas o sus posiciones políticas. El documento recoge, con sincronía, tres fuertes influencias de la Edad Contemporánea, y parece avanzar diacrónicamente en la capacidad de registrar documentos.

Tres hombres para una época.



lunes, 9 de noviembre de 2009

Padres y chiquillos

El preocupante tema de la violencia juvenil y la falta de valores es uno de los más candentes de nuestra actualidad. No vamos a entrar en sucintos análisis sociológicos sobre la educación de hoy en día; para qué deprimirnos más. Dejémonos llevar un poco por el lado cómico de la versión más populachera del asunto. Ahí os dejo con

PADRES Y CHIQUILLOS



miércoles, 4 de noviembre de 2009

cortiblog 16

......El lenguaje no se compone sólo de significados, sino también de sentimientos y valoraciones asociadas a esos significados. ¡Y qué fácil es manipular la realidad con ellos! Ante una misma actitud o cualidad, le damos un nombre u otro según queramos alagarla, censurarla, exagerarla o minimizarla. Y claro, la elección dependerá de que sea uno mismo quien la mantiene o quien la sufre.
......Vamos a poner un ejemplo: ¿Cuándo alguien está defendiendo su dignidad y cuándo está siendo soberbio? A menudo algunas personas tienen que reclamar sus derechos ante otros; pero también a menudo reclaman privilegios o, dado la vuelta: a menudo la gente se aprovecha de los demás (el poderoso categorizará de soberbio a quien cuestione el uso de su poder) pero también se puede acusar a alguien de soberbio si mantiene una postura firme ante quien reclama lo que realmente no le pertenece. Y claro, también hay situaciones ambiguas, y un cierto campo semántico asociado a esta postura.
......¿Cómo deshacer las trampas manipuladoras del lenguaje? Apelando al amigo Sócrates: con la definición. Voy a proponer algunas que intentan abarcar esas connotaciones emotivas para entender cuándo se puede o debe censurar y cuándo no.

Dignidad: respeto por uno mismo.
Soberbia: creencia injustificada en que uno mismo, en su ser o en su juicio, es superior a otros.
Arrogancia: exibición de la soberbia.
Orgullo: esta palabra abarca connotaciones positivas y negativas. "Yo tengo mi orgullo" o "es un orgulloso" son dos ejemplos de esta ambigüedad emocional del término. Podemos acotarlo como una dignidad ciega. Si atina, resulta digno. Si no, resultará hiriente, para uno mismo u otros.
..........Pensad ahora vosotros en los términos opuestos: humildad, humillación, modestia, servilismo... ¿cuándo hemos de ser humildes y cuándo nos estamos humillando?...

lunes, 2 de noviembre de 2009

LOS MOTORES DE LA CONDUCTA HUMANA. CRITERIOS DE ACCIÓN

CRITERIOS DE ACCIÓN: INTERESES Y CONCIENCIA. EL UMBRAL DE LA MORAL

..............Recordemos que lo que caracteriza un juicio o un criterio moral es que sea universal y desinteresado. En cuanto a los valores, los definimos como aquello que se desea por sí mismo, y en concreto el valor moral lo que valoramos con respecto a los conceptos de bien y mal, de justo o injusto, términos que son en sí mismos universales y desinteresados. Sistema de valores: perspectiva individual, social y universal. Relación entre ellas.
............Hemos definido la moral como algo que deseamos en última instancia, más allá de la sujeción contextual al espacio y al tiempo. En la balanza de los motores de la acción, los valores morales eran criterios sobre lo que consideramos bueno en sí, al margen del contexto de mis intereses. Aquí es donde encontramos la relación entre el criterio moral y la voluntad, del mismo modo que otros criterios se relacionan con deseos e impulsos (limitados espacial y temporalmente).
...........Ya Kant explicaba que, si sólo fuéramos racionales, el imperativo categórico sería un ser y no un deber ser. Pero nuestra naturaleza sensible (el hecho de tener un cuerpo, unas necesidades y unos deseos que nos condicionan) hace que a veces nos arrastremos más por criterios contrarios a nuestra propia razón universal sobre cómo debería ser el mundo, al margen de mi papel o puesto en él.
..........La moralidad de la acción, pues, va a depender de dos factores que se sitúan como en los dos platos de una balanza: uno es el interés propio: las consecuencias que para mí tendrá mi acción, ya sea para el mantenimiento de mi vida o para una simple ganancia económica, de prestigio, de comodidad...
.........En el otro plato de la balanza se sitúa lo que mi voluntad me dice a través de mi conciencia. Ese es el criterio universal que poseo, pero que tendemos a nublar, y que sólo puede ser esclarecido por la reflexión racional (1), que nos libera de prejuicios y nos enfrenta a nosotros mismos.
........Cuando el interés vence a la conciencia, tendemos a acallar esta última y a relegarla al fondo de la mente. Este proceso genera remordimientos, tanto mayores cuanto mayor sea la conciencia.
........Nuestra fuerza de voluntad puede ser mayor o menor; también puede ser mayor o menor nuestra claridad de juicio respecto a los propios valores, lo que creemos que está bien o mal. Hay tendencias personales (personas más morales o con más capacidad de sacrificio), pero también depende del momento y de lo que nos juguemos en concreto (recordemos que las jerarquías de valores difieren para cada cual). Al punto en que la balanza se inclina de un lado u otro es a lo que llamo el umbral de la moral.

(1) Con esto no queremos cerrarnos a la idea de que la moral se perciba a través de la razón; algunas teorías tienden a explicar esa percepción como sentimientos, intuiciones emocionales, u otras formas específicas de intuición. Pero esclarecer nuestras propias ideas es sin duda tarea de la razón o reflexión consciente.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LOS MOTORES DE LA CONDUCTA HUMANA. REFLEXIÓN RACIONAL Y VOLUNTAD

REFLEXIÓN RACIONAL Y VOLUNTAD


Razón

Una de las principales acepciones del término “razón” la define como facultad de discurrir. Por esta facultad se ha distinguido al hombre del resto de los animales, si bien en su formulación primigenia, la cualidad específica del hombre era el lógos, un término cuyo significado abarca connotaciones distintas a las actuales (abarca las acepciones de la capacidad de discurrir y los términos con que se expresa la comprensión del mundo: el lenguaje). En relación a la conducta humana, lo que aquí nos interesa en principio es que esta facultad analiza y esclarece las causas y sopesa las consecuencias de seguir cualquiera de los factores que determinan nuestra conducta (impulsos, deseos, intereses, sentimientos, valores...) intentando ordenarlos y compatibilizarlos. En este aspecto podemos sin más identificarla con la que Kant denominó “el uso práctico de la razón” (en contraposición a su uso teórico).
La razón o reflexión, entendida como lógos (recuérdese el significado de día-lógos), es el vehículo de comunicación entre todos los hombres y la herramienta universal para alcanzar la justicia, eliminar ambigüedades lingüísticas y falsas creencias (doxopatologías) que empañan y contaminan la convivencia social.

Breve recorrido por su significado
Platón distinguirá tres naturalezas condicionantes de la conducta o tres partes del alma: la irascible (se refiere al ánimo,el ímpetu, la visceralidad), la concupiscible o apetitiva (los deseos del cuerpo) y la racional. Ésta última debe dominar y controlar las otras: en su mito del carro alado ha de ser el auriga. Aristóteles define el logos como el tipo de alma específica del hombre, pero en lo referente a la acción existen en griego otro término para aludir a esta “inteligencia práctica”: la sophrosine o prudencia. En la Edad Media destaca el debate que la contrasta con la fe, mientras que en la Edad Moderna se centran en su oposición a la experiencia, en cuya relación se centrará buena parte de la filosofía de Kant. De este autor cabe destacar que considera la razón como la fuente del conocimiento ético: es ella quien nos dice lo que está bien o mal, en oposición al “emotivismo moral” de Hume, consecuencia de su empirismo. Ya en la Edad Contemporánea su estudio ha dado lugar al idealismo alemán, el raciovitalismo de Ortega… Y en el aspecto ético se ha intentado explicar el conocimiento de los valores a partir de otras fuentes o facultades (véase Scheler).Una de las principales acepciones del término “razón” la define como facultad de discurrir. Por esta facultad se ha distinguido al hombre del resto de los animales, si bien en su formulación primigenia, la cualidad específica del hombre era el lógos, un término cuyo significado abarca connotaciones distintas a las actuales (abarca las acepciones de la capacidad de discurrir y los términos con que se expresa la comprensión del mundo: el lenguaje). En relación a la conducta humana, lo que aquí nos interesa en principio es que esta facultad analiza y esclarece las causas y sopesa las consecuencias de seguir cualquiera de los factores que determinan nuestra conducta (impulsos, deseos, intereses, sentimientos, valores...) intentando ordenarlos y compatibilizarlos. En este aspecto podemos sin más identificarla con la que Kant denominó “el uso práctico de la razón” (en contraposición a su uso teórico).


Voluntad
El vocablo deriva del latín voluntas-atis < volo = querer. El DRAE la define como potencia del alma que mueve a hacer o no hacer una cosa. Pero este concepto ha sido tratado desde diversas perspectivas y con distintos significados. Aquí vamos a centrarnos en aquél que lo distingue de los deseos y que hace referencia a la intencionalidad moral.
Si partimos de la búsqueda de la autenticidad individual, del yo íntimo (el yo trascendental kantiano) este término haría alusión a lo que el individuo quiere por encima de todo; es algo a menudo desconocido, ya que los deseos nos marcan falsas expectativas, en cuanto están sometidos a las circunstancias del momento concreto en que vivimos (recordemos que el deseo es contextual: aquí y ahora quiero algo). En este sentido, podríamos decir que constituye el punto máximo de individualización, siendo por ello lo más indefinible.
Para entender la distinción entre voluntad y deseo (ambos son querencias de algo), pensemos en cualquier cosa que a veces nos privamos de hacer, aunque nos apetezca, por satisfacer una querencia mayor: quiero salir pero me quedo a estudiar, no me gusta una medicina pero me esfuerzo y la tomo para curarme… Voluntad y deseo pueden entrar en conflicto. Se ve muy claro en el caso de las adiciones: alguien puede querer superar una adición (pongamos que desea fumar), para lo cual tendrá que hacer un esfuerzo de voluntad. Lo expresamos muy claramente cuando hablamos de tener “fuerza de voluntad”.
Conocerse a uno mismo significa superar los impulsos (se ciñen a la naturaleza meramente biológica) y los deseos (limitados a lo temporal, a un momento determinado más o menos amplio, y condicionados por la sociedad, tanto en cuanto que los crea como que nos impulsa a crear una imagen de nosotros mismo que la satisfaga, para insertarnos en ella; bien lo sabe la publicidad), por lo que la voluntad se ayuda de la reflexión (lógos).
Papeles destacables de la voluntad en la filosofía
Nietzsche definirá al hombre como voluntad de poder, haciendo así de ésta la raíz de la naturaleza última del ser humano. Kant anteriormente había identificado la buena voluntad con la obediencia a la razón, única autoridad que nos hace verdaderamente autónomos.

Paradojas para pensar un poco
Conocerse a uno mismo tendría relación con conocer la voluntad interna, que a veces se ve empañada por los deseos e incluso por las expectativas de otros. Pero, ¿qué somos nosotros mismos? Podemos, en principio, identificarnos con nuestro cuerpo; enseñamos nuestro retrato y decimos “este soy yo”. Pero, ¿es posible que no nos guste nuestro cuerpo? Obviamente pasa a menudo. Si el cuerpo es el objeto juzgado, ¿quién es el sujeto que juzga? Podemos contestar que “el alma”. Pero es también difícil entender qué es eso. ¿Nuestro carácter, por ejemplo? ¿No es también posible que no nos guste? A veces rechazamos ser tan tímidos, o tan irascibles, o tan perezosos… ¿qué es la autoestima? ¿Quién estima y qué es estimado? Hemos hablado de rasgos de carácter, quizá podríamos apelar a la inteligencia racional. Pero, en un principio, eso nos iguala a todos en lo que se puede conocer. Y, en cualquier caso, ¿no puede ocurrir también que quisiéramos tener más inteligencia, o más talento para algo de los que carecemos (para los números, la música, el trato social…? Pensemos en la pregunta ¿Qué es el yo? ¿Es una cuestión metafísica o una trampa del lenguaje?...

Curiosidades etimológicas de algunos nombres de la Odisea



CURIOSIDADES ETIMOLÓGICAS Y GENEALÓGICAS DE ALGUNOS PERSONAJES DE LA ODISEA


Ulises (Ὀδυσεύς): en el original griego, Odiseo. El nombre de Ulises procede de una variedad dialectal latina. Hijo de Anticlea y Laertes, aunque algunas fuentes lo hacen hijo de Anticlea y Sísifo.
Una tradición cuenta que Anticlea, embarazada de él, se dirigía a un lugar donde parir cuando se vio sorprendida por la lluvia, teniendo que hacer un alto en el camino. De ahí podría venir su nombre, que resultaría una contracción de “Zeus envió lluvia sobre el camino”: κατά τήν ὁδὸν ὁ Zεύς. Otra etimología supuesta alude al hecho de que Sísifo le predijo que sería odiado por mucha gente; su nombre, en efecto, recuerda al verbo “ser odiado” (ὸδύσσoμαι); en cualquier caso, resulta demasiado anecdótico para no ver en ello una etimología derivada. La etimología más probable es la que recuerda su verdadera naturaleza, aquélla por la que será más recordado, y ésta haría referencia al nombre de “camino” en griego, ή ὁδóς. El espíritu áspero de la palabra, que parece desacreditar esta etimología, se explica por la forma del término en épico: oὐδóς, oὔ, donde el espíritu es suave. Podemos sumarle como segunda parte alguna derivación del verbo σῴζω, salvar, preservar del peligro. Entendido en voz pasiva, el nombre completo podría significar “el que es salvado del camino, el que llega felizmente tras el camino”.
Con su propio nombre se desarrolla un juego de palabras en uno de los episodios más conocidos de la Odisea: cuando es interrogado por Polifemo acerca de su nombre, éste le responde que se llama “nadie” (oὐδείς). Por un lado, le dice su nombre a medias, por otro le miente sobre su significado. Es propio de su astucia dialéctica, engañar y mentir sin que lo parezca o pueda ser acusado; en una palabra: manipular. El mismo juego se produce en el canto X, cuando Circe le aconseja ir al Hades a consultar el oráculo de Tiresias, señalándole que “hasta el Hades nunca nadie llegó en una nave”.

Penélope (Πηνελόπη): hija de Icario y nieta de Tindáreo, prima, por tanto de Helena. Su madre fue la náyade Peribea.
La etimología más plausible sería un compuesto de πενίoν, que significa canilla (carrete con el hilo de la trama) y λώπη, vestidura o manto. Haría así alusión a la famosa tela –en realidad, un sudario para su suegro Laertes– que tejía de día y destejía de noche para entretener a sus pretendientes.

Telémaco (Tηλέμαχoς): hijo de Ulises y Penélope. Las únicas similitudes que hemos encontrado nos hacen postular que su nombre podría estar compuesto del prefijo τηλε, que significa lejos, lejano o a distancia, y el sustantivo μάχη, lucha o batalla. Los primeros libros de la Odisea, conocidos como “telemaquia”, narran las peripecias del joven que huye de su casa en busca de noticias de su padre y se enfrenta a los pretendientes de Penélope.

Circe (Κίρκη): maga o hechicera, hija del Sol (Helios) y de la oceánide Perseis según unos, y según otros de Hécate, antigua diosa ctónica de la magia y los hechizos. Tía de otra famosa hechicera, Medea. Habita en la isla de Ea, en Italia; con toda seguridad, la península donde se encuentra el monte hoy llamado Circeo. Pudo tener con Ulises un hijo llamado Telégono, que fundaría la ciudad de Túsculo, en Italia. Según otras tradiciones, con Ulises tuvo a Latino, o bien a Romo, Antias y Ardeas (epónimos de las ciudades de Roma, Antio y Árdeas). Todas éstas son tradiciones latinas.
Aunque ignoramos si tiene relación, su nombre se asemeja mucho a kírkoV, circo o espacio circular –también halcón, aunque este animal es denominado así por su vuelo circular–. La única conexión que podemos imaginar es la relación de los círculos o anillos con la magia.

Calipso (Kαλυψσώ): ninfa hija del Sol y Perseis, o según otra tradición de Atlante y Pléyone. Vivía en la isla de Ogigia (con toda probabilidad, la península de Ceuta). Habría tenido de Ulises un hijo, Nausítoo o Nausínoo, aunque otras tradiciones le atribuyen más.
Su nombre significa “la que oculta”. Deriva del verbo griego kαλίπτω, que significa cubrir o envolver.


Polifemo (Πολύφημος): hijo de Poseidón y la ninfa Toosa, es cegado por Ulises como le habían profetizado, provocando la cólera del dios del mar contra el héroe.La etimología de su nombre nos es desconocida; la única similitud encontrada en con el prefijo πολύ, que significa muchos o múltiples, y πήμη, que se traduce como voz, advertencia, fama, reputación o noticia. A este personaje le fue profetizado que sería cegado por Ulises. Su nombre, no obstante, coincide con el de otro personaje menos conocido, un lapita cuyo padre divino sería también Poseidón.Aunque no pertenece a la primera generación de cíclopes (hijos directos de Urano y Gea), por su naturaleza sigue representando fuerzas primigenias y salvajes, ya que es pastor y devora la carne cruda.Podemos añadir que el nombre de “cíclope” deriva de κικλός, círculo o redondo, y σκοπός, observador o espía (el que ve redondo, alusión a su único ojo).

Antínoo y Eurímaco: principales pretendientes de Penélope.
Antínoo (Aντίνooς) es el jefe de los pretendientes. Se caracteriza por su brutalidad y arrogancia. el nombre derivaría del prefijo αντί, contrario a, que se opone, y νoóς o νoύς, inteligencia, espíritu, mente, pensamiento, prudencia o sagacidad, es decir, las cualidades representadas por Atenea y que caracterizan y definen a Ulises, de quien Telémaco –a quien también quiere matar– las habría heredado.
Eurímaco (Eὐρύμαχoς) es otro de los pretendientes más destacados de Penélope. Siente gran vergüenza al no poder tensar el arco. Una vez muerto Antínoo, intenta en vano reconciliarse con Ulises; entonces éste le acomete con la espada y muere de un flechazo. Su nombre parece proceder del adjetivo Eὐρύσ-,ευ, εια, , que significa ancho o vasto, y μαχη, batalla.


Euriclea (Eὐρύκλεια): es la criada fiel que reconoce a Ulises cuando regresa de incógnito, disfrazado de mendigo. Puede que sea arriesgada la etimología que vamos a proponer, pues no hemos encontrado referencias, pero podría relacionarse con dos verbos: εὐρίσκω, hallar, descubrir, y κλείω, cerrar, bloquear. Al fin y al cabo, su papel más destacado es descubrir la identidad bajo la que se oculta Ulises, tras su apariencia de mendigo.

Anticlea (Aντίκλεια): madre de Ulises y esposa de Laertes. Quizá, al igual que el anterior, este nombre tenga alguna relación con el verbo cerrar o bloquear, y el prefijo anti- puede indicar su oposición o resistencia a soportar ese secreto del destino de su hijo. Pero es también una etimología arriesgada.

Melantea (Mελαντεια): es la criada infiel. Su nombre recuerda demasiado a μελας o μελάντερα, negra o más negra.



Algunos tipos de divinidades
menores

Sirenas (Sειρήνες): genios marinos, mitad mujer, mitad aves. Son hijas de la musa Melpómeney el dios-río Aqueloo. En la Odisea son dos, aunque en tradiciones posteriores aparecen en mayor número. Homero las sitúa cerca del golfo de Nápoles, frente a la isla de Sorrento.

Ninfas (Nύμφαι): son “doncellas” de las campiñas, el bosque y las aguas. Representan espíritus de los campos y la naturaleza en general, personificando su gracia y fecundidad. En época homérica se las considera hijas de Zeus. Se trata de divinidades secundarias que habitan en grutas. Reciben diferentes nombres según el lugar que habitan: oréades: de la montaña; náyades: de los ríos; agrónomos: de los campos; melíades: de los fresnos; nereidas: del mar; alseides; de la floresta; hamadríades: de los árboles, epimélides: de las ovejas, etc. Sus amantes suelen ser los espíritus masculinos de la naturaleza, como el dios Pan, o los sátiros, aunque en ocasiones también se unen a dioses o humanos (como Calipso).

Sátiros (Sάτυροι): son divinidades de los bosques y las montañas; manifiestan un primitivo culto a la naturaleza y en Roma se identifican con los faunos. Suelen representarse como mitad hombres, mitad machos cabríos, con larga cola de caballo. Pertenecen al cortejo de Dionisos. Siempre insatisfechos sexualmente, las ninfas y ménades huyen de ellos
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miércoles, 28 de octubre de 2009

Razón teórica y razón práctica

Aquí está por fin el tema de la racionalidad. Si hay dudas sobre cualquiera de los aspectos o sus relaciones, aparte de preguntar en clase, podéis poner vuestras dudas en comentario.

domingo, 25 de octubre de 2009

Motores de la conducta humana. 2: valores y normas

LOS VALORES Y LAS NORMAS


............En la balanza de la conducta humana, habíamos clasificado los motores en dos platillos representando dos tendencias contrapuestas. Uno de los platillos correspondía a los motores “egoístas”, en el sentido de que se centran en la complacencia y supervivencia del agente individual. En el otro lado, colocábamos un platillo con los motores que trascienden las necesidades inmediatas del yo, lo contextual, y que serían aquellas tendentes a encontrar una quizá una estabilidad de criterio, unas pautas fijas de conducta: en definitiva, unas constantes. Pero estas “constantes” no vienen dadas: en su mayoría se van formando y se desarrollan a lo largo del proceso de socialización, por lo que son fuertemente influidas por la sociedad en que educamos. Aquí situábamos los valores.

LOS VALORES
Definición de “valor”
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......Un valor es todo lo que se considera deseable por sí mismo, y no por razón de otra cosa. Por ejemplo, deseamos un empleo porque necesitamos ganar un sueldo; deseamos tener tiempo y condiciones para estudiar porque deseamos aprobar unos exámenes, y esto a su vez porque deseamos una formación o una cualificación; deseamos un coche porque necesitamos desplazarnos (o nos apetece desplazarnos con comodidad, o deseamos exhibir un estatus social…).
........Hay muchas cosas que deseamos no en sí mismas, sino en virtud de lo que nos reportan, y no siempre somos conscientes de qué queremos realmente. Esto es importante a la hora de elegir; siempre que se puede, conviene analizar qué buscamos realmente en algo que “deseamos". Por ejemplo, nuestra propia vocación: a la hora de elegir una carrera, una profesión o, simplemente, un estilo de vida, nos jugamos la felicidad que esperamos encontrar en ello si confundimos lo que “creemos” que queremos con lo que queremos realmente: seguridad, valoración externa, riqueza…
.........Pero la cosa se complica más, porque hay distintos tipos de valores, y a veces hay que discriminar unos para alcanzar otros. Podemos hablar de valores sociales (cada sociedad valora un cierto tipo de conductas y premia o castiga según esos parámetros; la aceptación social es importante para sobrevivir); valores estéticos (la belleza: entre dos objetos igualmente funcionales preferiremos el más hermoso); corporales (salud, placer, fuerza, agilidad…); valores económicos (entre dos objetos iguales preferimos el que resulta más rentable o más barato…)… Y existen también otro tipo de valores, a los que más nos referimos cuando utilizamos este término: los valores morales.

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Un valor moral sería aquello que se considera deseable por sí mismo con respecto a los conceptos del bien y el mal, lo justo y lo injusto.
Sistema de valores
...........Hemos visto que hay distintos tipos de valores, algunos de los cuales –según la propia personalidad o el momento de la elección− tendemos a preferir sobre otros. En la medida en que seamos más conscientes de nuestras preferencias, podremos elegir mejor y nos arrepentiremos menos de lo que tengamos que sacrificar en esa elección.
Un sistema de valores es un conjunto de valores jerarquizado que forma el patrimonio moral de una persona o grupo social.


..........Según quién entendamos como sujeto del sistema de valores (un individuo o una sociedad) y según atendamos a la naturaleza misma de los valores, podemos distinguir tres tipos, o si se prefiere plantearlos desde tres dimensiones distintas:

· Sistema de valores social: cada sociedad posee su propio sistema de valores. En la Edad Media, por ejemplo, predominaba el ideal de caballero; en el Renacimiento el hombre desarrollado en su integridad intelectual; el héroe homérico destacaba el honor y el reconocimiento, mientras que Aristóteles nos presenta un ideal de ciudadano más acorde con sus tiempos… Podríamos añadir las diferencias de valores entre la actual cultura occidental y las culturas orientales: el individualismo radical o la sumisión al grupo, el papel de la mujer, el concepto de libertad… Un sistema de valores social varía según las culturas, en el espacio y el tiempo.

· Sistema de valores universal: serían los valores en sí, objetivos, verdaderos y absolutos, al margen de que los conozcamos y/o reconozcamos. Tendemos a creer en su existencia en la medida en que el juicio moral en sí, como vimos, se caracteriza por ser universal (nadie debería / todos deberían…) y porque existen cierto tipo de valores coincidentes en todas las culturas. Las teorías éticas que niegan su existencia son los relativismos morales.

· Sistema de valores individual: según la sociedad en que nos educamos y según nuestra propia racionalidad, vamos configurando un sistema de valores propio. El sistema de valores individual es lo que el individuo asimila según su conciencia y educación.

Los distintos valores guían nuestra conducta y dan forma a nuestros deseos; pero a menudo pueden entrar en conflicto entre sí: querer fumar o comer mucho y querer estar sano (placer vs. salud); desear ser bueno y no tener que sacrificar los propios intereses...(conciencia vs. bienestar)…. De ahí que sea necesario reflexionar sobre los propios valores, su origen y naturaleza (individual o social, moral o de otra índole...) para establecer una adecuada jerarquía de valores. Éste es el punto de partida del hedonismo racional de Epicuro.

LAS NORMAS

........Una norma es una pauta de conducta que se considera adecuada y se impone seguir.

........Las normas son necesarias para la convivencia. Algunas de ellas pueden ser convencionales (frenar con el semáforo en rojo y seguir en verde), pero deben ser respetadas porque responden a un acuerdo común para convivir. Otras son más obvias en sí mismas (no matar, respetar la propiedad ajena, pagar impuestos…). La ley –si no está supeditada a meros intereses de poder− intenta regular la convivencia dictando este tipo de pautas que se impone seguir y penalizando a quienes las incumplen.
........Pero a veces la imposición no nos viene dictada desde el exterior, sino desde la propia conciencia. Entonces nos encontramos ante una norma moral: es aquella imposición que nos viene dictada desde dentro, impuesta por un criterio moral, y cuyo incumplimiento nos genera remordimientos. De aquellos que privilegian estas normas sobre cualquier otra se dice que poseen autonomía moral; si se actúa por mera obediencia o valoración externa se es heterónomo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Lección de arte

He aquí un breve pero ameno recorrido por la historia del arte. Como verán los entendidos en la materia, no carece de una buena capacidad de síntesis veraz, lo cual no impide ir acompañada de una personal valoración que no debe pasarse por alto. Ahí les dejo con


EL ARTE, ESE MUNDO DE SINVERGÜENZAS


lunes, 19 de octubre de 2009

Los motores de la conducta humana. 1.

LOS MOTORES DE LA ACCIÓN HUMANA







............Toda acción responde a una motivación, es decir, actuamos por algo de lo que podemos ser conscientes o no. Pero normalmente, en cada acción, son muchos los motores que van a configurar una conducta u otra. Teniendo en cuenta que somos seres vivos, que como tales, en la escala evolutiva, somos muy complejos, y que además nos vamos formando con el tiempo, ampliando y modificando nuestros esquemas cognitivos y nuestro desarrollo emocional, determinar qué nos impulsa a obrar de un modo u otro es algo tremendamente complejo.
..........A lo largo de la historia el ser humano ha intentado indagar en qué consiste el arte de saber vivir. Es algo muy indicativo de hasta qué punto no sabemos cuál es la meta de nuestras acciones, especialmente si hablamos de nuestros proyectos vitales, más allá de una acción momentánea. La acción de cada individuo puede definirse por su búsqueda de un estado perfecto: la felicidad. La acción del individuo en cuanto social, es decir, en cuanto inserto en un proyecto de grupo, puede enfocarse hacia la búsqueda de un estado perfecto de la humanidad en su conjunto.
.........Vamos a clasificar en dos grupos esos motores: los factores que se enfocan a los intereses del individuo y los que se refieren a otras instancias externas que tienen en cuenta el bienestar de la sociedad y los principios morales (recordemos que son aquellos que el individuo tiende a plantear como universales -no sólo yo, sino nadie debería o deberían todos...- y desinteresados -salga ganando y perdiendo yo en ello-. A estos dos grupos añadiremos las facultades que hacen variar el peso de la balanza de nuestra elección.

1. Impulsos, deseos y sentimientos

Comencemos por definir los factores que se refieren estrictamente a la naturaleza del individuo y su tendencia al bienestar. En realidad, los conceptos que utilizamos son sólo herramientas para habérnoslas con nuestra propia conducta, siendo así que en ocasiones puede ser difícil precisar de qué estamos hablando. Pero esta clasificación nos acercará a la posibilidad de hacer un análisis de factores.

Impulsos: el impulso podría definirse como una urgencia o tensión psicológica involuntaria, que nos empuja a realizar una acción elemental. Podemos limitarlos a aquellos motores de la acción que responden a necesidades inmediatas del organismo (hambre, sed, huída del dolor...), aunque también hay otros más complejos (correr cuando se nos escapa el autobús…). Dado que son una tendencia simple e inmediata a la acción, son difícilmente controlables, aunque no imposibles.
Deseos: podríamos definir el deseo como todo aquello que nos produce una atracción emocional. En este sentido, se distinguiría del impulso en la inmediatez de aquél respecto a la acción. En cierto modo, el impulso podría definirse como un “deseo elemental”. Pero el deseo abarca atracciones más complejas, que pueden ser manipuladas y generadas; en ellos intervienen intereses, creencias, expectativas... Si tengo hambre, obviamente deseo comer; pero también puedo desear comer algo por puro placer, y a la vez desear estar sano o conservar la línea (lo cual limita mi dieta). La diferencia fundamental de los deseos con respecto a los impulsos es que forman una red más compleja susceptible de ser moldeada por el entorno social: deseamos algo porque lo tiene todo el mundo, deseamos dar buena imagen y tenerla de nosotros mismos, deseamos algo porque es valorado por nuestro entorno… De ello da buena cuenta la publicidad. Ésta a menudo utiliza pulsiones básicas (el placer de los sentidos, la atracción erótica…) para vendernos productos que se asocian de forma inconsciente y pasiva a ellos.
Sentimientos: son uno de los motores de la acción más potentes, pero también más difíciles de definir. En principio, se engloba dentro de este término todos los que derivan del verbo “sentir”, y por tanto puede tener tantas acepciones como las derivadas de esta acción. Según las culturas y los idiomas, abarcarían factores tan diversos como sentidos, emociones y pasiones. Vamos a intentar perfilar mejor su campo semántico.

Sentidos: en sentido estricto, los sentidos son los datos empíricos que mi propio cuerpo me ofrece sobre el mundo físico. Podemos, pues, sin más diferenciarlos de los sentimientos y eliminar de este concepto tan amplio este tipo de información empírica, de modo que nos limitemos a relacionar los sentimientos con ciertos estados anímicos. Pero dentro de estos estados, aún se englobarían aquí otros conceptos, como emociones y pasiones.

Emociones: claramente son estados del alma, pero podemos precisar que son más intensas e inmediatas que lo que solemos entender por sentimientos. Respecto a su origen y naturaleza, existen varias posturas. Por un lado, algunos autores las consideran totalmente fisiológicas. En esta postura nos encontramos a Damasio, para quien un estímulo desencadena una emoción y ésta, mediante mecanismos complejos, un sentimiento. El sentimiento sería, pues, la suma de la reacción generada en el cuerpo por el estímulo, y las ideas que van asociadas a esa reacción (como vemos, para Damasio lo anímico es un epifenómeno de lo orgánico). En el otro extremo nos encontramos con Descartes, quien distingue entre dos sustancias irreductibles: la res cogitans (lo mental, el alma) y la res extensa (lo material, el cuerpo). Para Descartes, todo contenido mental, desde los impulsos a los sentimientos, pasando por todo tipo de creencias, forma parte de la res cogitans.

Pasiones: las pasiones son tendencias involuntarias del alma que “padecemos” (de ahí su nombre). Como ejemplo, sirva citar los catalogados tradicionalmente por la Iglesia como los “siete pecados capitales”. Tenerlas sería inevitable: controlarlas no. Serían algo así como una “tentación”, teniendo en este sentido cada cual sus propias debilidades: podemos tender a ser perezosos, libidinosos, arrogantes… Aunque, para no limitarnos a la cultura cristiana occidental, podríamos plantearnos también como pasiones o tendencias involuntarias otras contempladas por los clásicos como Aristóteles, como la cobardía, la temeridad, la prodigalidad, el servilismo… Incluso en algunas épocas han sido exaltadas, como por ejemplo durante el Romanticismo.

...........¿Debemos excluir estas definiciones de los sentimientos, o considerarlas partes de una clasificación más somera de los mismos? ¿No abarcan éstos un campo más amplio que lo hasta aquí expuesto? Los sentimientos parecen referirse a estados más constantes: podemos, por ejemplo, sentir amor o simpatía hacia otros, algo que no encaja del todo en las anteriores definiciones.
..........Junto con esto aún hay otras cuestiones que se han planteado a lo largo de la historia sobre la naturaleza de los sentimientos: ¿hasta qué punto son intencionales? o ¿Cómo se relacionan con la razón? Algunas teorías los enfrentan a ésta o los consideran inferiores; otras, los conciben como forma de conocimiento primario e inmediato, incluso superior a la razón (Rousseau) e incluso se habla de “sentimiento moral” (Hutcheson y otros). Durante la época romántica se consideró como intuición de la realidad última o única facultad capaz de expresar esa realidad.
.........Hemos visto autores, como Damasio, que los reducen a la esfera orgánica y los explica como sensaciones complejas, mientras que otros abogan por su independenciaAlgunos defienden que los sentimientos son actividades intencionales (Brentano), mientras que otros, como Hamilton, niegan este carácter intencional.
Reconociendo la intencionalidad de la vida emocional, Scheler establece una serie de distinciones que van desde los sentimientos que parecen más vinculados a los estados afectivos hasta aquellos que poseen un carácter terminantemente intencional. Así puede hablarse de: 1) los sentimientos sensibles o de la sensación, localizados o extendidos en partes determinadas del cuerpo (p. e. el dolor, los placeres, el hormigueo o las cosquillas); este sentimiento sensible es exclusivamente actual y no intencional. La atención parece destacarlos, a diferencia de los de orden superior, que se desvanecen. Pueden provocarse, mientras que lo espiritual no puede variar con el simple querer o no querer. 2) Los sentimientos vitales, tales como el bienestar y el malestar, sensación de salud o enfermedad, de desarrollo o fracaso, la calma o la tensión, la angustia, pertenecen al organismo entero pero no poseen una localización concreta y su intencionalidad es superior a las de los sentidos sensibles –casi inexistentes en éstos–. En ellos hay continuidad y duración. 3) Los sentimientos anímicos pertenecen al yo: tristeza y alegría, melancolía, júbilo, son intencionales e independientes de la provocación y la voluntad, aunque no absolutamente. Su motivación es casi completa y no puede ser interrumpida fácilmente. 4) Los sentimientos espirituales son puras funciones; esa función se confunde con el núcleo de la persona misma, no estando subordinados en absoluto a los contenidos peculiares de las vivencias. Son los sentimientos de orden religioso y metafísico: beatitud, desesperación, remordimiento, paz y serenidad de alma, etc.

sábado, 10 de octubre de 2009

Filosofía y otras formas de saber

Última parte del tema Filosofía, ciencia y otras formas de saber. Dado que el ser humano filosofa sobre todas las cosas (esto es, busca el sentido de todo), también reflexiona sobre otras formas de entender y adquirir algún tipo de conocimiento o creencias.